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La soledad de los porteros no encuentra consuelo

La soledad del portero de fútbol bajo los tres palos le convierte en foco de atención, no sólo para los delanteros rivales, sino para las miradas de miles de aficionados dispuestos a examinar cada uno de sus movimientos que pueden decidir la suerte de un partido.

MADRID.--- La soledad del portero de fútbol bajo los tres palos le convierte en foco de atención, no sólo para los delanteros rivales, sino para las miradas de miles de aficionados dispuestos a examinar cada uno de sus movimientos que pueden decidir la suerte de un partido.
Los guardametas, auténticos especialistas en sus respectivos equipos, se convierten, así, en protagonistas principales de películas del estilo de "Sólo ante el peligro", en un reparto en el que no existen amigos ni siquiera entre sus propios compañeros.
Toni Jiménez, portero del Atlético de Madrid, ha sido el último en comprobar la ingratitud de un puesto capaz de destrozar la carrera de un deportista.
Ante el Murcia, Toni disputaba su segundo encuentro como titular esta temporada ante la ausencia, con su selección, del argentino Germán "Mono" Burgos, y quizás sea el último.
El Atlético perdió por 3-1 y en dos de los goles su actuación fue muy criticada. En el segundo tanto murciano no coordinó bien su salto y, en el tercero, un balón bombeado que se iba fuera, lo introdujo en su propia portería tras retroceder sobre sus pasos al intentar despejar de puños.
Hace 10 temporadas, una acción parecida de Paco Buyo, tras una cesión de Manolo Sanchis, provocó el gol de Pier Luigi Cherubino que significó la victoria del Tenerife por 3-2 y la segunda Liga perdida por el Real Madrid, de manera consecutiva, en el último partido.
La desgraciada historia de Toni en el Atlético de Madrid tiene antecedentes que han lacrado la carrera de un profesional que tocó la gloria en 1992 al lograr el oro olímpico en Barcelona en el mayor éxito internacional de la selección española.
Su trayectoria en el Espanyol le llevó a fichar por el Atlético de Madrid hace tres temporadas y, precisamente, ante su ex equipo, fue testigo involuntario de otra desafortunada acción.
La final de Copa del Rey, disputada el 27 de mayo de 2000, le marcó para siempre. Su entonces "amigo" Raúl Tamudo le arrebató, con la cabeza, un balón que estaba en su poder cuando sólo se llevaban dos minutos de juego logrando el primer gol que fue crucial.
El Espanyol logró la Copa en el año de su Centenario por 2-1 y Toni abandonó el estadio de Mestalla envuelto en lágrimas y pidiendo perdón a la afición.
Desde entonces su carrera en el Atlético ha estado maldita y su futuro parece, definitivamente, lejos del Vicente Calderón, su estadio.
Pero los errores de Toni no han sido los únicos en una jornada, la del domingo, que no fue demasiado propicia para una gran parte de los guardametas de Primera División.
Iker Casillas, al que se le sigue reprochando su falta de eficacia en los balones altos, fue testigo de un golazo de Roberto "Toro" Acuña que significó la derrota de su equipo.
El disparo del paraguayo, desde más de 40 metros, se colocó por encima del guardameta del Real Madrid. Las crónicas, que siempre suelen cebarse en los porteros en estos casos, hablan de un Casillas adelantado cuando su distancia de la línea de gol era menos de un metro.
Otro cancerbero salido de la cantera madridista, Pedro Contreras también fue triste protagonista. Su equipo, el Málaga, cayó por 3-0 ante el Rayo Vallecano y, en el primer tanto, un centro envenenado de Moisés Arteaga, lo introdujo en su propia meta al intentar despejar.
En el Celta, José Manuel Pinto no olvidará fácilmente los últimos siete minutos de su encuentro ante el Athletic de Bilbao. Tras ir en ventaja por 2-0, el equipo céltico encajó tres tantos en acciones a balón parado las que Pinto no acertó a despejar el esférico.
En una jornada negra para los porteros, tan sólo el argentino del Barcelona Oscar Roberto Bonano se salvó de la quema. El ex de River Plate fue de los mejores de su equipo en la abultada victoria sobre el Valladolid (4-0).
En los colegios, cuando se forman equipos, casi nadie quiere ocupar el puesto de portero. Por mucha calidad que se tenga, su reconocimiento nunca será universal.
El gran Oliver Khan, guardameta del Bayern Múnich, dio la última Copa de Europa al club bávaro al demostrar su calidad en la tanda de penaltis de la final ante el Valencia. Sin embargo, difícilmente estará nominado al Balón de Oro.
La fantasía de Rivaldo, los goles de Michel Owen o Andrei Shevchenko, las fintas de Luis Figo o la calidad de Zinedine Zidane siempre inclinarán a su lado el fiel de la balanza.
Luis Miguel Arconada, uno de los mejores cancerberos españoles de la historia, será más recordado por un balón que se le escurrió por debajo del cuerpo en la final de la Eurocopa'84 ante Francia que por su infinita calidad. Es el sino del portero: no tener amigos.

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