“Sobre la molestia del Gobierno con los medios” por Gustavo Gómez

Editorial del director de 6AM Hoy por Hoy de Caracol Radio este jueves 8 de agosto de 2019

Los gobiernos suelen decir que sus problemas son de comunicación cuando afrontan situaciones de crítica o impopularidad. Que no logran que los mensajes de todo lo bueno que hacen lleguen a la gente. Entiende uno a los gobiernos: ¿a quién le gusta que le digan que las cosas no están saliendo bien?

Todo gobierno quisiera que los medios funcionaran como caja de resonancia de lo bueno, que es una elegante manera de decir que les encantaría que los medios funcionaran como una especie de división de prensa de su oficina de comunicaciones.

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Lo que revelan los medios, lo que se opina en los medios, molesta a los gobiernos e intranquiliza a quienes se encargan de comercializar los medios, de atraer la pauta, porque el Estado es gran anunciante.

No hay que aterrarse con eso: es una situación natural, en la que no queda más que seguir diciendo lo que hay que decir.

A los gobiernos les estresan los contenidos “negativos” de los medios, pero olvidan que no hacemos sino reflejar la realidad. Callarnos o cortarnos la pauta equivale a creer que, quebrado el espejo, quien se refleja en él recupera automáticamente la lozanía del cutis.

Hoy Human Rights Watch revela uno de esos informes que obliga al gobierno a fruncir el ceño y a revelar arrugas ante el espejo. Se trata de una mirada, basada no solo en cifras, sino en testimonios y entrevistas, que revela la situación terrible que vive la gente del Catatumbo, tanto colombianos como venezolanos, a merced de los poderes de la ilegalidad que se disputan el control de la región.

La crítica es contra el Ejército de Liberación Nacional (ELN), el Ejército Popular de Liberación (EPL) y un grupo que surgió de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Pero, y he aquí lo que molestará al gobierno: es evidente que no ha podido la autoridad controlar estas situaciones anómalas y tampoco evitar que nuevos poderes reemplacen los espacios que dejaron vacantes los miembros de las Farc que se desmovilizaron.

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No es suficiente con que el Estado no incurra en conductas reprochables. Es su obligación controlar a someter a quienes le compiten en el monopolio del ejercicio de a la autoridad. Oírlo no es grato, cuando uno tiene la responsabilidad de administrar lo público, pero es un reclamo de carácter obligatorio.

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