Actualidad

Policía colombiana defiende fortín bajo la tierra

No son armadillos ni conejos pero se desplazan con agilidad por oscuros, húmedos y estrechos túneles en un apartado rincón de las llanuras del oriente de Colombia, donde tienen una fortaleza que ha sido inexpugnable para sus enemigos.

CRAVO NORTE.---- No son armadillos ni conejos pero se desplazan con agilidad por oscuros, húmedos y estrechos túneles en un apartado rincón de las llanuras del oriente de Colombia, donde tienen una fortaleza que ha sido inexpugnable para sus enemigos.
La mayoría de los 30 efectivos de la policía de este pueblo permanece bajo búnkers de concreto reforzado con acero y a los que se llega a través de una red de túneles construidos en el cuartel y en sus alrededores para protegerse de los demoledores ataques de la guerrilla izquierdista.
Pese a que el cuartel de la policía de esta población del nororiental departamento de Arauca ha sido uno de los más atacados por los rebeldes, jamás ha caído en su poder pese a que en una oportunidad intentaron asumir su control con una pala mecánica blindada.
Sólo en los últimos dos años ha sido objeto de cuatro ataques. La pala mecánica, que en julio de 1999 tenía la misión de destruir los subterráneos y sacar a los policías de sus trincheras, fue destruida por la Fuerza Aérea que la impactó desde un avión de combate.
"Se ha logrado hacer una fortaleza con muros de concreto, mallas altas, búnkers y túneles para la protección del personal y de las mismas instalaciones", dijo el comandante de la policía local, teniente Edwin Arango, mientras sostenía en sus manos un fusil Galil calibre 7,62 de fabricación israelí.
El cuartel de este pueblo ubicado a una de las orillas del río Casanare, con unos 6.000 habitantes y una temperatura de 25 grados centígrados, es la única construcción en pie en dos cuadras a la redonda de la plaza principal.
EDIFICACIONES EN RUINAS
El resto de las edificaciones en donde funcionaron almacenes de víveres, ropa, discotecas, hoteles, bares o viviendas, son ruinas abandonadas de paredes carcomidas por la maleza.
Ninguna persona, con excepción de policías y militares, camina en los alrededores del cuartel. Sólo el ruido de animales como aves e insectos rompe la monotonía del lugar.
Un mural de un hombre pensando y mirando un paisaje, permanece perforado por impactos de balas al igual que otras paredes, como un testigo mudo de la violencia contra esta población.
Como muchos otros pueblos de este país sudamericano de 40 millones de habitantes, Cravo Norte ha sido objeto de los ataques de la Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y del Ejército de Liberación Nacional (ELN).
Los ataques a cuarteles de policía y pueblos se producen en medio del conflicto interno que azota el país desde hace 37 años y que costó la vida de 40.000 personas, la mayoría civiles, sólo en la última década.
Arauca tiene frontera con Venezuela y aunque es una de las zonas más prósperas de Colombia por sus recursos petroleros y su ganadería, es también una de las más violentas.
Pero no sólo las guerrillas de las FARC y del ELN operan en la zona. Recientemente ingresaron también los escuadrones paramilitares de ultraderecha, que combaten con violentos métodos a los rebeldes y a sus supuestos colaboradores.
Además de haberse convertido en un símbolo por haber resistido los ataques de la guerrilla, Cravo Norte es un sitio vital para los rebeldes.
"La importancia de Cravo Norte es su estratégica ubicación, porque a través del Río Casanare permite llegar desde y hacia otros departamentos", afirmó Arroyo.
UNA ESTRATEGIA CON BUEN RESULTADO
Los túneles fueron construidos en 1999 como parte de un plan policial para mantener su presencia en el pueblo, defenderse y evitar la muerte de sus hombres en los ataques.
La policía ha tenido que salir de decenas de pueblos como consecuencia de las incursiones rebeldes, que además de destruir cuarteles, ha cobrado la vida de cientos de efectivos.
El año pasado 219 policías murieron en ataques atribuidos a la guerrilla en diferentes zonas del país. Muchos de ellos fueron acribillados con disparos de fusil en la cabeza después de que se rindieron, según las autoridades.
Pese a la incomodidad de los túneles que miden 1,20 metros de altura por 1,0 de ancho, los policías se desplazan con facilidad portando sus fusiles y lanzagranadas con los que llegan a las garitas -recintos de 2,0 metros de diámetro por 2,20 de alto, con pequeñas ventanillas para disparar.
Durante los desplazamientos a través de los subterráneos se escuchan los aleteos de murciélagos, que han encontrado ahí las condiciones perfectas para habitar.
Bajo dos de las tres garitas, ubicadas en sitios estratégicos para repeler los ataques, están dos habitaciones de nueve metros cuadrados en los que duermen algunos policías que pueden reaccionar en pocos segundos en un eventual ataque.
INCOMODIDADES POR LA PATRIA
En los dormitorios se respira un penetrante olor a humedad y en uno de sus paredes cuelga un lanzagranadas de 40 milímetros, mientras que una toalla con la imagen estampada del astro del fútbol inglés David Beckham cubre una cama.
"La situación personal es difícil porque todos estamos lejos de nuestras familias, algunos de sus esposas y de sus hijos, pero sabemos que estamos trabajando por la patria, por nuestro país, estamos buscando la libertad de la población", declaró el teniente Arroyo, un oficial soltero y de 24 años.
Pero las posibilidades de un ataque se redujeron y el clima de seguridad mejoró desde enero del 2000, cuando el ejército ubicó 300 soldados en los alrededores de Cravo Norte para evitar nuevas penetraciones de la guerrilla.
"No se descarta un nuevo ataque pero va a ser bien difícil para la guerrilla otra vez tomarse este municipio", dijo el jefe del ejército de la zona, teniente Eduardo Barreneche, quien lucía un uniforme camuflado y una boina verde.
Pese a la protección del ejército en los alrededores del pueblo, los policías jamás salen solos y los desplazamientos hasta el aeropuerto local siempre los hacen en grupos de 10 y con medidas de seguridad para evitar la sorpresa de un ataque.
El alcalde de Cravo Norte, Ernesto Espitia, admitió que cuando llegó el ejército la gente era esquiva a hablar con los militares por temor a represalias de la guerrilla.
Pero aún se siente ese temor. Cuando el equipo de Reuters llegó bajo una fuerte custodia policial, los habitantes miraban inquietos, pero no dieron oportunidad de hablar.
"Cada uno cuida su pellejo.... La gente vive con zozobra y temor y trata de protegerse así misma. Estamos en una región con presencia de la guerrilla", afirmó Espitia, un antiguo ganadero que gobierna este pueblo al que se llega en un vuelo de 40 minutos en avioneta desde Arauca, la capital departamental.

El siguiente artículo se está cargando

Caracol Radio
Directo

Tu contenido empezará después de la publicidad

Programación

Ciudades

Elige una ciudad

Compartir

Más acciones

Suscríbete

Tu contenido empezará después de la publicidad