Así es como Óscar Piñeres transformó a Bucaramanga con una tabla de Skate
Piñeres ha formado desde 2008 a cientos de jóvenes usando el skate como herramienta de paz, disciplina y transformación social en Bucaramanga.

“Enfrentar una baranda gigante, una rampa alta, un truco que aterra, es una lucha diaria contra el ‘yo’”. Con esta Filosofía Oscar Piñeres encara (y enseña a encarar) los retos de la vida. | Foto: cortesía - Oscar Piñeres
En agosto último, Óscar Piñeres viajó más de 10.000 kilómetros hasta Stávropol, en Rusia, para recibir el Premio Laureado Kardo, único en el mundo dedicado a deportes urbanos y culturas alternativas. Allí, en una plaza y sin hablar ruso, improvisó una clase de skateboarding guiada solo con señas y sonrisas. Fue la confirmación de que la tabla es un puente entre culturas, un idioma propio que conecta a jóvenes sin importar la distancia.
Piñeres (44 años) nació en Bucaramanga y creció en el barrio Albania, desde donde bajaba por las laderas de la ciudad en patineta cada vez que podía. La velocidad y el movimiento se convirtieron para él en una forma de libertad en medio de las limitaciones económicas. Con el tiempo, esa intuición tomó forma académica: como tecnólogo deportivo, convirtió su trabajo de grado en el proyecto Skate por la vida, una propuesta comunitaria que pronto empezaría a transformar barrios y personas.
Puede interesarle: Tony Hawk, leyenda del skateboarding, pasó por Colombia: así quedó registrada su visita
Un proyecto nacido de la resistencia y del deseo de paz
Su primera experiencia enseñando fue en el barrio Álvarez, donde reunió a niños y jóvenes interesados en aprender. El entusiasmo de los participantes contrastaba con la resistencia de algunos adultos, que asociaban la patineta con daño o desorden. Incluso llegaron a cambiar el piso de la cancha para impedir la práctica, pero Piñeres y su grupo no abandonaron el espacio. Con diálogo y persistencia lograron que la Junta de Acción Comunal autorizara el ingreso de rampas y tubos móviles para entrenar.
Sin embargo, un hecho doloroso marcó su rumbo: el asesinato de su amigo Dani Ramírez en el skatepark del barrio San Martín. Esa pérdida reafirmó su propósito de usar la patineta como instrumento de prevención y convivencia. Desde entonces, Piñeres recorre Bucaramanga y su área metropolitana en moto, con tablas al hombro, buscando lugares seguros para enseñar y promover el deporte. Para él, la meta es clara: “No bajaremos los brazos hasta que no veamos toda la ciudad llena de espacios adecuados”.
Con el tiempo, su trabajo se integró a iniciativas institucionales. Hoy colabora con el Skatepark de la UIS, donde estudia filosofía, y con el Inderbu, lo que ha permitido dotar a jóvenes con patinetas prestadas y habilitar rampas móviles en distintos barrios. Calcula que desde 2008 han pasado por sus clases cerca de 900 jóvenes, aunque para él la verdadera medida del impacto son los reencuentros con antiguos alumnos que regresan a agradecer.
Siga leyendo
Filosofía, resiliencia y el sueño de una federación nacional
Lo que distingue a Piñeres no es solo su habilidad sobre la tabla, sino su visión profundamente humana. Mientras adelanta estudios de filosofía en la UIS, ha encontrado en el pensamiento estoico una guía para entender el skateboarding como una práctica mental: repetir un truco hasta lograrlo es, para él, una metáfora de la resiliencia. “El error es una alternativa de cambio”, dice, convencido de que cada caída enseña a buscar una mejor forma de levantarse.
Skate por la vida también trabaja emociones, miedos y autocontrol. Piñeres explica a sus estudiantes que enfrentarse a una rampa gigantesca o intentar un truco que aterra es una batalla contra uno mismo. Esa pedagogía emocional convierte al skate en un camino para construir disciplina, seguridad y propósito en jóvenes expuestos a entornos complejos.
Su mensaje ha trascendido fronteras, como lo evidencia el reconocimiento recibido en Rusia. Desde esa plataforma internacional, sueña con que Colombia cuente con una federación propia de skateboarding, al estilo de Brasil, que permita a los talentos vivir del deporte, viajar, competir y proyectarse ahora que el skate es disciplina olímpica. Su visión sencilla y poderosa seguramente lo llevara a seguir ayudando a que cada joven pueda expresar su arte y su talento, sin que el dinero sea un obstáculo.



