Josefina Klinger: la lideresa que transformó Nuquí con la fuerza del canto de las ballenas
En Nuquí, el canto de las ballenas no solo anuncia la llegada de la migración; también marcan el ritmo de un cambio social que ha convertido la tradición y la solidaridad en motor de desarrollo para su comunidad.

Con Mano Cambiada, Klinger ha construido una red de solidaridad que fortalece la economía local y fomenta la cooperación entre familias y comunidades. | Foto: Federico Ríos

Desde hace casi dos décadas, Josefina Klinger ha impulsado una transformación social en Nuquí basada en valores ancestrales del Pacífico y en una relación profunda con la naturaleza. A través de la corporación Mano Cambiada, que dirige desde 2006, y del Festival de la Migración del Pacífico Colombiano, ha logrado que la comunidad se reconozca como protagonista de su propio desarrollo, beneficiando a miles de personas en el Golfo de Tribugá.
Un origen marcado por el territorio
Josefina Klinger nació en Nuquí, Chocó, hace 60 años. Su madre, Narcisa Zúñiga, la trajo al mundo en las playas del Pacífico norte antes de llevarla a Panamá, donde vivió hasta los cinco años. Cuando regresó a Colombia, se instaló en Quibdó “Al volver, me fui a vivir con mi papá y con su esposa; tuve muchos hermanos, muchos, así que todo se repartía por los afectos más cercanos. Yo empecé a trabajar desde mis 7, porque todo me lo ganaba de esa manera” recuerda.
Ya adulta, volvió a Nuquí para reencontrarse con su mamá y allí nació su primer hijo. Pero la idea de que “en Nuquí no pasaba nada” la llevó a regresar a Quibdó, convencida de que su futuro laboral estaría en la capital chocoana.
Con dos hijos y sin un apoyo real en la ciudad, tomó la decisión de volver a su tierra natal, cargando la idea de que era “la tierra de los fracasados”. Su expectativa era mínima, quería encontrar trabajo como empleada doméstica para asegurar lo básico. Lo logró rápido, con un acuerdo de trabajo de seis meses. Pero en ese tiempo algo cambió. Empezó a ver el territorio de otra manera. Entendió que Nuquí no era un destino sin futuro, sino un lugar lleno de posibilidades cuando la comunidad trabajaba unida. De ese descubrimiento nació la vocación que la sigue guiando: la búsqueda del bien común como motor de transformación.
Mano Cambiada: una red que sostiene al Pacífico
Ese impulso la llevó, en 2006, a dirigir y consolidar Mano Cambiada, una corporación que promueve la solidaridad comunitaria como base del desarrollo del Pacífico. Su propuesta parte de valores ancestrales como la minga, el trueque y la reciprocidad, y de la idea de que ninguna economía es sostenible si no garantiza bienestar colectivo.
Con los años, la organización ha beneficiado a 100 familias de manera directa y a cerca de 9.000 personas de forma indirecta, entre Nuquí y otros territorios como Bahía Solano. En el Pacífico, explica Klinger, todo está conectado, “desde quienes venden la gasolina para las lanchas, hasta quienes la compran; los que alquilan la lancha, los que venden el pescado. Esto se hace para darle solidez a una idea: el territorio se defiende entre todos” asegura. Ese engranaje, antes frágil, comenzó a fortalecerse gracias al trabajo comunitario impulsado por Mano Cambiada.
El festival de la Migración del Pacífico Colombiano
En 2010, Klinger asumió la dirección del Festival de la Migración del Pacífico Colombiano, un evento creado para celebrar la biodiversidad del Golfo de Tribugá y fortalecer el vínculo entre las comunidades y su territorio. Antes del festival, la historia de Nuquí era contada casi siempre desde afuera, marcada por narrativas de pobreza y violencia. Con el festival, esa mirada se transformó: los habitantes comenzaron a narrarse desde su riqueza natural, desde el canto de las ballenas y desde la fuerza cultural que los sostiene.
Ese canto tiene un significado personal para Klinger. Un día, después de esperar durante horas a que una ballena apareciera frente al mar, cerró los ojos y pidió perdón si, en otra vida, había hecho daño a alguno de esos animales. Cuando los abrió, un sonido profundo atravesó el agua. “Me respondió una ballena”, recuerda. Desde entonces, ese canto se convirtió en la brújula espiritual y política del festival.
Cada año, la última semana de agosto, Nuquí recibe a alrededor de 150 mujeres de distintos corregimientos y comunidades indígenas, más de 400 niños, 100 adultos mayores, 250 jóvenes, además de voluntarios que participan en los espacios académicos. Cada edición se construye alrededor de un concepto que orienta el encuentro. En 2024 fue “sentir diferente para ser diferente”; en 2025, “cuidarnos para decidir”. Ambos lemas buscan sembrar una nueva manera de relacionarse con el territorio: desde la responsabilidad compartida, la empatía y el cuidado de lo común.
La transformación ha sido visible. Ha disminuido significativamente el consumo de tortugas, la convivencia con las ballenas es más respetuosa y los niños y jóvenes del Pacífico se reconocen como guardianes de los legados ancestrales y de la riqueza ambiental de la región.
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“Lo que hemos querido hacer durante casi 20 años en Mano Cambiada es demostrar que Nuquí no es un pueblo con hotel. Gracias al trabajo de toda la comunidad hemos hecho de nuestro territorio un destino de fuerza social que está por encima de las narrativas marcadas por la violencia que ha atravesado al Pacífico colombiano”, dice.
Su liderazgo fue reconocido en 2015 con el nombramiento como Mujer Cafam Chocó, un homenaje a su labor en la construcción de soberanía territorial y participación comunitaria.
Hoy, Josefina Klinger sigue mirando el planchón del océano cada día, buscando nuevas formas de proteger a Nuquí y de mantener viva la voz del territorio. Su trabajo continúa sosteniendo a una comunidad que encontró en la naturaleza su identidad y su futuro colectivo.




