Ruanda; sin control, las condiciones para el genocidio pueden darse en cualquier lugar
El presidente de Ruanda, Paul Kagame, se pronunció ante unas 3.500 personas reunidas en el imponente estadio BK Arena de Kigali por los 30 años del genocidio

Barracón de Camp Kigali, una base militar del centro de la capital de Ruanda, donde cuatro cascos azules belgas de la Misión de Asistencia de la ONU para Ruanda (UNAMIR) fueron asesinados al instante por soldados del Gobierno extremista hutu el 7 de julio de 1994, día de inicio de genocidio. Otros seis cascos azules se atrincheraron en el barracón, pero corrieron la misma suerte. Si hay algo llamativo en Kigali son las calles impolutas que surcan un sinfín de colinas con rascacielos emergentes, una fachada moderna y atractiva capaz de coexistir con los vestigios de uno de los peores genocidios de la historia, del que este domingo se cumplen 30 años. EFE/ P.A.F. / P.A.F. (EFE)
El presidente de Ruanda, Paul Kagame, alertó este domingo en su discurso con motivo del trigésimo aniversario del genocidio de 1994 en el que murieron más de 800.000 tutsis y hutus moderados de que las condiciones para una matanza étnica pueden darse en cualquier lugar si no se controlan.
“El proceso de división y extremismo que conduce al genocidio puede ocurrir en cualquier lugar si no se controla”, dijo el mandatario en una contundente intervención ante unas 3.500 personas reunidas en el imponente estadio BK Arena de Kigali.
Durante la ceremonia, a la que acudieron una decena de jefes de Estado y de Gobierno, Kagame definió cualquier “ambigüedad” sobre quienes fueron las víctimas del genocidio como “una forma de negacionismo, que constituye un crimen”.
El presidente hizo referencia a la situación en el este de la vecina República Democrática del Congo (RDC), a cuyo Ejército Kigali acusa de apoyar al grupo rebelde Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda (FDLR), fundado en el año 2000 por cabecillas y otros ruandeses hutus exiliados en ese país.
“Los restos de esas fuerzas (perpetradoras de la matanza) aún están en el este del Congo a día de hoy”, señaló Kagame, al asegurar que cuentan con el “pleno apoyo de los cascos azules de las Naciones Unidas” y que “sus objetivos no han cambiado”.
Como resultado de la colaboración entre los soldados congoleños y las FDLR, demostrada por la ONU, cientos de miles de congoleños tutsis han tenido que buscar refugio en Ruanda sin que exista “un programa de acción para su retorno seguro”, lamentó el dirigente.
Con las acciones de la ONU y de las tropas francesas desplegadas en Ruanda bajo su mandato tras el genocidio se mostró crítico también Kagame, al destacar el “contraste” entre el diferente valor asignado a las vidas de los extranjeros y de los ruandeses en la respuesta a la matanza.
A pesar de estas críticas, Kagame se deshizo también en palabras de agradecimiento para varios países como la propia RDC, Tanzania, Kenia o Burundi por haber acogido refugiados ruandeses y, en concreto, Sudáfrica por haber financiado el envío de médicos cubanos al país para reconstruir el sistema de salud además de ofrecer educación universitaria a sus jóvenes.
“También apreciamos el apoyo tangible que hemos recibido de nuestros socios fuera del continente durante los últimos 30 años”, señaló, citando a Estados Unidos, Europa y las organizaciones internacionales.
Con el objetivo de evitar que se repita la historia, aseveró Kagame, la política de Ruanda “no está organizada con base en la etnia o la religión y nunca lo volverá a estar”.
En un país con una edad media de 19 años según el Banco Mundial y donde la mayoría de la población no vivió o no recuerda las matanzas, el mandatario destacó que “sólo una nueva generación de gente joven tiene la habilidad de renovar y redimir una nación tras un genocidio”.
El genocidio empezó el 7 de abril de 1994 tras el asesinato el día anterior de los presidentes de Ruanda, Juvénal Habyarimana, y Burundi, Cyprien Ntaryamira (ambos hutus), cuando el avión en el que viajaban fue derribado sobre Kigali.
La matanza que siguió -el Gobierno ruandés acusó del magnicidio a los rebeldes tutsis del Frente Patriótico Ruandés (RPF), contra los que libraba una guerra desde 1990- causó la muerte de al menos 800.000 tutsis y hutus moderados en poco más de tres meses.
El genocidio fue una de las peores matanzas étnicas de la historia reciente de la humanidad.



