Chile busca romper cadena perpetua matrimonial
"Hasta que la muerte nos separe" no es una mera promesa de amor eterno entre las parejas que contraen matrimonio en Chile. Es la cadena perpetua que deben enfrentar, así vuelen platos sobre sus cabezas, los cónyuges mal avenidos que no tienen la opción legal de divorciarse.
SANTIAGO.--- "Hasta que la muerte nos separe" no es una mera promesa de amor eterno entre las parejas que contraen matrimonio en Chile. Es la cadena perpetua que deben enfrentar, así vuelen platos sobre sus cabezas, los cónyuges mal avenidos que no tienen la opción legal de divorciarse.Chile, junto a Filipinas y Malta, es uno de los tres países del mundo que no cuenta con una ley de divorcio.El gobierno del socialista Ricardo Lagos intenta modificar esa realidad, resucitando un proyecto de ley de divorcio que vegeta en el Congreso desde 1997. A mediados de septiembre las autoridades presentarán algunas modificaciones a esa iniciativa, para agilizar su aprobación."Es una realidad, en nuestro país y en todas partes del mundo, que los vínculos familiares se rompen", dijo el ministro de Justicia, José Antonio Gómez, impulsor de las reformas.No obstante, el interés del gobierno choca con la dura oposición de la poderosa Iglesia Católica, lo que puede echar por tierra los esfuerzos por dar una salida no fraudulenta a los quiebres de un 20 por ciento de los matrimonios del país. NI CONTIGO, NI SIN TIAunque en Chile no existe el divorcio, miles de parejas de separan cada año y buena parte de ellas inicia nuevas vidas conyugales.La rendija por la que se cuelan los reincidentes es la "nulidad", un resquicio legal que permite hacer inválido el vínculo por el sólo hecho de que uno de los contrayentes declare que no vivía en la zona donde suscribió su contrato matrimonial."No es lo más digno, pero es la única forma", dice Sandra Mujica, quien en 1999 contrató a un abogado para que, por unos 1.000 dólares, diera curso al trámite que puso a fin a su matrimonio.Sandra no se ha vuelto casar y ahora es legalemente soltera. Pero los hijos que tuvo con con su ex esposo siguen ostentando el rango de "legítimos", es decir, nacidos dentro de un matrimonio que, por el resquicio de la nulidad, nunca existió."La decisión del gobierno de regular las separaciones es, precisamente, velar por los hijos, que son los más afectados por los quiebres matrimoniales", afirma el ministro Gómez.Pero mientras no haya ley, los chilenos deberán seguir usando subterfugios para librarse del yugo matrimonial.Estrategias más extremas, vinculadas habitualmente a la imposibilidad de solventar los gastos de una nulidad, empujan a quienes no desean seguir casados a recuperar su libertad declarando la "muerte presunta" de su cónyuge.Es la llamada "nulidad de los pobres": si después de siete años el contrayente denunciado como muerto no da señales de vida, la ley presume que su contraparte ya no está casado si no que es, formalmente, viudo o viuda. LO QUE DIOS HA UNIDO...El matrimonio es uno de los siete sacramentos de la religión católica. La indisolubilidad del vínculo, certificada por la bendición sacerdotal de "lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre", es aceptada por los contrayentes que profesan esa fe.Aunque el estado chileno separó su legislación de las normas canónicas en el siglo XIX, estableciendo un matrimonio civil independiente del religioso, la unión conyugal conservó el carácter de indisoluble.La Iglesia chilena asegura que la perpetuidad del matrimonio no es solamente un problema de credo, si no que una condición inherente a ese vínculo."Nunca es favorable un proyecto que considere el divorcio vincular", afirma Jorge Morales, asesor legal de la Iglesia Católica.Pero buena parte de los chilenos, que mayoritariamente se declaran católicos, no están actualmente de acuerdo con la orientación de sus pastores.Todas las encuestas de opinión realizadas en los últimos años han revelado que más de un 70 por ciento de la población es partidaria de la aprobación del divorcio.El gobierno, que es respaldado por la Democracia Cristiana, ha hecho lo posible por calzar la demanda de una ley de divorcio con los intereses de la Iglesia Católica, que también cuenta con los votos de la derecha opositora en el parlamento."Hemos conversado con diversas instituciones, tanto la Iglesia Católica, (como) la Evangélica (y) la masonería", reconoció el ministro Gómez.Así, las reformas que pretende incorporar al proyecto amplían las causales para obtener una nulidad, que sí es aceptada por la Iglesia Católica y, con mayores dificultades, considera la opción del divorcio vincular.Eso sí, la petición de divorcio requerirá que se acrediten causales extremas como violencia intrafamiliar y el fallo sólo se podrá obtener después de cuatro años de haber interpuesto una demanda ante un juez.



