UN ROMPECORAZONES TRANSPLANTO HACE 30 AÑOS EL PRIMER CORAZON
El primer hombre al que hace hoy, miércoles, treinta años se le transplantó un corazón sólo sobrevivió dieciocho días, pero el 70 por ciento de los pacientes que son operados ahora tienen una esperanza de vida de al menos cinco años. <BR>Pes...
El primer hombre al que hace hoy, miércoles, treinta años se le transplantó un corazón sólo sobrevivió dieciocho días, pero el 70 por ciento de los pacientes que son operados ahora tienen una esperanza de vida de al menos cinco años.
Pese a la naturaleza de su hazaña, el cirujano de aquella operación, el sudafricano Chris Barnard, se hizo entonces casi más célebre como "rompecorazones" que como médico y su recorrido profesional no fue después paralelo a los avances de la ciencia.
"Realmente no lo vi como un gran acontecimiento. No llevé los fotógrafos a la sala de operaciones", comentó Barnard al ser interrogado hoy sobre sus recuerdos de la intervención quirúrgica que practicó el 3 de diciembre de 1967 en el hospital Groote Schuur de Ciudad del Cabo (extremo meridional de Sudáfrica).
El doctor sudafricano transplantó aquel día el corazón aún caliente de Denise Carvall, que acababa de ser víctima de un accidente de circulación, al cuerpo de Louis Washkanky, un enfermo cardiaco crónico.
"La clave estuvo en que me di cuenta de que el alma no está en el corazón. Un paro cardiaco no podía significar el fin de la vida", afirma ahora el médico.
Washkanky sólo sobrevivió dieciocho días, pero el perfeccionamiento de las técnicas quirúrgicas y un mayor conocimiento sobre cómo remediar el principal problema que plantea la operación, el rechazo del cuerpo a un órgano extraño, han elevado notablemente desde entonces la esperanza de vida de los pacientes.
Más de 40.000 transplantes de corazón se han practicado en el mundo en los últimos treinta años y un 90 por ciento de los enfermos sobreviven ahora al menos un año a la intervención.
Entre el 70 y el 75 de los operados superan los cinco años de supervivencia, en lo que la mayoría define como una "segunda vida. Es como nacer de nuevo".
Aunque en ella figura el caso de Dirk van Zyl -que murió el pasado 1996 de una diabetes que nada tuvo que ver con el corazón que Barnard le había implantado veintitrés años antes-, la carrera profesional del pionero no ha sido luego comparable al avance de la medicina.
La técnica de Chris Barnard fue rápidamente superada por la de especialistas europeos y norteamericanos y el doctor sudafricano pasó a aparecer con más frecuencia en las revistas de sociedad -entonces ya llamadas del "corazón"- que en las científicas.
Tras su éxito quirúrgico, Barnard se separó de su primera esposa y contrajo matrimonio con Barbara, una bella morena mucho más joven que él y con la que estableció una turbulenta relación que durante años mantuvo en vilo a la puritana sociedad blanca sudafricana.
El segundo matrimonio terminó también en divorcio y, como el primero, tuvo el fruto de dos hijos; de la manutención y educación de los cuatro se tuvo que hacer cargo Barnard, que, ya en las postrimerías de su actividad médica, probó fortuna en otros trabajos.
Después de casarse por tercera vez, en este caso con Karen, 42 años más joven que él, el célebre doctor se prestó a aparecer en la televisión, en anuncios publicitarios para promocionar productos comerciales que las cadenas sudafricanas retiraron este mismo año.
Jubilado desde 1987, Chris Barnard reside actualmente en Ciudad del Cabo y reclama a sus 75 años el reconocimiento de sus conciudadanos por lograr que el mundo "supiera por fin hace tres décadas en qué parte del planeta está Sudáfrica".
Con un retiro que no llega a los mil dólares, con los que también tiene que mantener a su actual esposa y a los otros dos nuevos hijos que le ha dado, el médico se dispone ahora a ofrecer sus servicios como conferenciante, para compensar, dice, lo exiguo de su renta




