Colonia colombiana oró por la paz del país
Cuando el presidente Andrés Pastrana subía las escalerillas del atrio de la Catedral de San Mateo a donde llegó para orar por la paz de Colombia, caía la lluvia pronosticada en la mañana.
Washington, (ANCOL). Cuando el presidente Andrés Pastrana subía las escalerillas del atrio de la Catedral de San Mateo a donde llegó para orar por la paz de Colombia, caía la lluvia pronosticada en la mañana.Parecía que el viento frío y fuerte empujaba al Jefe de Estado y a su Comitiva hacia la puerta central, en donde los primeros colombianos apostados en calle de honor no sabían si darle la mano o sacar apresuradamente sus cámaras fotográficas de los bolsos y los bolsillos de los abrigos.Como el servicio secreto había bloqueado momentáneamente el tránsito por la Rhode Island Avenue, los transeúntes se percataron de que algo especial ocurría. Corrieron los rumores y las preguntas sobre quién era el personaje escoltado. A una turista le pareció "maravilloso" que los colombianos se hubieran congregado a orar por la paz del país.El templo suele atraer la atención de lugareños y turistas porque, además de figurar en el listado de monumentos históricos de este país, es recordado porque allí tuvo lugar el funeral del asesinado presidente John Fitzgerald Kennedy.El presidente ingresó por la nave central y saludó sin prisa a decenas de los invitados que se enteraron de la Misa a través de un aviso publicado por la Embajada en su página de internet (www.colombiaemb.org): "Anuncio Especial. La Embajada de Colombia invita a la Comunidad Colombiana residente en Washington a la celebración de la Santa Misa por la Paz de Colombia, con la presencia del Señor Presidente de la República, doctor Andrés Pastrana Arango, ceremonia presidida por S. E. Rev. Monseñor Gabriel Montalvo, Nuncio Apostólico en los Estados Unidos, y concelebrada por el Rev. Padre Agustín Mateo."En las dos bancas delanteras, junto a Pastrana, estaban el embajador Luis Alberto Moreno y su esposa, los ministros de Hacienda (Juan Manuel Santos), de Defensa (Luis Fernando Ramírez) y de Comercio (Marta Lucía Ramírez).En el último minuto, cuando la procesión de apertura por la nave central llegaba hasta el altar mayor, apareció Enrique Iglesias, el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Pastranaasumió el Protocolo y le indicó, sin problemas, el lugar donde debía sentarse.La Misa concelebrada fue presidida por el Nuncio Apostólico, de nacionalidad colombiana. El acompañamiento del Pontífice al proceso de paz y sus varias exhortaciones a los actores armados para que cesen los actos violatorios de la vida y dignidad humanas, tuvieron eco hoy en la voz reposada de Monseñor Montalvo.En cualquier sociedad cristiana, no tendría nada de especial que un Católico exhortara a los fieles a defender el derecho a la vida. Pero ante una feligresía como la colombiana, la prédica del Monseñor no solo parecía necesaria, sino también obligada. En su intervención, no exenta de formalidades diplomáticas, monseñor pidió al Dios de la Vida y de la Paz que ilumine a todos aquellos que trabajan por ellas.La liturgia transcurrió sin novedades. Los feligreses que estaban a partir de la quinta fila -las cuatro primeras fueron reservadas para las personalidades- eran desconcentrados con frecuencia por las voces y movimientos de los agentes del servicio secreto de los Estados Unidos que protegen a Pastrana en esta capital.La parroquia de San Mateo se caracteriza por un liderazgo social y pastoral indiscutible en favor de los más pobres. Hoy, sin embargo, la liturgia tuvo un ingrediente adicional. En todos los templos católicos de Washington, los párrocos debían promocionar de viva voz la colecta anual diocesana para financiar las obras asistenciales.Durante cinco minutos, después de la Homilía de monseñor Montalvo, la Eucaristía fue suspendida para darle oportunidad al padre Mateo, español de origen y acento intocado a pesar de su buen inglés, de explicar cómo llenar el formulario de donaciones que piadosas mujeres recogerían durante los próximos minutos, pasando de banca en banca.El Padre advirtió que las donaciones, como se explicaba en el reverso del formulario, podrían ser en metálico, es decir, en efectivo, o también con pago mediante tarjeta de crédito.A los visitantes ocasionales de la parroquia nos causó cierta sorpresa el método promocional del padre Mateo y el recurso consumista de la tarjeta de crédito, aunque bien pronto entendimos que ninguno otro podría ser más apropiado para los ciudadanos católicos de una potencia tecnológica como Estados Unidos.Después del Padre Nuestro, y cuando el organista y la solista, cantaban el Agnus Dei anunciando la comunión, desde la nave lateral derecha, junto al púlpito, en donde había sido colocada la bandera nacional, una pequeñita, como de diez años, se coló por entre dos agentes secretos, que medio inquietos, medio curiosos, observaron cómo la nina llegó hasta el presidente Pastrana y le tomó una fotografía cuando comulgaba. La improvisada reportera repitió su hazaña, tres minutos más tarde, cuando Pastrana meditaba sentado.Al finalizar la ceremonia, y cuando monseñor Montalvo terminaba de bendecir a todos y pronunciar la admonición de que todos podían ir en paz, se escuchó el Himno Nacional. Muchos se emocionaron y, aunque tímidamente, varios levantaron sus brazos y agitaron las banderitas, mientras los Oficiantes dejaban en procesión el altar y Pastrana y su Comitiva abandonaban a paso lento la Catedral de San Mateo, pisando las mismas lozas de mármol en las que los estadounidenses lloraron, por última vez, al presidente Kennedy.




