Detectan en Venezuela primer caso de vacas locas
Gloria Segovia, una mujer que trabajaba en una carnicería en Cantaura (estado Anzoátegui), es la posible víctima del síndrome de Creutzfeldt-Jakob. El Ministerio de Salud insiste en que no se trata de una epidemia. Las muestras de sangre podrían ser llevadas al Centro para el Control de Enfermedades de Atlanta.
Tomado de EL NacionalCARACAS.--- Gloria Segovia, una mujer que trabajaba en una carnicería en Cantaura (estado Anzoátegui), es la posible víctima del síndrome de Creutzfeldt-Jakob. El Ministerio de Salud insiste en que no se trata de una epidemia. Las muestras de sangre podrían ser llevadas al Centro para el Control de Enfermedades de Atlanta.Una mujer agoniza en la cama del cuarto 327 del hospital Uyapar de Puerto Ordaz. La única chispa de vida son sus ojos, que voltea hacia arriba y parecen eternizarse en múltiples pestañeos; las convulsiones le bailan el cuerpo. Gloria Coromoto Segovia Araujo todavía no celebra los 50 años (cumplió 49 el pasado 25 de mayo y ya en estado de inconsciencia) y sobre ella recayó una condena a muerte que los especialistas del hospital Luis Gómez López de Barquisimeto certificaron en la historia médica número 11-09-33: "Enfermedad de Creutzfeldt-Jakob probable".Ese "enfermedad de Creutzfeldt-Jakob probable" significa que Gloria Segovia podría tener en su cerebro un agente directamente vinculado -según lo estableció la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos en un estudio- con la encefalopatía bovina espongiforme, conocida también como la enfermedad de las vacas locas, que ha azotado a Europa. La investigación de Estados Unidos constata que el prion o proteína infecciosa sería la causa de ambas afecciones."Mamá tenía una carnicería en Cantaura (Anzoátegui). La tuvo desde principios de 1998 hasta agosto de 1999. Era la primera vez que trabajaba cortando carne. De Cantaura se fue a Barquisimeto". Quien da la cara por esta triste historia es Gloria Laguna, una de las hijas de Gloria Segovia. "Mamá tenía insomnio desde enero. No podía dormir. Se le adormecía la lengua. `¨Por qué tengo la lengua dormida?', preguntaba. El brazo no se le paraba: se movía involuntariamente". Todavía confiada en que eran los coletazos de los nervios alterados, Gloria Laguna viajó a Lara y buscó ayuda. "En el hospital Luis Gómez López llegaron a esa conclusión por los síntomas de mamá, porque estaba perdida y no tenía orientación. El médico me dijo: `Es el síndrome de la vaca loca'. Yo pregunté qué era eso, él me explicó que venía de Europa y que mamá se debía haber contagiado por haber comido carne".Segovia, considerada por el Ministerio de Salud un caso sospechoso de la patología, sería el primer reporte de la presencia del Creutzfeldt-Jakob en Venezuela. Pero más allá de la curiosidad, es una mujer desahuciada, cuyo suplicio patea los sentimientos de sus seres queridos "A mi mamá le concedieron 3 meses de vida. ¿Cómo es eso?", pregunta Gloria a la Ciencia. Y la Ciencia responde que en 1999 se registraron 2075 vacas con encefalopatía bovina espongiforme, y que el síndrome en humanos es mortal.Los documentos reflejan, con membrete del Luis Gómez López y la firma de los galenos, que el pasado 4 de abril Gloria Segovia ingresó al centro asistencial larense. "Sintomatología que se acentúa progresivamente. Luego se asocian aparente desorientación y cuadros de agitación psicomotriz y conducta inapropiada. Además, presenta alucinaciones visuales", describe el informe.Sin embargo, el director de la institución, Oscar Rivero, aseguró a El Nacional -vía telefónica- que no le habían notificado la situación y que todos los datos se entregaban a la dirección regional de salud. La resonancia magnética de Segovia, hecha en abril, no relató nada. El electroencefalograma reflejó alteraciones de la actividad eléctrica del cerebro. "A mí me contestaron que no había nada que hacer. A mi mamá me la llevé en contra de la opinión médica, porque me pidieron que la donara para ellos estudiarla patológicamente, porque igual iba a morir. Ellos querían que mi mamá se deteriorara y muriera", rememora Gloria Laguna, con las lágrimas como una lluvia en la garganta.En el hospital Antonio María Pineda el réquiem se repitió sin variaciones. Tal vez la única era el incremento en la desesperación de la familia. Con el apoyo del Proyecto Bolívar 2000, Gloria Laguna -una mujer que llora con el presentimiento de que algo se rompió irremediablemente- traslada a la enferma al hospital Uyapar de Puerto Ordaz, con una hoja suscrita por un facultativo que sostiene "enfermedad de las vacas locas".En Oriente, Laguna esperaba otra cosa, "pero la doctora dijo lo mismo: es el Creutzfeldt-Jakob". Obligada a mendigar entre empresarios de Guayana, consiguió dinero para comprar un colchón que evita que a su madre se le agriete la piel por estar acostada y escuchó que había otros tres afectados por un trastorno similar. "Como ser humano, como hija que soy, tengo fe en que el diagnóstico está errado", afirma Gloria, desempleada y arruinada luego de pagar "4 mil bolívares diarios por la cama en el Luis Gómez López".Posiblemente comparte la misma fe con José Mendoza, director de Epidemiología del Ministerio de Salud. "Es probable que los otros dos hospitales hayan repetido el diagnóstico del primero", apunta. Las muestras de tejido que se le tomaron a Segovia fueron enviadas, aseguró Mendoza, al Instituto Nacional de Higiene y al decanato de Medicina Veterinaria de la Universidad Centro Occidental Lisandro Alvarado. "En la UCLA se está probando inocular el tejido a cobayos para ver la evolución, pero hasta ahora no hay reacciones".Gloria Segovia, insiste el funcionario, "no entraña un riesgo epidemiológico. No estamos frente a un caso que produzca epidemia, y no hay más casos aparte del de Segovia. No necesariamente la afección es producida por comer carne; además, en Venezuela no se importa carne de Europa. No nos parece que nos encontremos en alarma nacional. Podría tratarse de una enfermedad contagiosa viral o de una enfermedad degenerativa no contagiosa". Por si acaso, suero y sangre de la enferma podrían ser enviados al Centro para el Control de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) de Atlanta.



