FUERZAS ARMADAS, TRANSICION DEL CAMPO DE BATALLA AL DE LA PAZ
Las Fuerzas Armadas de Colombia, que han sufrido grandes derrotas en su lucha contra la guerrilla, están a la espera de decisiones políticas del nuevo Gobierno para que el campo de batalla ceda lugar a la búsqueda de la paz. <BR>La reestructur...
Las Fuerzas Armadas de Colombia, que han sufrido grandes derrotas en su lucha contra la guerrilla, están a la espera de decisiones políticas del nuevo Gobierno para que el campo de batalla ceda lugar a la búsqueda de la paz.
La reestructuración del alto mando, con generales más dispuestos a la posibilidad de dialogar con los rebeldes, llevará necesariamente a un reacomodamiento de las tropas.
Así lo ha insinuado el ministro de Defensa, Rodrigo Lloreda, para quien las Fuerzas Armadas "deben ser conscientes de su responsabilidad en el campo de batalla, pero también en la nueva convivencia entre los colombianos".
Las determinaciones del presidente, Andrés Pastrana, en el ámbito militar han sido rápidas y coinciden con su propósito de abrir a corto plazo acercamientos formales con la guerrilla.
Dos días después de asumir el cargo, lo que hizo el pasado 7 de agosto, Pastrana y Lloreda anunciaron la recomposición de las Fuerzas Armadas.
A los comandos las Fuerzas Militares, el Ejército, la Armada (marina) y la Fuerza Aérea fueron ascendidos oficiales que muchos comentaristas tomaron como una "jerarquía de paz".
De hecho, más que de su eficacia en el terreno militar, el sucesor del liberal Ernesto Samper debía asegurarse de que el nuevo alto mando fuera favorable a una salida política al conflicto armado de cerca de cuarenta años que afecta al país.
Porque, en la busca de la paz, la primera orden que les impartirá el conservador Pastrana será la de que se retiren de un vasto territorio de las selvas del sur colombiano, que constituyen l escenario en el que el Ejército ha sufrido las peores derrotas de su historia.
Allí no sólo está acantonado el "secretariado" de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el grupo rebelde más antiguo y fuerte del país, sino que actúa la más poderosa agrupación de frentes de dicha guerrilla, el Bloque Oriental.
Estas facciones fueron las autoras de los más contundentes golpes que sufrieron los militares en la ofensiva rebelde de la pasada semana, que incluyó el arrasamiento de la principal base policial antidroga del país, la de Miraflores.
Dicha acción causó más de 300 muertos y cien heridos en ambas partes, y las Farc tomaron como rehenes a 129 soldados y policías.
Como presidente electo, Pastrana convino el pasado 9 de julio con el máximo líder de las FARC, el legendario Manuel Marulanda Vélez ("Tirofijo"), y el jefe militar del grupo y también responsable del Bloque Oriental, Jorge Briceño (el "Mono Jojoy"), un repligue de tropas en la región.
El gobernante reafirmó el martes este compromiso, que deberá hacerse efectivo en el transcurso de los primeros tres meses de esta administración.
El miércoles, después de la tradicional ceremonia de reconocimiento de las tropas al titular de Defensa, lo que supuso el cambio de mandos, los nuevos comandantes dijeron que acatarán las órdenes de su jefe supremo, el presidente.
"Cuando se trata de paz y reconciliación, estamos atentos", declaró el general Jorge Mora Rangel, que asumió en el Ejército, en tanto que su colega en la Armada, el almirante Sergio García, afirmó que "tiene (Pastrana) todo nuestro respaldo".
El jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Rafael Hernández, fue más enfático. "Si nos toca hacer la paz sobre nuestros muertos y heridos, lo haremos", dijo.
En la ceremonia del miércoles, Pastrana y Lloreda ahondaron en la nueva política del Estado hacia las Fuerzas Armadas.
El presidente les dijo a las tropas que "si caemos en la tentación de responder a la barbarie con barbarie, perderemos el poder moral y la legitimidad que el pueblo nos otorgó".
La mención no fue más que un llamamiento a la defensa y protección de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario, no acatados en el pasado por algunos militares que han sido condenados, están encausados o, como el caso reciente de dos generales que comandan brigadas del Ejército, afrontan causas por conformar, cooperar o promover grupos paramilitares.
"Vamos a buscar una depuración total de las Fuerzas Armadas", dijo Lloreda




