El reportero que llevó al público al corazón del jet set de Arauca

Juan Valentín Gamboa creó un medio que puso bajo la lupa al jet set araucano y terminó llenando el vacío informativo de su departamento. Su trabajo lo convirtió en un referente del periodismo regional en Colombia, incluso ante amenazas que lo obligaron a salir de su tierra.

Juan Valentín Gamboa, el reportero que puso al jet set de Arauca bajo la lupa. | Foto: Cortesía

Juan Valentín Gamboa, el reportero que puso al jet set de Arauca bajo la lupa. | Foto: Cortesía

A las cuatro de la tarde del 9 de abril de 2024, mientras caminaba Juan, por una calle de Arauca, una mujer desconocida se le acercó para advertirle que debía irse del departamento. Gamboa, entonces de 27 años, llevaba días recibiendo mensajes del ELN y sabía que las represalias podían llegar en cualquier momento. Volvió a su casa, empacó lo indispensable y, al día siguiente, salió de la región donde había trabajado desde joven.

Tras casi una década en emisoras locales y al frente de Jet-Set Criollo, el medio que creó en Facebook y más tarde extendió a YouTube y página web, Gamboa se consolidó como una de las voces más visibles del periodismo regional joven. Su rapidez para enlazar hechos y el ingenio con que bautizó el proyecto una ironía dirigida al jet set araucano: políticos, funcionarios y mandos armados hicieron que el medio se convirtiera en un referente en un territorio con poca información independiente. Que hoy figure entre los 100 Nuevos Líderes de Colombia reconoce la importancia de este periodismo en condiciones adversas.

Una infancia marcada por la radio

Gamboa nació en Cubará, un municipio boyacense en la frontera con Arauca y Venezuela. Creció sin televisión, con la radio como única conexión con el país. Su padre encendía la radio a las cuatro de la mañana antes de salir a pescar o revisar el cultivo, y el menor de cinco hermanos aprendió a distinguir qué era relevante y quién hablaba con interés genuino.

Terminó el colegio a los 16 y pasó casi tres años entre Cúcuta y Bucaramanga buscando un espacio en medios que no tenían cabida para un joven sin estudios formales. Volvió a Cubará convencido de que si quería hacer periodismo, tendría que abrirse paso desde allí. Con un amigo montó un programa de opinión en la emisora comunitaria, donde analizaban los diálogos de paz durante el debate sobre el plebiscito. No cobraban, pero lograron audiencia: la gente llamaba, opinaba y hacía preguntas. Esta experiencia le enseñó que la reportería es un servicio, no un ejercicio de visibilidad.

El aprendizaje que lo formo como reportero

En 2017 fue llamado a La Voz del Cinaruco, en Arauca, para cubrir una vacancia de dos semanas. Se quedó siete años. Llegó con inseguridad y salió con oficio. Cubrió instituciones locales sin perder de vista las veredas y aprendió a separar rumores de hechos. Sus primeras notas sensibles incluyeron un secuestro, un apagón de quince días y un atentado en Saravena. Entendió que Arauca, aunque distante del centro del país, influía de manera decisiva en la agenda nacional: “Me pregunté: ¿por qué no hacer periodismo a la altura de la relevancia de Arauca?”, recuerda.

Su paso por la emisora definió su estilo: investigar en terreno y tomar decisiones en minutos. Para 2021 ya conocía cada zona del departamento y entendía qué historias pasaban inadvertidas ante los medios nacionales. Fue entonces cuando creó Jet-Set Criollo, inicialmente en Facebook, donde comenzó a registrar la conversación cotidiana del jet set local. Más tarde amplió su presencia a YouTube y página web, grabando, editando y publicando él mismo. Su apuesta era simple: indagar y explicar lo que ocurría sin perder el ritmo de una región donde la información circula por canales informales.

El proyecto alcanzó su punto más alto con la entrevista a alias Antonio Medina, comandante del Frente 28 de las disidencias de las FARC. Gamboa entró a la selva con una cámara, una gorra con la palabra “prensa” y la camisa con el logo de su medio. Frente al comandante y tres guerrilleros uniformados, se acomodó en una mesa con un fusil y cuadernos. Con calma, abordó temas como reclutamiento de menores, homicidios, control del territorio y un posible cese al fuego. “Vine a la selva porque estoy cansado de los comunicados que nos mandan los grupos que no abren estos canales de diálogo”, dijo al cerrar la conversación.

Reconocimiento nacional y un nuevo exilio

El video se difundió en canales nacionales, acumuló cientos de miles de reproducciones y le valió el Premio Simón Bolívar 2024 en la categoría de Entrevista. Pero el impacto negativo fue inmediato: el ELN lanzó ataques en redes y panfletos, Gamboa recibió amenazas en las calles y tuvo que salir urgentemente hacia Bogotá. La Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) lo acompañó en la restauración parcial de su archivo y en los trámites legales para formalizar su caso.

Desde su nueva vida, mantiene la cobertura con cuidado, pero sin perder convicción. No renuncia a la posibilidad de volver a Arauca de manera segura ni a que Jet-Set Criollo se fortalezca más allá de su presencia física. “En Arauca había una comunidad huérfana de periodismo independiente y, con Jet-Set Criollo, ayudé a sacarla de esa orfandad”, afirma.

El caso de Gamboa revela la importancia del periodismo regional: muchas regiones dependen de reporteros que construyen su oficio con intuición y con capacidad de investigar y analizar hecha a pulso, a menudo sin formación universitaria. La salida de Arauca marcó un corte, pero no alteró sus motivos. “No voy a dejar de hacer periodismo. ¡Me rehúso!”, asegura, porque su oficio no depende del lugar donde esté, sino de la necesidad de seguir preguntando.

Periodista y gestor de medios. Exdirector de la revista Arcadia, trabaja desde 2021 en Radio Ambulante Studios.

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