SOBREVIVIENTE RELATA LA LIBERACION DE LOS REHENES DEL YEMEN
De pie en la cumbre de una colina, las manos en alto mientras las balas silbaban alrededor, Sue Mattock, una maestra británica, creyó que había llegado la hora de su muerte. <BR>Sue Mattocks y otros 15 turistas occidentales fueron utilizados el...
De pie en la cumbre de una colina, las manos en alto mientras las balas silbaban alrededor, Sue Mattock, una maestra británica, creyó que había llegado la hora de su muerte.
Sue Mattocks y otros 15 turistas occidentales fueron utilizados el martes como escudos humanos por sus secuestradores, un grupo islamita extremista del sur de Yemen, durante el asalto de las fuerzas yemenitas en el cual cuatro rehenes resultaron muertos.
"Se podía literalmente sentir que el aire se movía. Obuses y no sólo balas estallaban en torno nuestro. Estábamos seguros de morir si no les obedecíamos y aunque parezca extraño nos quedamos inmóbiles", relató la madrugada del jueves Sue Mattock a la AFP.
"De vez en cuando, gritaban Alá Akbar (Dios es lo más grande). Y luego uno de ellos me sonrió y me dijo no tenga miedo, dispararemos por sobre vuestras cabezas", relató.
Sue Mattock indicó que los secuestradores, poderosamente armados, comenzaron a asustarse cuando los soldados, con boinas rojas, llegaron a unos cien metros de ellos.
Uno de los secuestradores tomó a una de las rehenes, una americana, e hizo signo de que la iba a matar, "luego cayó a tierra, al parecer muerto, y vi a Mary correr hacia los soldados llevando su revólver".
Otra turista fue tirada a tierra y uno de los secuestradores comenzó a disparar alrededor de ella.
"En ese momento hubo una enorme explosión. Caímos a tierra. Los disparos eran muy intensos y luego cesaron. De repente, apareció un soldado y dijo simplemente Hello".
Los secuestradores que el lunes capturaron a los 16 turistas occidentales que se encontraban en una caravana de cinco vehículos todo terreno, estaban poderosamente armados e incluso equipados con lanzacohetes y con un ordenador portátil y un teléfono por satélite.
"Al comienzo, estaban muy nerviosos, pero luego se calmaron y su jefe reía cuando el vehículo se sacudía" sobre las colinas de la provincia de Abyane, a unos 100 km de Aden, agregó.
Luego abandonaron los vehículos y caminaron hasta un lugar muy escarpado, donde los secuestradores extendieron frazadas y dieron galletas a los turistas.
En la noche, los rehenes utilizaron sus sacos de dormir y los secuestradores les dieron frutas y carne de cordero asada.
En la mañana les dieron agua y frutas.
Las cosas comenzaron a complicarse cuando comenzaron a escucharse ruidos de explosiones y éstos se sentían cada vez más cerca a medida que los soldados yemenitas se aproximaban.
Los rehenes fueron divididos en dos grupos de cinco y once personas, y dos miembros de cada grupo resultaron muertos en el caos que se produjo después




