Erradicación forzada y violencia generan alertas en el Catatumbo
Tensión motivada por las protestas sociales, el accionar del ELN y otros grupos armados ilegales

(Foto Caracol Radio Cúcuta)

Cúcuta
El detonante de la violencia en esta zona del país sigue siendo el narcotráfico. La siembra de coca, arraigada desde la zona rural de Cúcuta hasta el Catatumbo vuelve a generar tensión y amenaza de paro armado.
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Un millón ochocientas doce matas se han destituido en 191 semilleros, 184 laboratorios, 14 cristalizaderos y el verde paisaje del Catatumbo está mimetizado por 32 mil hectáreas de coca sembradas. La orden es seguir avanzando en la erradicación de la mata que alcanza hasta el momento mil trescientas hectáreas, con operaciones que han dejado dos víctimas recientes y cuatro heridos, según lo explica el comandante de la II División del Ejército Nacional, general Marcos Pinto.
El oficial dijo que “nosotros tenemos una orden militar, legal, constitucional que es el proceso de erradicación de cultivos ilícitos, y sobre esta labor seguimos comprometidos. Entendiendo que este es el insumo del narcotráfico para hacer daño a esta región”
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A ese problema, que lleva décadas, se le han sumado las acciones de las guerrillas que han vuelto a la zona: ELN, disidencias de las FARC, así como el EPL y otras bandas criminales.
Más de 15 acciones violentas ha cometido el ELN después del cese de hostilidades hace 20 días. Por eso el llamado del gobernador de Norte de Santander, Silvano Serrano a insistir en los diálogos con esa guerrilla.
“Este es un grupo armado con una alta presencia en la región, y que genera una alta conflictividad en Norte de Santander por eso nuestra invitación a no desistir y buscar un acercamiento que conduzca a distensionar este departamento.”
Y la iglesia católica, a través del obispo de Tibú, Omar Sánchez, advierte que en el territorio la confrontación se agudiza y que la población civil sigue siendo la más afectada por que “su accionar es continuo y es una amenaza más dentro de todas las que ya tenemos en un departamento que por décadas ha sufrido el más crudo problema de la violencia.
La esperanza de los campesinos cocaleros está fundada en las promesas del Estado, que ha sido amplio en anuncios, pero corto en ejecuciones. Por eso condicionan su situación social. En esta región hay amenaza de una nueva protesta social o de un paro campesino. Sigue sin servicios públicos de calidad, sin vías, con debilidades educativas y de salud y solo han crecido las matas de coca y la cantidad de integrantes de grupos ilegales.




