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Un socialista asume hoy la presidencia en Chile

En medio de los últimos ecos que exigen justicia contra Augusto Pinochet, Chile vive hoy una histórica transmisión presidencial que corona una década de transición democrática salpicada de riesgos y sinsabores.

SANTIAGO DE CHILE.--- En medio de los últimos ecos que exigen justicia contra Augusto Pinochet, Chile vive hoy una histórica transmisión presidencial que corona una década de transición democrática salpicada de riesgos y sinsabores. El socialdemócrata Ricardo Lagos, de 62 años, se convierte hoy en el tercer presidente de Chile desde que el país recuperó la democracia, el 11 de marzo de 1990, y reemplazará en el cargo al democristiano Eduardo Frei. Frei y Lagos pertenecen a la coalición de centroizquierda que ha gobernado Chile desde 1990 y que ha administrado el país en medio de un pulso constante con las Fuerzas Armadas, que protagonizaron uno de los regímenes militares más sangrientos del continente. Lagos, hijo de un agricultor, abogado y economista, recibirá la banda presidencial en un acto que se desarrollará en la sede del Parlamento, en la ciudad costera de Valparaíso, a partir de las 11:30 hora local (14:30 GMT). El acto político más importante que vive Chile desde que el país recuperó la democracia tendrá un notable ausente, Pinochet, quien a pesar de ser senador vitalicio no acudirá a la investidura por problemas de salud, según sus hijos. Pinochet, de 84 años, jefe del Ejército de Chile hasta hace dos años, regresó hace una semana a Chile tras permanecer detenido en Londres desde octubre de 1998 y protagonizar un complejo proceso judicial en el que estaba en juego su extradición a España. La extradición, aunque aceptada inicialmente por la justicia británica, fue rechazada por el Gobierno de Londres al considerar que Pinochet no estaba en condiciones de afrontar un largo juicio por los crímenes contra los derechos humanos que se le imputan. Pero a su llegada, el ex dictador, que se recupera rápidamente de los achaques que le aquejaban en Londres, se enfrenta a 73 querellas criminales presentadas hasta hoy por chilenos que no están dispuestos a perdonarle su presunta vinculación con la muerte de más de tres mil personas durante su régimen militar. A pesar de que las autoridades de Santiago insistieron una y otra vez en que Pinochet sólo debe responder ante la justicia de su país, la izquierda chilena considera poco probable que Pinochet pueda llegar a sentarse ante un juez chileno y cree que su regreso forma parte de una negociación política. "El retorno de Pinochet no fue un retorno gratuito, sino una negociación política que intenta recomponer el pacto de impunidad en favor de los militares que salieron del Gobierno", denunció ayer, viernes, Patricio Béjar, dirigente de una asociación en defensa de los derechos humanos. En las últimas horas previas a la investidura presidencial, Santiago ha ofrecido un doble escenario en el que los saludos de las personalidades extranjeras invitadas a los actos han coincidido con los gritos que piden justicia contra Pinochet. Las organizaciones de derechos humanos, que desde que fue detenido Pinochet han mantenido un pulso constante con la derecha para conquistar la calle, reunieron anoche a dos centenares de personas que reclamaban el castigo del ex jefe militar, muchas de ellas con un cartel en el pecho que decía simplemente "Juicio a Pinochet". Mientras se oían esas demandas de justicia, se desarrollaban los actos previos a la investidura presidencial de Lagos, en la que más de dos centenares de personalidades extranjeras, incluidos jefes de Estado y de Gobierno, serán testigos de excepción. El traspaso se desarrollará al cumplirse justo diez años desde que el democristiano Patricio Aylwin recibió la banda presidencial que le cedió Pinochet, quien, no obstante, conservó la jefatura del Ejército durante ocho años más. Los militares dejaron el Gobierno y se retiraron a sus cuarteles, pero los comienzos de la transición chilena se vivieron en medio de fuertes tensiones cívico militares, con acuartelamientos y mutuos reproches que en más de una ocasión hicieron peligrar la democracia. El peor sinsabor que tuvieron las autoridades civiles de Chile comenzó cuando Pinochet fue detenido en Londres, el 16 de octubre de 1998, y debió ser defendido por un Gobierno en el que algunos integrantes tienen compañeros asesinados por el régimen militar. Frei cumplió el compromiso que hizo ante el Parlamento de traer de regreso al ex dictador antes de terminar su mandato, y aunque se siente orgulloso de haberlo hecho también se muestra reservado a la hora de hablar sobre las negociaciones que lo hicieron posible. "Los hechos se van a conocer en su momento, toda la verdad. No lo voy a decir ahora, pero con el tiempo va a salir", dijo Frei en declaraciones a la televisión chilena difundidas esta medianoche.

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