Diamantina Arcoiris encontró en el bordado una forma de vivificar a las personas
Tras un duelo por el asesinato de su hermano la diseñadora de modas lidera iniciativas que cambian la vida de los habitantes de calle y drogodependientes por medio del bordado.

El diseño de modas y la labor social son el control del caos que encontró la diseñadora de modas colombiana. |Foto: cortesía - Diamantina Arcoíris
Sus documentos oficiales dan cuenta de que Catalina Azuero, de 44 años, ya no existe. Nombre y apellido: Diamantina Arcoíris (@diamantina_arcoiris), cambio que representó una revelación para la diseñadora de moda que se rebeló contra la costumbre de reducir a una persona a su nombre y profesión.
A lo que su nombre es una reafirmación a una personalidad que no le importan las opiniones ajenas ni le interesa encajar en lugares comunes, dos características que son la raíz de Amor Real by Diamantina Arcoiris, marca por la que acogió en su casa a más de 40 habitantes de calles y trabajadoras sexuales, en su mayoría, adictas a las drogas.
Actualmente, 22 personas que habitaron las calles y dejaron las drogas son cobijadas por el proyecto “Rediseñándonos”, bordan prendas para la marca. También participan de 20 a 23 personas que aún están en situación de calle, que trabajan los lunes en la noche.
Su trabajo conjunto ha tenido diferentes pasarelas; entre ellas, Yo soy medicina, presentada en la Bienal Internacional de Arte y Ciudad de Bogotá, en noviembre pasado, como parte del Mes de la Habitabilidad en Calle.
Por su labor. Los Premios al Talento y la Moda Colombiana le dieron el reconocimiento al Proyecto Responsable del Año, aunque todo esto surgió a partir de un profundo dolor de la diseñadora.
¿Quién fue el hermano de Diamantina Arcoriris?
Camilo Azuero, uno de sus cuatro hermanos, sufrió una adicción al bazuco que surgió, según le contó en una conversación, cuando en el servicio militar era mensajero de sus superiores para comprarles drogas.
Después de varias rehabilitaciones sin éxito, llegó a Copacabana, Antioquia. Recuerda que su mamá fue a buscarlo al centro de rehabilitación y encontró que estaba cerrado y nadie tenía razón de su hijo. En 2016 les entregaron el cuerpo y un expediente con detalles de cómo fue uno de los asesinatos como falsos positivos.
Sobre la experiencia expresa. “Acompañé a mi mamá muchas veces a Medellín a las audiencias”, refiriéndose al proceso dentro de la Justicia Especial para la Paz, “me cansé. Los militares llegan con sus abogados y dilatan todo. Ahí no pasa nada. El proceso de sanación no es por la justicia humana”, sentencia.
Pasaron 3 años y un proceso personal de perdón y liberación; aterrizó en el barrio Santa Fe, zona vulnerable con delincuencia e inseguridad de la capital, donde ahora está la Casa Rosada. “El día que encontré la casa entendí que estaba entrando a otro portal”, recuerda.
Allí abrió un café y una biblioteca para niños, que se transformó en pocos meses en un laboratorio de moda al entender a su nueva comunidad. Aprovecho lo aprendido en un taller que había dado a personas con situaciones similares junto a Idipron, el Instituto Distrital para la Protección de la Niñez y la Juventud de Bogotá.
Tenía unas máquinas guardadas que creia habian quedado con Catalina Azuero, en las noches de los lunes a las 9 de la noche invito a entrar habitantes de los andenes cercanos que fueron aprendiendo a bordar.
Para diseñar, confeccionar y comercializar las prendas hechas por las personas en su casa, creo la fundación Amor Real, mientras estaban allí, “dejaban un momentico la pipa, el pegante, y se sentaban a bordar conmigo”. Para ella, su viendo en ellos a su hermano. Entregándoles amor en lugar de reproches.
La oportunidad que aparecio en la pandemia.
Durante tal coyuntura, “Todas las instituciones cerraron. Fui la única que siguió abierta”, destaca Arcoiris, con el tiempo, su casa fue el refugio de 40 personas, quienes no tenían dónde dormir: jóvenes, mujeres trans e incluso un bebé de 11 meses.
Las cobijas “cuatro tigres” que tenían las convirtieron en abrigos —la prenda mas reconocida de la marca—. Recuerda que los vendía en Facebook y con eso “Comíamos dos semanas. De la tienda nos enviaban cajas de aceite y arroz. Mucha gente empezó a mandar donaciones”. Sin acceso al bazuco, muchos se desintoxicaron sin proponérselo luego de pasar hasta casi un mes durmiendo en algún espacio de la casa.
Aunque en un momento, cuando el confinamiento empezó a ceder, muchos pensaron que esa casa era una fachada para el microtráfico y empezaron a romper los vidrios y enviar notas debajo de la puerta.
“Me van a matar”, pensó. Escribieron oraciones en las paredes y, como si fuese una especie de conjuro, para esos días anunciaron que eran ganadores de 25.000 euros en reconocimiento por su trabajo por el príncipe Constantijn de los Países Bajos.
Aprovecho para pagar habitaciones para todos, limpio, pinto y vacío la casa y les propongo trabajar de 8 de la mañana a 5 de la tarde. Recibían un pago cada viernes y comían en la casa.
Con la experiencia, afino una guía para el caos, dio una nueva opción de vida, 22 empezaron a hacerse responsables de sus vidas y abandonaron las adicciones, otros se han ido y varios han muerto. Ahora, en su segunda casa en el barrio Alameda, presenta las colecciones que son un sustento y esperanza para sus “ñeros”.
La alquimia que crea la diamantina
La diseñadora reflexiona sobre el significado de su nombre; según la metafísica, es una energía poderosa que surge de una piedra que conecta la inmensidad del cosmos y ayuda a la evolución espiritual. “Quizá fue ambicioso ponerme ese nombre”.
Pero ha tenido un papel en personas sin motivos para vivirla y ellos le han dado razón para continuar con la suya, siendo dos cosmos que evolucionan cuando están juntos. En Aluna ancestral, otro de sus proyectos en el que comunidades indígenas hacen tejidos y crean una comunión de saberes.
Diamantina Arcoíris es una de las 100 Nuevas Líderes de Colombia:



