Especialistas miden el impacto real de las catástrofes naturales en el sueño de los colombianos
Expertos señalan que el impacto no debe reducirse a “no poder dormir”; la medicina del sueño evalúa hoy cuatro dimensiones científicas: calidad, cantidad, continuidad y sincronicidad.


Las catástrofes naturales y las contingencias ambientales no solo destruyen infraestructura o afectan la economía; también modifican silenciosamente uno de los procesos biológicos más críticos para el ser humano: el sueño.
En Colombia, la confluencia de la reciente actividad sísmica y las alertas climáticas derivadas del Fenómeno del Niño han alterado profundamente el entorno, los horarios y las condiciones de descanso de miles de personas. Sin embargo, la comunidad médica advierte que este impacto va mucho más allá de sufrir de insomnio.
De acuerdo con especialistas en medicina del sueño, evaluar el impacto de una emergencia natural requiere analizar el descanso como un proceso organizado y medirlo a través de cuatro dimensiones fundamentales: calidad, cantidad, continuidad y sincronicidad.
Este enfoque metodológico permite identificar alteraciones graves que no siempre son evidentes en el relato cotidiano de los afectados.
“El sueño normal no es simplemente permanecer con los ojos cerrados un número determinado de horas; es un engranaje de ciclos No-REM y REM donde se coordina la presión arterial, la frecuencia cardíaca y la regulación neuroendocrina”, explica el Dr. Diego Vanegas, médico especialista y magíster en trastornos del sueño, de VYRA IPS. Frente a una catástrofe o una época de alta incertidumbre climática, la pérdida de las rutinas habituales destruye este equilibrio. Por eso, clínicamente no basta con preguntar si la persona tiene insomnio; debemos medir objetivamente cómo se han fracturado las dimensiones de su descanso”, indican especialistas.
Las 4 dimensiones del desvelo colectivo
Para entender la magnitud de la crisis actual en el país, el experto desglosa los cuatro factores que los laboratorios de sueño analizan detalladamente tras una situación de emergencia:
1. Calidad: Evalúa parámetros técnicos como la latencia (el tiempo que tarda la persona en conciliar el sueño), la eficiencia global del descanso y el tiempo que pasa despierta tras haber iniciado el sueño. Estos datos permiten objetivar el impacto real del estrés en la corteza cerebral.
2. Cantidad: El número de horas necesarias varía según la edad. Tras un desastre, cuando los horarios se disuelven, herramientas como los diarios de sueño y dispositivos avanzados de actigrafía permiten estimar de forma objetiva los periodos reales de sueño y vigilia.
3. Continuidad: Es la capacidad de mantener el descanso a lo largo de la noche. La angustia por réplicas o alertas ambientales genera microdespertares frecuentes y fragmentación, impidiendo que el organismo complete las etapas profundas del sueño.
4. Sincronicidad: Hace referencia a la relación del sueño con los ritmos biológicos y sociales. Perder la regularidad de los horarios para acostarse y levantarse desorganiza por completo la estructura interna de la noche.
La factura biológica de un sueño alterado
El documento científico recuerda que el sueño profundo (Fase N3) cumple un rol irremplazable en los procesos de recuperación y regulación cardiovascular y metabólica, mientras que el sueño REM es el encargado de procesar la memoria, los procesos cognitivos y la regulación emocional.
Una alteración sostenida en cualquiera de las cuatro dimensiones deteriora directamente la capacidad de las personas para afrontar la crisis durante el día.
Con estadísticas epidemiológicas locales que demuestran que el 59.6% de los colombianos ya arrastraba quejas de descanso y un 45.3% requería asistencia especializada, la evaluación oportuna se vuelve prioritaria.
Al respecto, Carlos Humberto López, Gerente General de VYRA Medicina Integral Avanzada, destacó la importancia de masificar este enfoque: “Nuestro compromiso técnico y social ante las emergencias del país debe ir encaminado a educar a la población. Entender que el sueño es medible y multidimensional nos permite identificar con precisión científica a aquellas personas que necesitan una intervención médica específica para recuperar su salud biológica y emocional”.

Juan Carlos González
Comunicador Social y Periodista egresada de la Universidad Inpahu y la Fundación Universitaria Unihorizonte....




