China se confirma como el mayor importador de armamento del mundo
Ni el secretismo que caracteriza al régimen comunista ni la socorrida confidencialidad a la que aluden los fabricantes de armas han podido evitar la confirmación de lo que muchos ya sospechaban, que China es en la actualidad el mayor importador de armamento del mundo.
PEKIN.--- Ni el secretismo que caracteriza al régimen comunista ni la socorrida confidencialidad a la que aluden los fabricantes de armas han podido evitar la confirmación de lo que muchos ya sospechaban, que China es en la actualidad el mayor importador de armamento del mundo.Las cifras del año 2000, unos 40.000 millones de dólares, no sólo duplican al segundo en la lista, sino que han desatado contradictorias reacciones de júbilo o de inquietud, según se trate de sus suministradores, en especial Rusia e Israel, o de sus potenciales enemigos, Estados Unidos y Taiwán.Según el último número de la prestigiosa revista "Far Eastern Economic Review", si al presupuesto de defensa del gobierno chino para este año, anunciado el pasado marzo (17.200 millones de dólares) le añadimos las adquisiciones en tecnología militar y armas, el gasto anual se dispararía a más de 60.000 millones de dólares.Los principales beneficiarios de esta "fiebre compradora" son Rusia e Israel, que han hecho su particular agosto durante los últimos años, especialmente desde que Occidente impuso a China un embargo de armas como represalia por la matanza de Tiananmen en 1989.El caso de la industria rusa de armamento es paradigmático, ya que depende para su supervivencia de los encargos de países como China, que adquirió recientemente al vecino del norte varios cazas Su-27 y Su-30, y submarinos convencionales de la clase-Kilo.La Agencia de Noticias Interfax, vinculada al ejército ruso, desveló el pasado 4 de enero la firma de un contrato por valor de 1.000 millones de dólares para la adquisición de dos destructores último modelo que deberían ser entregados en 2006.En el caso de Israel, su reciente acercamiento a China se ha encontrado con la firme oposición de su aliado norteamericano, que incluso obligó a Tel Aviv a anular la venta de cinco aviones de fabricación rusa equipados con radares Phalcon, de gran utilidad en una hipotética guerra en el estrecho de Taiwán.Con todo, fuentes del departamento de estado norteamericano tienen fuertes sospechas de que Israel ya ha facilitado a Pekín la tecnología estadounidense del sistema Patriot, de los misiles de superficie y de los sistemas de radar.A pesar de las apariencias, algunos analistas aseguran que lo que Pekín realmente desea es reducir a medio plazo esta dependencia del exterior, de ahí esta fiebre importadora y el incremento de la inversión en investigación militar, ya que le permitirían crear en el futuro su propia industria de armamento.Esta política dejaría al Ejército Popular de Liberación en una mucho más respetable situación: con cazas y aviones rusos, equipados con tecnología israelí y radares británicos; barcos de guerra y submarinos rusos, acompañados de naves de fabricación propia con motores estadounidenses y ucranianos, torpedos italianos y helicópteros franceses.No faltan los especialistas que advierten que esta carrera armamentista en la que se ha sumido Pekín presenta varias incógnitas, entre las que la más difícil de discernir es el mantenimiento del armamento adquirido, que exige una asistencia logística, un entrenamiento y una inversión que pueden llegar a ser desorbitadas.China, aseguran, podría caer en el mismo error que la Unión Soviética, creerse en exceso su papel de potencia emergente, excederse en el gasto y encontrarse en un callejón sin salida en lo que se refiere a la viabilidad financiera de un ejército sobredimensionado.Con todo, no todos son puertas abiertas y cheques en blanco para China, pues Taiwán sigue muy de cerca cualquier decisión de Pekín y no está dispuesto a abandonar su política de paridad militar con su enemigo continental.Estados Unidos se comprometió el año pasado a facilitar a Taiwán ocho submarinos por valor de más de 4.000 millones de dólares, el mayor paquete en décadas, aunque este acuerdo aún está en el aire debido a la presión de Pekín, que ha amenazado con "consecuencias irreparables para las relaciones bilaterales".Moscú tampoco ha querido enseñar todas sus cartas y se negó a vender a Pekín el bombardero supersónico de largo alcance Tu-22M "Backfire" y el caza Su-35, ante la incertidumbre de que el vecino oriental pueda albergar ansias hegemónicas inconfesables.Ante estas suspicacias, el gobierno chino insiste en que la llamada "amenaza china" es una pura "invención occidental", precisa que su presupuesto de defensa es un 5 por ciento el de Estados Unidos y asegura que su política militar es puramente defensiva y con un único objetivo declarado: la reunificación con la provincia rebelde, Taiwán.Los analistas taiwaneses puntualizan que Pekín no desea seguir la senda de la Unión Soviética, sino que su intención es acumular el poder militar suficiente para que Washington se lo piense dos veces antes de entrometerse en el estrecho de Taiwán.Un factor que tampoco se debería obviar es la importancia social del Ejército popular, destino de muchos jóvenes del campo chino, y de la ingente labor que realiza en desastres naturales y mantenimiento del orden social, en un país con 18.000 kilómetros de costa y 22.000 kilómetros de frontera compartida con 15 países.Para el Ejército, el objetivo es 2010, fecha para la que espera disponer de un ejército profesional de no más de 1.700.000 soldados, bien entrenados y equipados con la tecnología más avanzada, de forma que, como dijo Deng Xiao-Ping, "no tengamos que bajar nunca la cerviz ante nadie".




