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Tristeza y alegría de uniformados a pocas horas de su libertad

Hablando a susurros después de meses o años de reclusión en improvisadas cárceles en medio de la jungla, 29 soldados y policías colombianos enfermos se regocijan, pocas horas antes de ser liberados por rebeldes izquierdistas.

SELVAS DE COLOMBIA ---- Hablando a susurros después de meses o años de reclusión en improvisadas cárceles en medio de la jungla, 29 soldados y policías colombianos enfermos se regocijan, pocas horas antes de ser liberados por rebeldes izquierdistas.
Sin embargo, los secuestrados por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), no ocultan su tristeza de dejar a 400 compañeros que aún permanecen bajo el poder de los rebeldes en las agrestes selvas del suroriente de Colombia.
"Estoy contento porque voy a encontrarme con mi mamá, pero triste porque voy a dejar a mi hermano acá", aseguró Herbert Torres, un soldado profesional.
Este militar integra el grupo de soldados y policías enfermos, muchos de ellos reclutados, que serán liberados por los rebeldes izquierdistas el sábado tras un acuerdo de intercambio humanitario firmado hace dos semanas con el gobierno del presidente colombiano Andrés Pastrana.
Los guerrilleros, de orientación marxista, permitieron que Reuters y el periodista colombiano Jorge Enrique Botero, accedieran a un lugar secreto en la selva donde los 29 oficiales esperan su liberación.
Otro grupo de 13 miembros de las fuerzas del Estado serán dejados en libertad en diversas áreas de la región a cambio de 15 guerrilleros, también enfermos, que el gobierno mantiene como prisioneros en las hacinas cárceles estatales.
En la primera fase del intercambio, las FARC liberaron hace 10 días a Alvaro León Acosta, un coronel de la policía en crítico estado de salud, junto con tres compañeros más.
OTRO CENTENAR DE REHENES QUEDARA LIBRE
Una vez sean entregados los reclusos enfermos en poder del gobierno, las FARC liberarán unilateralmente, según prometieron, a otros 100 secuestrados de los cerca de 500 que están bajo su control. muchos desde hace más de tres años.
El acuerdo de intercambio revivió un lento y difícil proceso de paz, que muestra muy pocos resultados, desde que Pastrana cedió en noviembre de 1998 un enclave desmilitarizado del tamaño de Suiza a los rebeldes izquierdistas como punto inicial de las conversaciones.
Los diálogos pretenden acabar una cruda guerra de 37 años que azota a este país andino de 40 millones de habitantes y que la década pasada cegó la vida de unas 40.000 personas, la mayoría civiles.
El hermano mayor de Torres es uno de los que quedarán confinados a una liberación indefinida. Los dos permanecieron juntos en cautiverio hasta que Herbert fue destinado a recobrar su libertad por problemas de salud que le aquejan desde hace unas semanas.
"No hay palabras para describirlo", afirmó Herbert con voz trémula al preguntársele sobre la separación de su hermano.
Los hombres estaban pálidos después de años en la densa selva. Sus brazos estaban infestados de picaduras de mosquitos, pero su ánimo mostraba un espíritu fortalecido a pesar de sus dolencias producidas por las agobiantes picaduras de toda clase de insectos.
"No vi el sol sino hasta hace dos horas, cuando nos dejaron salir a una explanada, no lo había hecho antes. Eso nos dio miedo. Nosotros teníamos temor de ver vehículos, trochas... hemos estado tanto tiempo en la selva", admitió Ricardo Galarraga, quien no ve a sus tres hijas desde que fue secuestrado en noviembre de 1998 en la ciudad de Mitú.
UNA GUACAMAYA MULTICOLOR MASCOTA DE LOS REHENES
Galarraga, un agente policial reconocido por su espeso bigote, sufre de dolores en el hígado y los riñones y aseguró que los enfermos que no están incluidos en la lista de futuros liberados han padecido de malaria y leishmaniasis, pero que las FARC les han suministrado medicinas cuando lo han necesitado.
En el campamento cárcel construido para los oficiales que serán liberados, los enfermos duermen en una plataforma de madera debajo de un toldo de plástico. Hace poco recibieron uniformes nuevos y pudieron afeitarse, pero aún sienten temor de alzar la voz en medio del silencio majestuoso de la selva.
La mayor parte de su cautiverio fueron recluidos en campamentos rodeados de alambres de púas y con las constantes advertencias de que si intentaban escapar serían interceptados, pero no heridos o maltratados por sus captores.
Los secuestrados se mantienen lúcidos, escuchando la radio y leyendo cartas de sus familiares. Se divierten un poco con las peripecias de una guacamaya multicolor que tienen como mascota.
Narraron que el mejor momento durante su cautiverio fue la llegada de las madres de dos soldados secuestrados que fueron a visitarlos tras ruegos y múltiples permisos de jefes rebeldes.
Uno de los comandantes de las FARC, conocido como "Granobles", estrechó las manos de los oficiales y les dijo que a partir de mañana gozaran de su libertad.
"Somos hermanos de clase, somos colombianos. Para nosotros es un orgullo poder soltar a esta gente, y para las FARC es un orgullo que toda esta gente salga con vida", dijo "Granobles" a Reuters mientras guerrilleros fuertemente armados custodiaban la zona.

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