¿Qué pasa con la salud mental tras una emergencia?: breve guía de primeros auxilios psicológicos
Una eventualidad con la magnitud del sismo que afecto al país hace una semana también deja consecuencias psicológicas, como la consistente sensación de peligro. Expertas explican cuándo pedir ayuda y qué hacer en medio de la coyuntura.

La emergencia dejó afectaciones en 15 departamentos y 472 municipios según reportes de la la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) | Foto: Cristian Bayona - Colprensa

Un ruido fuerte, una vibración leve del piso o el movimiento de una silla pueden generar la impresión del inicio de un temblor. Estas son sensaciones que pueden no desaparecer en algunas personas.
Diana Obando, doctora en psicología, explica que ante un evento que pone en riesgo la vida y la integridad, se activa el sistema de alarma del cuerpo y aparecen respuestas de estrés, angustia y una mayor atención. sobre todo a aquello que pueda representar un nuevo peligro: “el sistema queda como encendido”, comenta.
No existe tiempo exacto de recuperación, o un estimado general. Desde la experiencia de alguien que perdió a un familiar, su vivienda o que tuvo que ser rescatado de una estructura colapsada, el miedo puede mantenerse durante más tiempo como respuesta a lo vivido.
A esto se suma la reacción después de conocer el alcance de lo ocurrido. “Es parte de la supervivencia del ser humano anticiparse y decir: Y si pasa aquí, ¿qué hacemos?”, explica Obando. Por eso, continúa, algunas personas pueden sentir angustia, tener dificultades para dormir, permanecer pendientes de las noticias o imaginar constantemente escenarios negativos, incluso si no sufrieron daños directamente.
La señal de alerta aparece cuando, pese al paso de los días, el malestar no disminuye o interfiere con la vida cotidiana. En este punto es clave entender que existe una afectación emocional que no necesariamente es patológica: “es importante que la persona sepa que tiene todo el derecho de expresar y de sentir”, señala Laura Ramírez, psicóloga y especialista en terapias de tercera generación.
Otro estímulo son las redes sociales, que permiten conocer rápidamente lo que ocurre. Pero la exposición constante a imágenes, videos y relatos sobre el desastre también puede generar preocupación, explica Obando.
La razón, añade, es que el cerebro puede interpretar que la emergencia continúa en tiempo real cuando la persona permanece durante horas viendo videos, imágenes y reportes sobre el desastre. Por eso, una alternativa es establecer momentos específicos para consultar información y reducir aquellos contenidos que generan una reacción emocional demasiado intensa.
No querer salir de casa, evitar actividades por miedo a una nueva emergencia, no poder retomar el trabajo o los estudios, experimentar niveles muy altos de ansiedad o no contar con alguien con quién hablar pueden ser señales para buscar acompañamiento profesional.
“Cuando sienta que genuinamente la situación lo sobrepasa, y las herramientas psicológicas que tiene en el momento ya no le están funcionando, ahí es importante que alce la mano y pida apoyo”, aconseja Ramírez.
Herramientas e iniciativas de acompañamiento psicológico

No todas las personas con síntomas intensos desarrollarán un trastorno de estrés postraumático (TEPT). Las siguientes son guías y herramientas útiles para identificar y pedir ayuda.

No todas las personas con síntomas intensos desarrollarán un trastorno de estrés postraumático (TEPT). Las siguientes son guías y herramientas útiles para identificar y pedir ayuda.
En medio de esta situación, Laura Ramírez inició un servicio de apoyo que ofrece acompañamiento psicológico breve, gratuito y virtual a personas afectadas por el terremoto que no cuentan con los recursos para acceder a atención privada.
La propuesta contempla entre cuatro y cinco sesiones y está dirigida inicialmente a personas que hayan presenciado directamente el terremoto, sus consecuencias, o que estén experimentando síntomas como pesadillas, insomnio, ansiedad elevada o una sensación constante de peligro.
La iniciativa ya cuenta con cerca de 500 psicólogos voluntarios y contempla espacios de acompañamiento para los profesionales que están brindando apoyo.
Las personas interesadas pueden solicitar el acompañamiento a través del siguiente formulario: apoyo psicológico por el terremoto; También disponible desde el perfil de Instagram de @psicotorpe.
Allí se recoge información básica sobre la persona, su ubicación y circunstancias. “El tipo de acompañamiento no es igual para todas las personas. Depende de lo que cada quien haya presenciado o haya vivido”, explica.
También se contempla la atención para adolescentes y menores de edad bajo las consideraciones éticas correspondientes, entendiendo que, en los niños, el impacto de una emergencia puede manifestarse en cambios de comportamiento. “Los niños no suelen expresar las emociones con tanta claridad”, explica Obando.
Hablar sobre lo ocurrido con palabras sencillas, responder sus preguntas, explicar qué es un terremoto y mostrarles que la familia tiene un plan puede ayudar más que mantenerlos expuestos a imágenes de destrucción.
Las especialistas coinciden en que no siempre es necesario revivir detalladamente el evento traumático para necesitar ayuda, también se trata de lo que la persona experimenta en el presente.
Por su lado, Diana Obando, a través de la Universidad de La Sabana, publicó una guía práctica para el cuidado de la salud mental tras el terremoto. El documento ofrece recomendaciones basadas en evidencia para reconocer y gestionar las reacciones emocionales posteriores al evento, diferenciar entre respuestas normales de estrés y señales de alerta que requieren apoyo profesional, reducir la hipervigilancia y favorecer la recuperación de la seguridad y las rutinas.
Asimismo, incluye orientaciones para el acompañamiento con herramientas de Primeros Auxilios Psicológicos (PAP).
Estos sirven para brindar apoyo humano, respetuoso y no intrusivo a personas que atraviesan una situación de crisis. Lo más valioso es que no es necesario pertenecer al sector salud para aprender a usar este tipo herramientas, sino tener la voluntad para aprender lo necesario. De hecho, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) señala que pueden ser aprendidas por profesionales y personas no especializadas que estén en condiciones de ayudar.
La OPS cuenta con un curso virtual, gratuito y de autoaprendizaje sobre PAP en el manejo de emergencias, dirigido a voluntarios de la comunidad y personas que puedan brindar este tipo de apoyo.
La culpa de no poder ayudar

Para la ONU, la compasión es la continuación de la profunda empatía hacia el sufrimiento ajeno que desencadena en el deseo de actuar para aliviarlo, prevenirlo o remediarlo. | Foto: Cristian Bayona - Colprensa

Para la ONU, la compasión es la continuación de la profunda empatía hacia el sufrimiento ajeno que desencadena en el deseo de actuar para aliviarlo, prevenirlo o remediarlo. | Foto: Cristian Bayona - Colprensa
Con la emergencia también se despierta la frustración de quienes sienten compasión y quieren ayudar directamente a las personas afectadas, pero no cuentan con los recursos, los conocimientos o la posibilidad de desplazarse hasta las zonas de emergencia.
Luego puede que llegue la culpa por estar realizando actividades cotidianas mientras otras personas permanecen en las zonas afectadas; e incluso sentir que la ayuda que se ofrece dando es insuficiente.
Ramírez recomienda reconocer esas emociones sin castigarse por ellas y recordar que la respuesta ante una emergencia es colectiva.
No todas las personas tienen que estar en un centro de acopio, levantar escombros o desplazarse hasta una zona afectada. Algunas pueden donar, otras organizar ayudas y otras continuar trabajando para que quienes sí están en el terreno puedan hacerlo. “Es importante que el ser humano entienda lo que puede y no puede controlar”, señala Obando.

Sara Medellín
Periodista de Prisa Inspira. Encontró en el periodismo una forma de moverse entre mundos distintos y...




