Opinión

Me dueles maternidad

Columna de opinión de David Valdelamar Rosenstand

Opinión /

Cuando los dolores del parto se expresan en su punto máximo es porque la cabeza del bebé está casi por salir, se liberan sustancias endógenas como las endorfinas para intentar aliviar este dolor pero no alcanzan un umbral suficiente y yugularlo.

Un galeno experto en traer vidas aplica sus conocimientos adquiridos con mucho sacrificio junto con su equipo de personas dedicadas a este oficio, para que el milagro ocurra y ese oxígeno maravilloso entre en los pulmones del neonato, y escuchemos ese llanto aliviador como símbolo de una bienvenida a este mundo.

Con los mismos dolores nos encontramos los parturientos trabajadores de la clínica Maternidad Rafael Calvo en Cartagena, quienes desde hace más de cinco meses nos encontramos haciendo de nuestras vidas un sufrido parto, intentando llegar con pocos recursos a cubrir nuestras necesidades básicas en cada hogar que encabezamos.

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Una administración que ha demostrado una acéfala formación en cumplir sus objetivos y cada vez más sumida en intereses desorientados, es quien está atendiendo este sufrido parto, sin saber cómo lograr que la cabeza del producto salga como debe ser y manteniendo en el tiempo el sufrimiento por falta de oxígeno monetario, para los pulmones del erario y las cuentas personales de los trabajadores que por más que estiramos los billetes no nos rinde en cubrir tanta deuda por dedicar nuestro conocimiento, tiempo y vida en mantener la maternidad a flote.

Parece que fuésemos fantasmas para el sistema, como si no existiéramos y como si desde la administración pública los trabajadores no contáramos.

A la opinión en general, dejemos la tibieza y generemos espacios de apoyo a la causa por lo público, que a la postre es lo único con que ‘Juancho Pueblo’ cuenta cuando se está muriendo o cuando vas a nacer.

De la forma en como defendamos nuestros espacios depende su continuidad y lo que dejemos a las futuras generaciones, que visto lo visto, el privilegio de nacer lo tiene cohibido por una mala administración o por desconocimiento con intención de quienes se han puesto a la delantera en todos estos menesteres.

Ojalá y una divina intervención se sensibilice con nuestro dolor, con el peor dolor que puede sufrir un ser humano y que ese mismo nos sirva para santificar nuestra existencia dando vida, una vida productiva y útil para una sociedad decadente en valores. Invito a todo lector de estas líneas a sincronizarse con la empatía y solidaridad que tanto nos hace falta y sacar adelante nuestra dolorosa crisis.

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