Alemania celebró diez años de esfuerzo humano por unificarse
Alemania celebró hoy en Dresde con solemnidad y fiestas populares bajo un sol radiante, diez años de esfuerzos materiales y humanos por unir el Este y el Oeste del país.
DRESDE, Alemania.--- Alemania celebró hoy en Dresde con solemnidad y fiestas populares bajo un sol radiante, diez años de esfuerzos materiales y humanos por unir el Este y el Oeste del país.Dresde es una ciudad mártir de la Segunda Guerra Mundial y la capital de donde partió el movimiento germano oriental en favor de la unificación.El que los festejos de unificación se celebraran en un lugar tan simbólico es pura casualidad, pues el honor de organizar la fiesta corresponde por rotación.Pero Dresde, con sus reconstruidos edificios barrocos, ofreció un marco perfecto para las imágenes del día de gloria y dio ocasión a los oradores de dirigirse a los orientales en su propia tierra.Para conmemorar el primer decenio de la nueva Alemania se congregaron en Dresde el presidente francés, Jacques Chirac, el canciller alemán, Gerhard Schroeder, la secretaria de Estado norteamericana, Madeleine Albright, el presidente alemán, Johannes Rau, y numerosas personalidades alemanas y dirigentes de todos los vecinos del este.Los actos empezaron con un servicio ecuménico en la sobria iglesia protestante de la Cruz, continuaron en la espléndida opera neoclásica, donde tuvo lugar la ceremonia central, y acabaron en la calle con la tradicional cerveza y las habituales salchichas de las fiestas populares alemanas.A pesar del magnifico tiempo, relativamente poca gente se acercó a ver el desfile de personalidades y de grupos con traje regional.Entre la multitud que paseaba por las calles cortadas al tráfico pocos fueron capaces de acordarse de lo que hacían hace 10 años, en cambio todos sabían exactamente dónde estaban y cómo se sintieron cuando oyeron la noticia de la caída del muro de Berlín."Se que el día que cayó el Muro vi por primera vez a mi madre llorar a gritos", cuenta Andreas Schreier, un joven taxista y estudiante de derecho de 21 años, quien explicó que, en cambio, no tiene el menor recuerdo de cómo fue el día de la unificación.Schreier integra el 70 por ciento de germano orientales que -según una encuesta de la revista Spiegle- considera que en términos generales la unificación ha sido positiva.Le molesta en cambio, como al 72,9 por ciento (según otra encuesta del diario Neues Deutschland), que se eche por tierra todo lo que fue la república Democrática Alemana (RDA)."Yo me alegro de vivir en una Alemania unida, pero no fue una unificación, fue una anexión", dice Gordon Dertz, un carpintero y estudiante de arquitectura de 29 años."Resultó decepcionante -explica- ver como se frustraban los intentos de hacer que algo de la RDA fuera asumido por el Oeste y constatar que en la otra parte no tenían el menor deseo de replantearse su sociedad".Estas declaraciones son sintomáticas de la manera en que se ha hecho balance en la sociedad alemana con ocasión del aniversario.En los discursos, en los artículos y en los comentarios de ciudadanos no se ha puesto el acento, como en años anteriores, en el coste económico o social de la unificación, sino en el emocional, el psicológico, el humano."La autoestima de los ciudadanos del Este ha sufrido increíblemente en los últimos diez años y pasará mucho tiempo hasta que llegue al nivel del oeste", explica un médico de unos 60 años que prefiere no identificarse y que vive en Dresde "por amor", porque se casó con una colega del Este.La pareja -una excepción ya que occidentales y orientales no se suelen casar entre ellos- reconoce que son "unos privilegiados porque tiene la oportunidad, que otros no tienen, de conocer el 'otro campo' desde cerca".Desde que se conocieron hace siete años, luchan por derribar "el Muro".El punto fundamental de discordia es "la actitud de la gente", explican ambos. Ella reprocha a los occidentales su "arrogancia"; él a los del Este su "susceptibilidad". Esta percepción mutua entre orientales y occidentales no ha cambiado mucho en 10 años.Con ocasión de este aniversario se han multiplicado los llamamientos de políticos a los occidentales para que se hagan cargo de que, si bien ellos han llevado el peso financiero de la unificación, son los del Este los que han tenido que asimilar 35.000 normativas nuevas y adaptarse a una sociedad totalmente ajena.Lothar De Maiziere, el último primer ministro de la RDA, acabó su discurso de hoy advirtiendo que la unificación real de Alemania ha de ser una tarea común y que hay que contar con que acaparará fuerzas aún en el próximo decenio.De Maiziere sí se acuerda de donde estaba el 3 de octubre de 1990. Estaba -contó a EFE- entregando el cargo y me sentía muy aliviado".




