Alirio González: el guía que impulsó a Belén de los Andaquíes a contar su propio relato
Con la Escuela Audiovisual Infantil, este realizador abrió un camino creativo para niños y jóvenes en un municipio marcado por la violencia, y juntos han logrado dos premios India Catalina a Mejor Producción de Televisión Comunitaria.

Alirio González, el docente que impulsó la narración comunitaria en la Escuela Audiovisual Infantil en Belén de los Andaquíes. |Foto: Cortesía - Mauricio Aullón

En Belén de los Andaquíes, un municipio caqueteño de poco más de 12.000 habitantes, las cámaras, los micrófonos y los cuadernos de guion conviven con la vida cotidiana del parque, el hospital y la cancha de fútbol.
Allí, en la Escuela Audiovisual Infantil, Alirio González (Santa María, Huila, 64 años) enseña a mirar de otra forma: a registrar el territorio, sus voces y sus silencios. Desde este lugar, él y sus estudiantes se han convertido en un referente cultural para el pueblo y para el país, con dos premios India Catalina en la categoría de Mejor Producción de Televisión Comunitaria.
Más allá de los reconocimientos, su obra ha permitido que una comunidad golpeada por la violencia encuentre un modo propio de contar su historia.
Historias locales que conquistaron premios nacionales
Belén de los Andaquíes ha vivido, desde los años ochenta, una historia atravesada por la guerra. Primero fue la presencia del M-19, luego el dominio de las FARC y, después, la brutal irrupción de los grupos paramilitares. En 2001, el Frente Sur Andaquíes del Bloque Central Bolívar de las AUC se tomó la vereda Puerto Torres, donde vivían cerca de 500 familias, y la convirtió en un centro de operaciones marcado por desplazamientos, torturas y desapariciones forzadas. En 2002, la exhumación de 36 cuerpos evidenció la magnitud del horror en la región.
Por eso, que el primer India Catalina haya llegado en 2013, gracias a Telegordo, una serie que conquistó a los televidentes con relatos sencillos y creativos que retrataban vivencias del municipio, ubicado a una hora de Florencia, representa un logró historico que resalta la resiliencia de su población.
Nueve años después, en 2022, la Escuela volvió a ser celebrada con Historias de adultos narradas por niños, una propuesta animada que hizo parte de Verdad poética, iniciativa de la Comisión de la Verdad para reconstruir memorias del conflicto armado.
El camino de Alirio: de aprendiz inquieto a formador
Alirio González conoció ese territorio siendo muy niño. Llegó desde el Huila a los 3 años con su familia y creció entre sus ríos y montañas. A los 12, partió a Bogotá para estudiar en La República de los Muchachos, uno de los espacios que impulsó el padre salesiano Javier de Nicoló para jóvenes en situación de vulnerabilidad. Luego, un viaje educativo a Cali, dirigido a muchachos de la calle, despertó en él una vocación de educador que desconocía.
También estudió contabilidad y electrónica en el Sena, trabajó en la Secretaría de Salud de Cundinamarca, se unió a un emprendimiento familiar de alimentos y tocó saxofón en varias orquestas. Todo mientras intentaba descifrar cuál sería su rumbo.
Entonces, en 1994 regresó a Belén de los Andaquíes para dirigir la Casa de la Cultura. Más tarde, en los años más tensos del conflicto, se vinculó a la radio comunitaria. Ahí entendió que la violencia estaba imponiendo un relato único, uno que dejaba por fuera la riqueza social y natural de un municipio lleno de vida, por eso quería cambiar esa narrativa destructiva.
Así, en 2006 dio el paso definitivo con la creación de la Escuela Audiovisual Infantil. Al principio solo tenían una cámara donada, pero alcanzó para despertar la curiosidad de niñas, niños y jóvenes. “Sin historia no hay cámara”, les repetía, invitándolos a buscar relatos en las calles, en las casas, en sus propias experiencias. La escuela se convirtió en un laboratorio de narrativas locales: la relación con el agua, los sonidos del pueblo, la convivencia entre vecinos, la vida cotidiana como protagonista.
Ese proceso marcó a generaciones enteras. Camila Zapata Soto llegó a la escuela cuando tenía 7 años y participó en su primera película siendo una niña. Hoy, con 22, está a punto de graduarse como licenciada en Artes Visuales. “Aquí me mostraron cómo usar la cámara, cómo se hace una película. Este es un pueblo donde uno estudia bachillerato y ya. La Escuela te abre otras posibilidades”, dice.
Una memoria visual que elevó la autoestima del pueblo
Los logros de la Escuela Audiovisual Infantil hoy son parte de una especie de “egoteca local”, un archivo visual que resguarda la memoria de Belén de los Andaquíes y del Caquetá. Y, más importante aún, han transformado la percepción que el pueblo tiene de sí mismo. “La gente empezó a contar su propio relato, a reconocerse en su territorio. Cuando el pueblo cambió su imagen, cambió también su autoestima”, asegura González.
Después de muchos caminos y búsquedas, encontró el suyo entre cámaras, estudiantes y un pueblo que decidió volver a narrarse. “Lo que me hace feliz es enseñar”, dice desde el lugar donde, finalmente, se sabe en casa.
Alirio Gonzáles es uno de los 100 Nuevos Líderes de Colombia:




