Alexei en la calle

Los niños desaparecidos de San Cristóbal

En el año 2004 por lo menos 30 niños y adolescentes fueron reclutados por paramilitares del Bloque Centauros. ¿Dónde están?

En febrero del año 2004 Saúl Ballesteros, de 33 años, residente del barrio Altamira, localidad de San Cristóbal sur en Bogotá, desesperadamente necesitaba dinero para viajar al municipio de Monterrey, en el departamento de Casanare. El motivo era recuperar a su hijo Saúl, de 15 años, y a su sobrino John Fredy, de 17, quienes fueron a supuestamente trabajar a los llanos orientales colombianos.

Saúl (hijo) y John Fredy crecieron juntos, jugaban en las calles del barrio e iban al colegio hasta que la difícil situación económica de la familia hizo que buscaran la forma de llevar dinero al hogar. El primero que probó suerte fue John Fredy, quien comenzó a cargar bultos en Corabastos para ganarse algunas monedas.

Laborando en la central mayorista el adolescente conoció a un hombre, quien le ofreció trabajo en el departamento de Casanare. No sabía haciendo qué tipo de actividad, pero lo cierto es que le prometieron que ganaría dos millones de pesos al mes; la oferta hizo que los ojos del joven brillaran más de lo normal, rápidamente se fue a contarle a Saúl sobre la propuesta y lo invitó a que viajara con él.

Los muchachos fueron recogidos por un camión, allí dentro del vehículo vieron a otros niños conocidos por ellos de los barrios Altamira, La Victoria y Moralba, sintieron cierto alivio al saber que no eran los únicos de esa zona del sur de Bogotá que se iban a “trabajar”.

Primero llegaron a Monterrey (Casanare) pero luego se internaron en el monte de la zona rural de Aguazul, se encontraron con grupo de hombres armados, fue cuando vieron a quien parecía ser el comandante decir: bienvenidos a las Autodefensas Unidas de Colombia.

No era precisamente el trabajo que imaginaban, esa noche despertaron casi que al tiempo a eso de las dos de la mañana, como si un reloj interno les diera aviso, se pararon y con mucho sigilo salieron del campamento, cruzaron un río y después de atravesar muchos matorrales llegaron al casco urbano de Monterrey, encontraron un teléfono público y llamaron a don Saúl, le contaron lo que estaba pasando y le dijeron que lo esperaban en la estación de Policía del pueblo.

Aquí y allá don Saúl recogió dinero y se fue a la terminal para coger un bus que lo llevara a Casanare. Llegó a las 8 de la noche a Monterrey, no había luz, preguntó a un habitante dónde quedaba la estación de la policía, le señalaron en medio de la oscuridad una estructura que parecía un bulto y caminó hasta el lugar.

Se fundió en un abrazo con su hijo Saúl y su sobrino John Fredy, le pidió a los policías que estaban en la estación que los dejarán quedar ahí pero los uniformados se negaron. El que parecía ser el comandante le entregó un papel que le hizo firmar para que se pudiera ir con sus familiares, don Saúl no sabía qué era, pensó en un permiso para llevarse los muchachos.

Buscaron donde quedarse pero no encontraron, extrañamente llegó un hombre del Ejército o eso parecía, dijo que ayudaría con el transporte, llegó un taxi con un pasajero en la parte de atrás.

Saúl se sentó en la parte trasera, en el medio de los dos niños, mientras ellos contaban detalles de su aventura. Saliendo de Monterrey sintió un revolver en la cabeza, un hombre salió del baúl y les dijo a los tres que se bajaran del taxi. Cuando lo hicieron vieron a unos hombres con fusiles. Saúl sintió la punta de un fusil en su boca y percibió olor a pólvora, le dijeron que nunca más volviera. Ese día vio a su hijo y a su sobrino por última vez cuando iban caminando con estos hombres, hasta que se perdieron en la oscuridad.

Hoy Saúl sólo piensa en que su hijo tendría 27 años, que seguramente lo estaría acompañando en su trabajo de carpintero, pero nunca más volvió a saber de él ni de su sobrino; ellos son sólo dos de entre 25 y 30 niños que desaparecieron de barrios de la localidad San Cristóbal sur y de Bogotá en el año 2004.

Según cifras oficiales de Medicina legal, desde el año 2000 hasta el 2015, 197 personas desaparecieron en la capital de Colombia, el año en que más hubo desaparecidos en Bogotá fue el 2004.

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