UN MES DESPUES DE INUNDACION, TEGUCIGALPA PARECE QUE FUE BOMBARDEADA
Un mes después de que la descomunal inundación causada por el huracán Mitch destruyese parte de la ciudad, no parece que Tegucigalpa fue víctima del agua, sino de bombardeos o de un terremoto. <BR>Cientos de casas por el suelo y muchas a punto ...
Un mes después de que la descomunal inundación causada por el huracán Mitch destruyese parte de la ciudad, no parece que Tegucigalpa fue víctima del agua, sino de bombardeos o de un terremoto.
Cientos de casas por el suelo y muchas a punto de venirse abajo, puentes que desaparecieron o están muy dañados, rocas que parecen haber salido de las entrañas de la tierra, edificios en ruinas, cerros agrietados y amenazantes, árboles arrancados de cuajo, configuran el paisaje de la ciudad.
Lo que queda de las inundaciones del 30 y 31 de octubre son toneladas de lodo y basura en las calles y sectores residenciales, y una gran presa de aguas estancadas en el tramo del río Grande o Choluteca que pasa por el centro de la capital.
Estas aguas, bajo las cuales habría desde automóviles hasta cadáveres, constituyen un foco de contaminación y enfermedades y no han podido ser evacuadas tras varias semanas de trabajo..
La mayoría del millón de capitalinos ha normalizado sus actividades, mientras que los miles que perdieron sus casas siguen en albergues y otros, sobre todo los de clase media y excluidos de las estadísticas oficiales, se refugian en casas de familiares, vecinos o amigos.
Pero casi todos siguen añorando al alcalde de la ciudad, César Castellanos, que murió el primero de noviembre en un accidente de helicóptero, junto a otras tres personas, cuando iba a sobrevolar la presa de aguas estancadas que empezaba a formarse.
Castellanos dio la voz de alarma sobre la tragedia que se cernía sobre la ciudad en la mañana del 30 de octubre.
"La situación es muy crítica", advirtió, porque empezaban a desbordarse ríos y quebradas que cruzan el casco urbano e iba a seguir lloviendo, por lo que pidió a la gente que abandonara lugares de riesgo.
El huracán se estacionó en el Caribe de Honduras el día 26, desde donde comenzó su azote sobre este empobrecido país, al que una semana después dejó sumido en la peor de sus tragedias tras recorrerlo de noreste a suroeste.
Nadie imaginaba, por lo errático y lento que se presentaba, que Mitch golpearía a la propia capital, donde el Gobierno del presidente Carlos Flores y las autoridades municipales se aprestaban a ayudar a los pobladores de la zona norte, que siempre han sido los afectados por huracanes y tormentas.
A eso de las 10.00 horas locales (16.00 GMT) del día 30 se produjo la primera gran señal del desastre en Tegucigalpa: el río Chiquito se desbordó unos 300 metros antes de desembocar en el Grande e inundó la Penitenciaría Central y tres barrios aledaños.
Miles de presos se amotinaron exigiendo que les evacuaran y uno de ellos murió y tres resultaron heridos cuando militares y policías intentaron controlarlos a tiros para trasladarlos a la nueva prisión inaugurada en las afueras de la ciudad.
Hoy, los alrededores de la Penitenciaría Central, construida hace medio siglo, son irreconocibles, al igual que las demás zonas devastadas por el huracán.
En la noche del día 30, Mitch, ya convertido en tormenta, pasaba cerca de la capital hondureña y la sumía en las horas más tristes de sus 420 años: el río Grande, que recibe al Chiquito y al Guacerique en un corto tramo dentro de la misma ciudad, se desbordó y arrasó con todo lo que halló a su paso.
La crecida era tan descomunal que la gente cuenta haber visto olas de varios metros de altura, que provocaron que casas y automóviles desaparecían bajo la aterradora corriente.
La lluvia también causaba destrucción en los cerros deforestados que rodean la ciudad, donde los aludes sepultaban decenas de casas y hasta colonias enteras.
El terror -miles de pobladores dormían desprevenidos cuando se inundaron o cayeron sus casas- se extendió hasta la madrugada del día 31, cuando Castellanos seguía tratando que mucha gente se salvara.
Informes oficiales señalan que en Tegucigalpa hubo 180 muertos, aunque los cuerpos de socorro sólo han hallado una veintena de cadáveres, y el Colegio de Arquitectos de Honduras señaló que al menos 30 sectores de la ciudad sufrieron daños severos, tan graves que, un mes después, no parece que los causó el agua




