MENEM DIRA EN CHILE QUE NO HAY MERCOSUR SIN ALCA Y VICEVERSA
El presidente argentino, Carlos Menem, deberá mantener en la Cumbre de Chile el sutil equilibrio entre sus "carnales" relaciones políticas con Estados Unidos y sus "dependientes" relaciones comerciales con Brasil, el mayor socio del Mercosur. <...
El presidente argentino, Carlos Menem, deberá mantener en la Cumbre de Chile el sutil equilibrio entre sus "carnales" relaciones políticas con Estados Unidos y sus "dependientes" relaciones comerciales con Brasil, el mayor socio del Mercosur.
Menem reafirmará, de tal modo, la política exterior de Buenos Aires en materia de lazos económicos, según la cual "no hay Mercosur sin Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), así como no hay ALCA sin Mercosur".
El líder del gubernamental neoperonismo renovará así su romance con Washington, al brindarle apoyo enérgico a la iniciativa de integración americana impulsada por el presidente estadounidense, Bill Clinton.
Pero en simultáneo dejará sentado que Argentina negociará la eliminación de las barreras de comercio sólo desde la perspectiva del Mercosur, en sociedad estrecha con Brasil, Uruguay, Paraguay y Chile.
Por un lado, Buenos Aires se mantiene alineado en forma automática con Estados Unidos en todos los asuntos internacionales, a tal punto que fue el único de la región que despachó tropas a la Guerra del Golfo en 1991.
La política de alianza estratégica con la mayor potencia mundial fue en su momento definida por el canciller, Guido Di Tella, como de "relaciones carnales" y en la última visita de Clinton al país, en 1997, redobló la apuesta al calificarlas de "carnalísimas".
Pero la "carnalidad" política lejos está de reflejarse en las cuestiones económicas bilaterales, donde al menos Argentina no encuentra un lecho común de rosas donde yacer.
Las exportaciones argentinas a los Estados Unidos aumentaron solamente un 53% entre 1991 y 1996, con una diferencia sideral respecto del incremento del 300% registrado en las ventas a los países del Mercosur, en un 90% dirigidas hacia Brasil, en igual período de medición.
Por el contrario, y con pesar para la Argentina, las importaciones desde Estados Unidos crecieron el 224% entre 1991 y 1996, casi tanto como el 249% de alza en las provenientes de la Unión Europea (UE), el mayor vendedor de mercancías en el país.
Washington ha presionado de todas las maneras posibles a Argentina para que sancione un régimen de patentes y propiedad intelectual de productos medicinales que le permita controlar el mercado local de medicamentos, pero sin tener éxito.
El disgusto de los grandes laboratorios norteamericanos por las licencias de fabricación que utiliza la poderosa industria farmacéutica argentina (57% del mercado) se reflejó en sanciones comerciales impuestas el año pasado por Washington y la amenaza de aplicar nuevas este año.
A su vez, los exportadores domésticos se quejan por las trabas que Estados Unidos pone a las compras de maní, comestibles y tubos de acero sin costura, aunque los frigoríficos se han visto favorecidos por el levantamiento de una veda para la carne vacuna que duró 70 años.
Este áspero perfil tiene su contrapartida en el terso intercambio argentino con Brasil, cuyo mercado absorbe el 34% de las exportaciones globales argentinas, a pesar de las medidas recesivas impuestas por el presidente Fernando Cardoso.
Nadie mejor que el presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Claudio Sebastiani, definió este lazo de privilegio, cuando afirmó que hay una virtual "brasildependencia", con todo lo malo y lo bueno que semejante "adicción" comercial significa




