Transmilenio

Así se cayó la licitación de Petro para nuevos buses de Transmilenio

El ex alcalde pretendía que el 100% de los buses fueran eléctricos, pero la actual administración dijo que no era viable económicamente.

Tres años y 10 meses utilizó la administración del alcalde de Bogotá Gustavo Petro (entre 2012 y 2015), en estructurar una licitación para la compra de 770 buses de Transmilenio, de la que se destaca que pretendía que todos los vehículos fueran eléctricos.

Ese proceso y sus consecuencias en el recambio de buses fueron la materia del reciente enfrentamiento en Twitter entre el exmandatario y al actual alcalde, Enrique Peñalosa, por las críticas de la comunidad al daño que la flota de Transmilenio le causa a Bogotá.

Ante tanto tiempo para abrir la licitación, la administración Petro prorrogó 240 mil kilómetros más a los buses del sistema, que tuvieron que ser repotenciados para seguir en funcionamiento.

La fecha de apertura de esa licitación fue el 20 de octubre de 2015, solo a 2 meses y 10 días de terminar la administración Petro.

Durante estos 60 días se recibieron varias observaciones, entre ellas del Congreso de la República y de la Veeduría Distrital, mostrando preocupación por cambios en el cronograma de la licitación.

Tras la llegada de Enrique Peñalosa a la alcaldía de Bogotá (el 1 de enero de 2016), se inició un estudio detallado a la licitación dejada por Petro y 13 días después se decidió no continuar con el proceso, aduciendo cuatro grandes riesgos, por factores económicos, de estructura y de calidad.

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Para la actual administración, los beneficios ambientales que darían los buses, pesaban casi seis veces más que la propuesta económica, lo que generaba riesgos al sistema de Transmilenio.

Uno de los argumentos para tumbar la licitación fue la autonomía de los buses, porque un articulado recorre 270 kilómetros cada día y las baterías eléctricas solo tenían una autonomía muy justa, de 280 kilómetros.

Así mismo, manifestó la alcaldía de Peñalosa que en el mercado no se encontraban comercialmente para Bogotá y que los buses eléctricos biarticulados no existen a nivel internacional.

También, Transmilenio manifestó que había altos costos de inversión y desconocimiento de rendimientos operativos, así como escasez de predios en la ciudad para instalar los requerimientos para buses eléctricos.

Hay que decir que la alcaldía de Enrique Peñalosa también autorizó extender en 200.000 kilómetros la vida útil de los buses, debido a que también uso 2 años y 11 meses, para estructurar una nueva licitación y adjudicar la compra de 1.440 buses, que empezarán a llegar en junio de este año.

A diferencia de la licitación de la pasada administración, la de Peñalosa dejó que existiera 51% de buses a gas y 49% con combustible diésel Euro V.

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