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De mina de cal a reserva biológica: “Encenillo” un ejemplo para Colombia

Después de ser explotada más de 60 años, la reserva cuenta con más de 14 hectáreas reforestadas.

reserva biológica “Encenillo” /

Desde hace 10 años, siete mujeres guías y un grupo de voluntarios, luchan por restaurar más de 200 hectáreas de bosque en la reserva biológica “Encenillo”, un paraíso natural ubicado en el municipio de Guasca a 1 hora de Bogotá, que en los años 90 era parte de una mina de cal.

“Antes solo se escuchaba el ruido de maquinaria, dinamita, trabajadores y los hornos que se utilizaban para quemar la piedra caliza estaban encendidos todo el día, entonces esa contaminación arrasó con la vegetación de la zona”, expresó Cecilia Gutiérrez, una de las mujeres que lidera el grupo de guías de la reserva y quien a sus seis meses de edad, llegó a vivir al lugar, porque su padre era uno de los trabajadores de la mina.

Ahora, 27 años después de cerrada la mina y que los predios fueran donados a la Fundación Natura, son más de 40.000 árboles y 14 hectáreas rescatadas de las “cenizas”.

“Nuestra prioridad ahora es seguir trabajando en la restauración y en algunos años hacer un corredor biológico hasta el Parque Chingaza, para que el venado de cola blanca, el oso de anteojos y el cusumbo, logren bajar a poblar estas zonas boscosas”, aseguró Néstor Urrego administrador de Encenillo.

Por su parte Santiago Arango, asesor ambiental, señaló que “esto se puede constituir en un ejemplo para todas las áreas degradadas por minería en Colombia, no es posible que estemos perdiendo 219.000 hectáreas de bosque al año, es decir 40 canchas de fútbol por hora”.

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Sin embargo, Cecilia explicó que es una recuperación lenta, “las 14 hectáreas reforestadas actualmente, tienen un proceso de 25 años. Los encenillos por ejemplo crecen 10 cm por año y los frailejones solo 1 cm”.

En cuanto a las estrategias que han adoptado para la recuperación de estas especies, se encuentran la creación de cinco lagunas al interior del terreno para multiplicar avistamientos de aves como la Pava Andina, y, un vivero donde cultivan entre 45 y 50 especies de semillas nativas como la ‘puya’ (alimento del oso de anteojos) o el frailejón, aunque este último aún se encuentra en proceso de germinación.

Otros de los beneficios a largo plazo según Arango, además de prevenir avalanchas y proveer un hogar a los animales, es que se convierta en una posibilidad de empleo y apropiación para algunos de los habitantes.

“Antes de nosotras estar trabajando como guías, los bosques y animales eran algo sin importancia, pero después de que tomamos conciencia y empezamos a entender su valor, entonces uno le va tomando cariño a su alrededor”, afirmó Cecilia.

Se espera que durante la siguiente fecha de restauración, el 26 de mayo, se siembren alrededor de 500 árboles.

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