Porfirio Lobo, nuevo presidente de Honduras
El candidato del gobierno de factol, Porfirio Lobo, se llevó la victoria en las elecciones presidenciales de este domingo con 55% de los votos.

(Thot)

Redacción Radio France Internationale
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El candidato del gobierno de factol, Porfirio Lobo, se llevó la victoria en las elecciones presidenciales de este domingo con 55% de los votos. Su principal rival, Elvin Santos, del oficialista Partido Liberal obtuvo 38% de los sufragios, según datos preliminares del Tribunal Supremo Electoral, que ha escrutado dos tercios de las actas.
La participación en las elecciones fue de 61,3% (casi 10 puntos más que cuando Zelaya ganó los comicios en 2005).
Porfirio Lobo Sosa (más conocido como Pepe Lobo) tiene de 61 años y es licenciado en Administración de Empresas. Estudió en Estados Unidos y la Universidad Patricio Lumumba de Moscú, lo que le valió la apelación de “izquierdista”. Un calificativo que duró poco pues desde hace mucho milita en formaciones de derecha. Fue justamente el Partido Nacional (PN derecha) el que le llevó a la victoria.
Hijo de una de las familias más ricas de Honduras, es uno de los mayores productores de maíz, soya y sorgo. Lobo forma parte de los empresarios que han dado el salto de lo privado a lo público en poco tiempo.
Diputado desde 1990 y presidente del Congreso durante el gobierno de Ricardo Maduro (2002-2006), fue candidato presidencial del PN en las elecciones pasadas, las cuales perdió de cara al depuesto mandatario Manuel Zelaya, pero por sólo 73.000 votos.
Lo que le costó su derrota en ese entonces, fue la propuesta de introducir la pena de muerte y luchar contra la delincuencia, según los especialistas.
En su proyecto de ahora, planea formar un gobierno de unidad nacional para centrarse en tres pilares: trabajo, con la creación de seguridad laboral, atraer a inversionistas extranjeros y defender los valores nacionales. Programa muy general, que no llega alo específico, dicen los mismos analistas.
Pepe Lobo está casado, tiene cuatro hijos y un desafío político enorme. Es un hombre simpático y de gran carisma, pero hace falta muchísimo más para conciliar a la sociedad hondureña, dividida tras el golpe de estado (del 28 de junio) que derrocó a Manuel Zelaya.






