La mujer que llevó el cacao colombiano del anonimato al mundo premium
María Carolina Angulo convirtió un cacao aromático y frutal en barras premium presentes en decenas de miles de puntos de venta y con destino a mercados como China, Estados Unidos, México y Austria.

María Carolina Angulo, reflejando innovación, educación del consumidor y liderazgo en su empresa. | Foto: Gabriela Muñoz

Durante más de una década, María Carolina Angulo recorrió Bogotá con el baúl del carro lleno de cajas de chocolate oscuro. Entraba a tiendas naturistas, gimnasios y ferias con la misma misión: ofrecer degustaciones y contar, con una pasión que parecía inagotable, el poder nutricional del cacao. “Me paraba en las tiendas a contarle a la gente sobre sus bondades. Si no hubiéramos educado al consumidor, no existiría la marca”, recuerda esta cartagenera de 39 años, criada en Cali, que decidió apostarle al ‘alimento de los dioses’, llamado así desde las culturas azteca y maya por su capacidad antioxidante, energética y de bienestar neurológico.
A su proyecto lo llamó Lök, una palabra prehispánica que significa “de adentro hacia afuera”. Ese concepto se volvió el punto de partida de todo lo que vendría: una marca que nació desde las raíces, con cacao de Tumaco (Nariño) y Arauca, y un trabajo directo con 1.300 familias cacaoteras que reciben acompañamiento técnico, formación, tecnología y pagos justos para impulsar procesos de sustitución de cultivos.
Desde su fábrica en el nororiente de Bogotá salen cada mes 30 toneladas de chocolate premium, de las cuales exportan alrededor de cuatro. Son barras con más de 60% de cacao, sin azúcar ni leche, que pasaron de ser una apuesta poco convencional dentro de la industria de golosinas a ocupar 45.000 puntos de venta en Colombia, 2.500 en China, 3.000 en Panamá, 4.500 en Estados Unidos y 250 en Austria. También han llegado a Rumania, Francia y México, impulsadas por un canal digital en crecimiento.
El reconocimiento más reciente llegó en septiembre del año pasado: Lök Foods recibió el Premio Nacional al Mérito Exportador 2025, en la categoría de pequeña empresa exportadora, entregado por Analdex y ProColombia como resultado de su crecimiento, innovación y estrategia de internacionalización.
De vender cacao a contar historias
En 2014, cuando Angulo todavía hacía personalmente las degustaciones, ya tenía una base sólida: un título en Administración de Empresas, una especialización en Gerencia Comercial y seis años de experiencia en mercadeo y ventas en Casa Luker, donde apoyó el desarrollo de mercados en Japón, México y Centroamérica. También trabajó como asesora de la academia chocolatera Callebaut, en Bélgica, un rol que la conectó más profundamente con la historia, las fórmulas y los procesos técnicos del cacao. Siguió el consejo de su madre: “Hazte indispensable a través del conocimiento”. Hoy es professional chocolatier de la École Chocolat de Vancouver (Canadá), además de enóloga y doctora en Administración.
Según la Organización Internacional del Cacao, el grano colombiano está entre los más aromáticos y frutales del mundo. En 2024, el 80% de las exportaciones del país recibió esa clasificación. “Antes exportábamos materias primas, no historias; por eso vendíamos un kilo de cacao seco a siete dólares. Al transformar ese grano en una barra premium, puede venderse incluso a 100 dólares. Ese debe ser el enfoque de Colombia”, afirma Angulo. Su visión, insiste, nació en casa: “Mi mamá siempre me dijo que era una ciudadana del planeta, que el universo habitaba en mí. Crecí sin límites mentales, con abundancia infinita de ideas”. Esa mentalidad la ha acompañado en el reto de llevar la marca a culturas diversas, y también es la que comparte con emprendedoras en sus charlas en la Cámara de Comercio de Bogotá.
Hoy celebra un cambio que tardó años: “La gente está empezando a poner el chocolate oscuro en su carrito del mercado”, dice. Un análisis de 2024 de Mordor Intelligence señala que este tipo de chocolate ya representa cerca del 40% del mercado global premium, impulsado por su asociación con bienestar, salud y calidad.
El camino, sin embargo, no ha sido lineal. Lök abrió oficinas en Miami y París, pero no funcionaron. “Escogimos mal”, reconoce. La solución fue trabajar con distribuidores locales y ampliar el horizonte de cada acuerdo comercial con contratos de confianza a 10 años. “Si no hay tiempo, no hay marca. Los negocios no se construyen con contenedores, sino con relaciones”, afirma. Y aunque las caídas fortalecen, 2024 dejó una prueba dura: la escasez mundial elevó el precio del cacao y golpeó los márgenes de la compañía.
Innovación para escuchar, crear y crecer
Para Angulo, la innovación ha sido una forma de enfrentar crisis, fortalecer la marca y abrir nuevos caminos. De las barras originales nacieron otros productos inspirados en la escucha diaria. “Yo le preparaba a mi hija una mezcla de almendra, quinua, piña y chocolate. Un día me dijo: ‘Mamá, deberías vender esto’”, recuerda. Así aparecieron los clusters. El chocolate con miel nació tras una conversación con Carulla. El cacao en polvo sin azúcar fue respuesta a una madre que evitaba la estevia para su hija. “Las mejores ideas nacen cuando uno escucha. Por eso el universo nos dio dos oídos y una boca”, dice. Hoy, Lök Foods ofrece granolas, mieles artesanales y una línea de salsas picantes llamada Ay, ¡María!; además, han sido los únicos en poner en el mercado colombiano chocolate endulzado con miel y barras de cacao al 100%.
“Construir una marca global desde Colombia es posible si se hace con propósito, tiempo, amor y coherencia”, asegura. Y aunque aliados como Éxito y Cencosud han destacado la rentabilidad y ventas de sus productos, prefiere no perder perspectiva. “Los premios son bonitos, pero efímeros. Si veo en 25 años que Lök sigue viva, ahí sí diré: lo logramos”.
Por ahora, su objetivo es equilibrar exportaciones y ventas nacionales, y sostener el crecimiento sin el respaldo de grandes multinacionales. Lo resume en una escena que vive con frecuencia: “Puedo tomar un vuelo a las tres de la mañana, ir a Miami o Houston, tener una reunión y estar a las nueve de la noche leyendo un cuento a mi hija en Bogotá. Así es liderar una marca global desde casa”, dice con convicción.




