Estudio marsopa común cautividad permitirá evitar muerte en redes
Un centro de investigación en Dinamarca estudia dos ejemplares de marsopa común (Phocoena phocoena) en cautividad para desarrollar métodos que eviten que cientos de miles de éstos y otros cetáceos mueran cada año atrapados en redes en alta mar.
Kerteminde (Dinamarca).--- Un centro de investigación en Dinamarca estudia dos ejemplares de marsopa común (Phocoena phocoena) en cautividad para desarrollar métodos que eviten que cientos de miles de éstos y otros cetáceos mueran cada año atrapados en redes en alta mar.Freja (hembra) y Eigil (macho) fueron rescatados de una de esas redes por un pescador en 1997, y desde entonces atraen cada año a miles de visitantes en el Centro Fjord & Baelt de la pequeña ciudad de Kerteminde, en la "piscina" natural de un fiordo que comparten con varios ejemplares de león marino.Sólo en las aguas danesas del Mar del Norte, alrededor de 4.000 ejemplares de estos mamíferos marinos perecen cada año en esas redes, pues se quedan enganchados en ellas -a veces varios días- y se ahogan al no poder salir a la superficie a por aire.A pesar de lo común de la especie, se sabe muy poco sobre el metabolismo, fisiología y comportamiento de estos animales de apenas dos metros de longitud, y cuanto más descubran los biólogos de Kerteminde, más fácil será desarrollar métodos para evitar que se enganchen en las redes.Definir áreas protegidas temporales, hacer "visibles" las redes y mejorar los dispositivos de emisiones acústicas que ya existen para evitar que los cetáceos se acerquen a ellas son algunas de las soluciones que propone el biólogo danés Jakob Kristensen, uno de los cuidadores de Freja y Eigil."Se sabe que esos aparatos funcionan, pero son muy caros y, además, hoy por hoy no se puede cuantificar qué efectos concretos tienen sobre los cetáceos", explica Kristensen, convencido de que conocer mejor los complejos sistemas de comunicación de estos animales permitirá perfeccionar esos generadores de sonido.Sin embargo -precisa ese biólogo-, las mayores dificultades de los experimentos que se llevan a cabo en el fiordo de Kerteminde son su extrapolación al medio salvaje y determinar qué tipos de sonidos podrían actuar como alarma para todas las especies de cetáceos y qué aparatos serían los más efectivos, duraderos y baratos.La "caza accidental" de ballenas y delfines, como se llama a esas pequeñas tragedias que cuestan la vida cada año a cientos de miles de cetáceos en redes de todo el mundo, será uno de los asuntos principales de la reunión de la Comisión Internacional de la Caza de Ballenas (IWC, en inglés) entre los próximos días 16 y 19 en Berlín.El ecologista Volker Homes, que formará parte de la delegación alemana del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, en inglés) en esa reunión, define como "claramente crítica" la situación actual de las poblaciones de esta especie en el Mar del Norte.Pero, en general, la "caza incidental" es un problema mucho mayor que también afecta a especies protegidas y que "durante muchos años se ha venido subestimando", señala Homes.La llamada ballena-cerdo -textos antiguos aclaran que se llama así por el parecido de sus ojos y lengua con los del marrano- es también una de las especies autóctonas protegidas del Parque Nacional de las Aguas Bajas de Schleswig-Holstein (Alemania), al suroeste de la península de Jutlandia, y en el vecino de las islas de Sylt y Amrum.El centro de información del primero de ellos, en la localidad de Toenning, cuenta en su exposición sobre la vida subacuática con un esqueleto de cachalote de 17,5 metros, una de cuyas mitades longitudinales está recubierta por una reproducción del aspecto externo del animal que lo convierte en un objeto impresionante.Los pasajeros de los transbordadores que unen la isla alemana de Sylt con la danesa de Romo sólo necesitan aguzar un poco la vista para contemplar ejemplares de la gran población de esos animales en esa área, que emergen cada dos o tres minutos para respirar, además de otros mamíferos acuáticos como los leones marinos.Todos estos centros de Dinamarca y el norte de Alemania comparten el objetivo de mostrar a sus visitantes algo que la mayoría ignora: que en el Mar del Norte, muy cerca de la costa, también hay ballenas, y que a pesar de su gran número están amenazadas a medio y largo plazo por las redes y la caza incontrolada.




