Histórica y solemne ceremonia: Juan Pablo II descansa ya en la Basílica de San Pedro
Unos 300.000 fieles de todo el mundo y unos 200 jefes de Estado han asistido en la Plaza de San Pedro de Roma al funeral. La misa, presidida por el cardenal Ratzinger, se ha visto interrumpida antes de la despedida cuando miles de fieles gritaron a favor de la santidad de Juan Pablo II
El papa Juan Pablo II fue enterrado este viernes en la cripta del Vaticano, tras un solemne funeral en la Plaza de San Pedro, en el que le rindieron homenaje gobernantes de todo el mundo y una multitud fervorosa, que le aclamó como santo. El grito de "santo, ya" lo repitieron durante la celebración religiosa decenas de miles de personas -muchas de ellas llegadas desde su Polonia natal- en el Vaticano y su entorno y en plazas y lugares históricos de Roma, donde se colocaron pantallas gigantes. Las autoridades italianas calculan que más de un millón de peregrinos siguieron el funeral en toda la ciudad, invadida en estas últimas jornadas por un río ingente de fieles, turistas y curiosos. Juan Pablo II recibió sepultura bajo tierra, como él mismo había dispuesto en su testamento, en el mismo lugar de las Grutas vaticanas que hasta hace unos años ocupó el sarcófago de Juan XXIII, hasta el traslado de sus restos a la basílica de San Pedro. A partir del próximo lunes se podrá visitar ya su tumba, situada entre las de las reinas Cristina de Suecia y Carlota de Chipre, con una sencilla inscripción que recoge su nombre y sus fechas de nacimiento y muerte. Las previsiones apuntan a que la sepultura del Papa Wojtyla se convierta en un lugar de peregrinaje, mientras en muchos lugares del mundo se le aclama como un santo, Juan Pablo II "el Grande", como le llamó el cardenal Sodano en la misa del día siguiente de su muerte. Ese clamor popular, recogido en innumerables pancartas, lo escucharon los gobernantes de los principales países del mundo que, con su asistencia al funeral, subrayaron la importancia en el plano político y social de sus 26 años de pontificado. Allí estaba el presidente de EEUU, George W. Bush, con quien el difunto Papa había mantenido tantas diferencias, sobre todo a raíz de la guerra de Irak, a la que se opuso con todas sus fuerzas, a pesar de que su salud ya era entonces extremadamente frágil. Junto a los gobernantes también fueron testigos del solemne funeral representantes de todas las Iglesias cristianas y de las otras grandes religiones, como expresión de los esfuerzos de Karol Wojtyla para estimular el diálogo ecuménico e interreligioso. Todos ellos escucharon las palabras del oficiante, el decano del Colegio Cardenalicio, el alemán Joseph Ratzinger, quien glosó la obra y figura del Papa fallecido y dijo que "quien le ha visto rezar y le ha escuchado predicar no lo olvidará nunca". La homilíaEl decano del Colegio Cardenalicio, Joseph Ratzinger, dijo durante la homilía del funeral de Juan Pablo II que los sentimientos que embargan en esos momentos son de tristeza total, pero también de alegre esperanza y de profunda gratitud. "Tenemos el corazón lleno de tristeza, pero también de alegre esperanza y de profunda gratitud. Este es nuestro estado de ánimo", afirmó el purpurado alemán, cuyas palabras fueron acogidas con una fuerte aplauso por los cientos de miles de presentes en la plaza de San Pedro. El oficiante del funeral de Juan Pablo II trazó un perfil del fallecido, resaltando sus años de juventud cuando era un entusiasta del teatro y trabajaba en una fábrica química (la Solvay), "circundado y amenazado por el terror nazi". Recordó cuando fue ordenado sacerdote, "lo fue siempre hasta el fondo", dijo, y subrayó que en la frase "Como el Padre me ha amado, así os amo yo, os llevo en mi corazón" se ve toda la figura del Pontífice. Agregó que despertó a los hombres de una "fe cansada, del sueño de los discípulos de ayer y hoy. Levantaos, Vamos, también nos los dice a nosotros". Destacó que Juan Pablo II siempre buscó el encuentro con todos, que tuvo capacidad de perdón y de apertura de corazón. "Nuestro Papa -lo sabemos todos- jamás quiso salvar la propia vida y tenerla para él, siempre se dio sin reservas, hasta el último momento", subrayó Juan Pablo II. Ratzinger recordó los viajes (104) por el mundo realizados por el Papa en sus 26 años y medio de Pontificado, destacando que si al principio era joven y lleno de fuerzas y al final enfermo, siempre anunció con intensidad el Evangelio. "El Papa sufrió y amó en comunión con Cristo y por ello el mensaje de su sufrimiento y de su silencio ha sido tan elocuente y fecundo", manifestó. Ratzinger concluyó su homilía señalando que jamás se podrá olvidar el esfuerzo que hizo esta pasada Semana Santa para, marcado por el sufrimiento, asomarse a la ventana de su apartamento para dar la bendición Urbi et Orbi. "Podemos estar seguros de que nuestro amado Papa está ahora en la ventana del Padre, nos ve y nos bendice. Sí, nos bendiga Santo Padre. Nosotros ponemos tu alma en manos de la Madre de Dios, tu Madre, que te ha guiado cada día y te guiará ahora a la gloria eterna de su Hijo", señaló el cardenal decano. La homilía fue interrumpida numerosas veces por los aplausos de los presentes."¡Santo ya!"Los gritos de "santo, santo" arreciaron al final de la ceremonia. Concluida la comunión y antes de que se celebrase el rito de la despedida, los cientos de miles de fieles rompieron de nuevo a gritar, entre palmas, "santo, santo ya".Los gritos se propagaron en segundos por toda la plaza vaticana y las otras plazas de Roma, mientras ondeaban banderas de Polonia. Ya en otros momentos de la misa, sobre todo tras la homilía, los fieles ya gritaron "Santo, ya", "Santo, ya", a la vez que ondeaban pancartas donde estaba escrito "Santo ya".Madera de ciprésLa ceremonia del funeral por el Papa Juan Pablo II comenzó con la colocación ante el altar de los restos mortales del Pontífice en un ataúd de madera de ciprés.La salida de la Basílica del féretro fue acogida con aplausos por los fieles que aguardan en la Plaza de San Pedro, a los pies de la basílica. El féretro fue llevado a hombros por los 'sediarios' y colocado en el centro de la escalinata. Encima de él se colocó el Evangelio. Durante la entrada los fieles cantaban el'Requiem æternam dona ei, Domine: et lux perpetua luceat ei' ('Señor dale el eterno reposo y que la luz perpetua resplandezca en el').Las autoridades mundiales estuvieron colocadas a la izquierda de la basílica, y a la derecha los cardenales y autoridades eclesiásticas. Un total de 160 cardenales llegaron a Roma para asistir a la ceremonia.Rostro cubierto por un velo de sedaAntes de la misa, el cadáver de Juan Pablo II fue introducido en el féretro de ciprés en una ceremonia celebrada en el interior de la basílica de San Pedro en presencia del Camarlengo de la Iglesia Romana, el cardenal riojano Eduardo Martínez Somalo.Tras ser colocado en el ataúd, el Maestro de Ceremonias Pontificias, el arzobispo Piero Marini, leyó el "Rogito", un pergamino en el que está escrita la vida y obras más importantes de Juan Pablo II. Después, Marini y el secretario privado de Juan Pablo II, Estanislao Dziwisz, cubrieron con un velo de seda blanco el rostro del Papa.Tras ese rito, el Camarlengo esparció con agua bendita el cadáver de Juan Pablo II. Después, el arzobispo Marini introdujo en el féretro las medallas acuñadas durante el Pontificado y un tubo de plomo en cuyo interior se colocó el "Rogito", tras sellarlo con el sello de la Oficina de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice.Paciencia para entrar en la plazaLas vallas que impedían el paso a la Vía de la Conciliación, la avenida que une Roma con el Vaticano, fueron abiertas poco después de las 06.30 horas y los miles de peregrinos que aguardaron durante toda la noche invadieron la zona. La entrada en la plaza de San Pedro se realizó de manera lenta y ordenada, ya que cada uno de los fieles debe pasar por un detector de metales bajo un estricto control policial.La Plaza de San Pedro y las vías adyacentes tienen capacidad para unas 300.000 personas, pero se calcula que entre dos y cuatro millones de peregrinos se han desplazado a Roma para asistir a la misa funeral, aunque sea desde una de las más de cien pantallas gigantes que han sido colocadas estratégicamente en distintos puntos de la ciudad.Delegaciones internacionalesCerca de 200 delegaciones internacionales han acudido a la Ciudad Eterna para dar la despedida al Papa, entre ellas la española, encabezada por los Reyes de España e integrada por el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Angel Moratinos, y el líder de la oposición, Mariano Rajoy.La ciudad de Roma, mientras tanto, está semiparalizada, ya que el tránsito ha sido restringido y sólo se permite el paso a los medios públicos, en una operativo de seguridad montado con más de 15.000 efectivos de la Policía y el Ejército distribuidos en los puntos estratégicos de la capital italiana.



