Lula electo presidente de Brasil con votación récord
El ex obrero metalúrgico Luiz Inácio Lula da Silva fue electo presidente de Brasil con una aplastante victoria en las urnas, según un avanzado y ya irreversible escrutinio oficial parcial, que marcó un histórico giro a la izquierda del electorado del país.
BRASILIA .--- El ex obrero metalúrgico Luiz Inácio Lula da Silva fue electo presidente de Brasil con una aplastante victoria en las urnas, según un avanzado y ya irreversible escrutinio oficial parcial, que marcó un histórico giro a la izquierda del electorado del país.El líder del Partido de los Trabajadores (PT) obtenía un 61,2 por ciento de los votos válidos y el oficialista José Serra 38,8, cuando se habían escrutado más del 82 por ciento de los votos, dijo el Tribunal Superior Electoral (TSE).Con esas cifras, los votos por escrutar resultaban insuficientes para revertir la victoria del ex líder sindical, que la recibió como un regalo al cumplir el domingo 57 años.El triunfo de Lula provocó una explosión de festejos de sus simpatizantes en todo Brasil, donde miles de partidarios del PT se lanzaron a las calles celebrando la victoria más contundente obtenido por un candidato en la historia republicana de Brasil.Lula había fracasado tres veces en llegar a la presidencia, al ser derrotado en las elecciones de 1989 por Fernando Collor de Mello, y en 1994 y 1998 por el saliente presidente Fernando Henrique Cardoso.Pero en su cuarto intento logró convertirse en el primer obrero en ganar la presidencia del país más grande y poblado de América Latina, luego de haber moderado sus posturas socialistas del pasado.Además de presidente y vice, los brasileños eligieron gobernadores en 13 de los 26 estados del país y el Distrito Federal, donde, como en caso de presidente, no hubo un ganador definitivo en la primera vuelta del 6 de octubre.En las elecciones regionales el PT no cosechó el mismo éxito que en la votación nacional. La agrupación de izquierda perdió la disputa por la gobernación de Sao Paulo, el estado más poblado y rico del país, y de Río Grande do Sul, el quinto mayor colegio electoral de Brasil, que gobernaba desde 1998.Paradójicamente, Lula ganó la votación para presidente en todos los estados, menos uno, y en el Distrito Federal.Para alcanzar la presidencia, Lula moderó durante la campaña electoral su discurso socialista del pasado, y prometió mantener la disciplina fiscal y honrar los compromisos asumidos por el saliente presidente Fernando Henrique Cardoso, incluso con el Fondo Monetario Internacional (FMI).La poderosa Federación Brasileña de Bancos (Febraban) fue una de las primeras entidades en felicitar a Lula por su victoria, asegurando que su mayor desafío será conducir la frágil economía del país hacia un sendero de crecimiento con justicia social sin comprometer la estabilidad de la moneda.El diputado y presidente del PT, José Dirceu, dijo por su lado que Lula recibió con una gran emoción el veredicto de las urnas y que ahora se abría el tiempo de comenzar a trabajar por la transición y preparar el gobierno. LULA VOTO YA EUFORICOUn ya eufórico Lula votó en un colegio de una zona industrial de Sao Paulo, en el marco de una jornada pacífica pese a que el Ejército debió desplegar tropas en algunos de los 26 estados del país y en el Distrito Federal para garantizar el derecho al voto y prevenir disturbios."Este es el momento más feliz de mi vida", dijo Lula en la ciudad industrial de Sao Bernardo do Campo, en la periferia de Sao Paulo y su cuna política.Serra, por su lado, votó minutos antes en una elegante zona de Sao Paulo, donde mantuvo su empecinada resistencia a ceder a la evidencia de su derrota, pronosticada en todos los sondeos. DURO PANORAMA PARA NUEVO PRESIDENTEEl presidente electo, que asumirá el 1 de enero, enfrentará una dura situación social en un país de 170 millones de habitantes, de los que al menos 50 millones son pobres, y que tiene la cuarta peor distribución del ingreso en el mundo.Además deberá hacer frente a pesadas obligaciones financieras en medio de una difícil coyuntura internacional. Ciro Gomes, candidato derrotado en la primera vuelta y que apoyó a Lula en la segunda, dijo que el candidato izquierdista recibirá "una herencia macabra".Con ocho millones de desempleados, un enorme déficit en la caja de pensiones del Estado y elevados índices de ciminalidad en sus principales centros urbanos, Brasil afronta serios problemas en su economía, debilitada en los últimos meses por una incertidumbre derivada del proceso electoral.El ansia de cambios mostrada por los brasileños por esa situación fue capitalizada por Lula, quien moderó sus posiciones y se alió con un partido de centroderecha, que colocó como virtual vicepresidente electo al empresario textil José Alencar.En cambio Serra, apoyado por Cardoso y sus aliados, fue identificado con las políticas liberales que una mayoría quiere cambiar.Más de 115 millones de brasileños estuvieron habilitados para emitir su voto, obligatorio para los mayores de 18 años y optativo desde los 16.La normalidad de la jornada cívica se evidenció en las playas de la elegante y turística zona sur de Río de Janeiro, la ciudad más emblemática de Brasil, atestadas de bañistas, mientras en las calles la mayoría de las personas vestían al menos una prenda de color rojo con el que se identifica al PT, mostrando su preferencia por Lula.A comienzos de los años ´80, cuando todavía era un joven y explosivo líder sindical, Luiz Inácio Lula da Silva ya mostraba un pragmatismo que muchos de sus críticos ven hoy como una traición a sus ideales socialistas del pasado."¿Es usted comunista, socialista, o qué?", le preguntó una vez un adversario político al ex obrero metalúrgico."No, soy tornero mecánico", respondió Lula, evitando tajante encasillarse en definiciones ideológicas.Más de 20 años después de haber fundado el Partido de los Trabajadores (PT) y enfrentar a la dictadura que gobernó a Brasil hasta 1985, que llegó a encarcelarlo, Lula alcanzó la presidencia con la mayor votación en la historia del país.El ex obrero metalúrgico ganó la segunda ronda de la elección presidencial del domingo con un 61 por ciento de los votos válidos, contra un 39 de su rival oficialista, José Serra, según un avanzado y ya irreversible escrutinio oficial.El tiempo no sólo ha encanecido la barba de Lula: el ex sindicalista revirtió muchas de sus posiciones radicales del pasado y se alió con un partido de centro-derecha, para poder tener éxito en su cuarto intento de alcanzar la presidencia. Sus derrotas en 1989, 1994 y 1998 dejaron también su marca en la elección de su compañero a la vicepresidencia, que recayó en el empresario textil José Alencar, a quien décadas atrás habría enfrentado liderando marchas sindicales. Sin embargo, Lula, hijo de madre y padre analfabetos, no ha renegado de sus orígenes humildes que lo convirtieron en símbolo de los trabajadores de Brasil, un país de 170 millones de habitantes con al menos 50 millones de pobres y que tiene la cuarta peor distribución del ingreso del mundo."La victoria de los Silva (un apellido común en el país) creará un proceso semejante al que ocurrió en Sudáfrica, donde la mayoría de la población es negra y eligió a (Nelson) Mandela", dijo Lula durante la campaña.Lula recorrió el mismo camino que miles de compatriotas pobres, emigrando de pequeño desde el estado de Pernambuco, en el miserable noreste del país, hacia la periferia de Sao Paulo, capital económica de Brasil.Ese viaje es hecho cada año por miles de brasileños, que intentan dejar la pobre y seca región para conseguir un empleo en los grandes centros urbanos.Lula no logró terminar la escuela primaria y se convirtió en tornero mecánico, y hasta perdió parte de su dedo meñique izquierdo en un accidente de trabajo.A los 57 años, tendrá que dirigir la mayor economía latinoamericana, tras ganar la presidencia con la votación más numerosa en la historia republicana de Brasil. "PAZ Y AMOR"Lejos de las posturas radicalizadas que caracterizaron al PT en el pasado, Lula se comprometió a mantener la disciplina fiscal y la inflación bajo control. En la campaña electoral, cada una de sus señales estuvo dirigida a seducir a la parte del electorado que siempre lo rechazó.Además, eludió cualquier vínculo con la controvertida gestión del presidente Hugo Chávez en Venezuela, con la que su rival en la contienda electoral lo comparó."Lulinha no quiere pelea, Lulinha quiere paz e amor", repitió sobre sí mismo en una frase con la que resumió su metamorfosis. Ese cambio le valió el apoyo de figuras de la tradicionalmente conservadora elite empresarial y política del país, que lo ven como el indicado para enfrentar los desafíos de recuperar la economía brasileña y reducir el creciente desempleo en el país."Lula es el más capacitado para unificar a empresarios, obreros y clase media", dijo Eugenio Staub, presidente de Gradiente, el mayor consorcio electrónico de Brasil.El cambio de Lula, sin embargo, no ha agradado al sector de los llamados radicales del PT, que pueden convertirse en una piedra en el zapato en su gobierno y han dejado abierta la posibilidad de provocar una ruptura en el partido.Entre sus grandes desafíos también está el de reemplazar en la presidencia a Fernando Henrique Cardoso, un sociólogo cargado de pergaminos académicos y prestigio internacional que gobierna Brasil desde 1995, cuando inició el primero de sus dos mandatos consecutivos.El profundo contraste entre Lula y Cardoso es, sin embargo, uno más entre las disparidades que caracterizan a Brasil, donde junto a la pobreza y la desigualdad de un país del Tercer Mundo convive un fuerte desarrollo tecnológico e industrial."He madurado", repite Lula cuando le preguntan sobre sus cambios.Lula no habla idiomas extranjeros y nunca fue a la universidad. Fue diputado pero jamás ocupó un cargo público ejecutivo, lo que trató de explotar infructuosamente Serra, quien fue ministro de Planeamiento y de Salud de Cardoso.El "nuevo" Lula tendrá ahora por delante una tarea mucho más ardua que el camino en busca de la presidencia de Brasil.Es que al llegar el 1 de enero al Palacio del Planalto, la sede del gobierno en Brasilia, deberá mostrar rapidamente que es capaz de responder a las urgentes demandas de millones de brasileños que, como él mismo alguna vez, sufren la falta de trabajo y condiciones penosas de vida.



