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Con fútbol y oportunidades, Deyson Quejada impulsa la transformación de Buenaventura

El deporte se convirtió en una herramienta de protección y esperanza para cientos de niños y jóvenes gracias a la Fundación Golazo.

Deyson Quejada: Fundación Golazo, Buenaventura | Foto: Cortesía - Fundación Golazo

Deyson Quejada: Fundación Golazo, Buenaventura | Foto: Cortesía - Fundación Golazo

Deyson Quejada, joven líder de 29 años del barrio Miraflores en Buenaventura, fundó la Fundación Golazo, una organización que hoy atiende a cientos de niños y jóvenes que viven en medio de la violencia urbana, la pobreza y el riesgo de reclutamiento. Su apuesta combina fútbol, apoyo escolar y formación en valores para ofrecer oportunidades reales en una de las ciudades más afectadas por el conflicto urbano en Colombia.

El origen de una iniciativa que creció sin freno

Lo que empezó como un torneo de barrio en 2020, con apenas 150 niños, se convirtió en un movimiento. Un año después, casi 1.000 participantes llegaron al evento, cifras que impulsaron la creación formal de la fundación en 2022.

Hoy Golazo trabaja en tres barrios de alta vulnerabilidad y mantiene un programa continuo de entrenamiento, acompañamiento académico y desarrollo socioemocional.

Quejada celebra un logro clave: 71 de los 75 niños del programa aprobaron el año escolar en 2024, un avance que muestra el impacto educativo del deporte en entornos marcados por la deserción.

Más allá del deporte: oportunidades de estudio y apoyo emocional

Además del trabajo deportivo, Golazo abrió un camino para quienes no logran profesionalizarse como futbolistas. La organización creó un programa de acceso a educación superior con becas del 70% para carreras técnicas laborales y alianzas con empresas que permiten prácticas profesionales.

El líder también impulsa los ‘Parches en paz’, encuentros comunitarios que fortalecen valores, reducen tensiones en los barrios y crean espacios seguros para niños y jóvenes afectados por violencia, bullying o pobreza extrema.

El fútbol como refugio y herramienta de cambio

Quejada asegura que su modelo nace de su propia historia: un joven que creció viendo armas en la calle, viviendo carencias y buscando espacios donde pudiera sentirse seguro. Ese sentido de comunidad lo encontró en un grupo juvenil religioso cuando tenía 17 años, y hoy replica ese acompañamiento en la cancha.

“Intentamos que no solo se pongan en los zapatos del otro, sino que caminen en ellos”, dice sobre los niños que llegan. El objetivo, explica, es que entiendan que un balón también puede ser un proyecto de vida.

Una apuesta ambiental en una ciudad que lucha por sus manglares

Golazo creó EcoGol, un programa de educación ambiental que trabaja con niños de 30 escuelas de fútbol para incentivar el reciclaje y el cuidado del ecosistema de manglares. Enseñan a reutilizar plástico para convertirlo en madera plástica, uniformes o pupitres, e incluso premian a los niños que más reciclan con guayos o uniformes.

Un territorio difícil que también crea esperanza

Buenaventura ha vivido décadas bajo el control de grupos armados y bandas criminales. El barrio Miraflores, donde creció Quejada, es frontera entre estructuras ilegales.

Pese a ello, su liderazgo ha logrado abrir espacios de convivencia y alternativas para jóvenes que antes solo veían dos caminos: la violencia o la exclusión.

Quejada fue elegido edil con 726 votos, impulsado por el mismo barrio que lo vio crecer. Aunque reconoce que el sistema público le ha impedido gestionar recursos, insiste en que su mayor fuerza está en el trabajo comunitario: “El fútbol es un imán que atrae a los niños, que les da sueños y esperanza”.

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