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Lacouture: Chatarrización sostenible con encadenamiento sectorial

Los esfuerzos para retirar camiones viejos y contaminantes son bienvenidos, aunque son apenas paliativos

La Ex Ministra de Comercio, Industria y Turismo, ahora directora de la Cámara de Comercio Colombo Americana, AmCham Colombia, María Claudia Lacouture (@mclacouture ) hace algunos planteamientos sobre la necesidad de renovar el parque automotor de carga.

El Gobierno Nacional anunció un Programa de Modernización de Vehículos de Carga que busca interesar al sector a obtener beneficios fiscales, económicos y crediticios en un nuevo intento del Ejecutivo para que los transportadores jubilen los camiones viejos y de esa manera incentivar el complejo, lento y atrasado proceso de chatarrización que ocasiona deterioro ambiental, ineficiencia logística e incumplimiento de compromisos internacionales.

El programa, según leí en la prensa, pues no lo vi en el texto oficial, incluye estimular la posibilidad de que las empresas grandes, dueñas de tres o más vehículos de carga, puedan comprarle los camiones viejos- de más de 20 años de uso y de 10,5 toneladas de peso bruto en adelante-, a los propietarios de uno o dos vehículos de esas características. Esos pequeños propietarios podrían comprar un camión de mediano uso a la empresa grande y esta se encargaría de destruirlo y utilizar el cupo para uno nuevo.

De esta manera se lograría una renovación en forma de cascada, al impulsar que los pequeños que no puedan acceder al crédito para comprar un camión completamente nuevo tengan la posibilidad de hacerse a uno más actualizado.

Este modelo que se puso en marcha en México hace unos tres años y sobre el cual me referí en una columna en septiembre del año pasado, como una solución novedosa que va más allá de la simple transferencia de recursos, vale la pena estimularlo, como parte de un Plan Padrino que propicie un encadenamiento virtuoso y permanente.

El programa, destinado a los propietarios de uno o dos camiones, se proyectó bajo el principio de emprendimiento y procura eliminar a los intermediarios con procesos expeditos y directos.

Todos los esfuerzos para retirar camiones viejos y contaminantes son bienvenidos, aunque puedan terminar siendo apenas unos paliativos para el problema de fondo, que es retirar del mercado 51.000 vehículos con un peso bruto igual o superior a 10.5 toneladas y más de 20 años de antigüedad.

Las expectativas del Gobierno es que en este cuatrienio se eliminen 25.000 vehículos y para lograrlo asignó para este año un presupuesto de $300.000 millones.

La modernización del sector automotor debe entenderse como un proceso urgente de actualización en favor del medio ambiente y de la competitividad y no como un compromiso con Estados Unidos o la Unión Europea, o una tarea pendiente con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

En la Organización Mundial del Comercio (OMC) está la obligación general de no poner restricciones a las importaciones salvo por razones técnicas. En ese sentido, los TLC recogen la norma. No hay nada específico para camiones. Lo que pasa es que el esquema de chatarrización es una restricción no técnica y en ese sentido cualquier país de la OMC nos puede demandar. Por eso es un tema que le molesta a México, a los europeos, a los argentinos y también a los estadounidenses.

Debemos actualizar nuestro parque automotor porque el país lo necesita, porque nuestros productos de exportación lo requieren, porque la construcción, ampliación y mejoramiento de las carreteras avanza, porque lograrlo será una señal de que realmente entramos en la era moderna del comercio mundial.

Debemos cumplir con los compromisos adquiridos para renovar nuestros envejecidos camiones, superar los focos de resistencia y la escasez de recursos, coordinar un gran esfuerzo nacional que involucre a todos los interesados para ponernos al día con la renovación y buscar soluciones amigables que faciliten el recambio, sobre todo, que permita un mecanismo permanente y sistemático, ya que de nada sirve cumplir las metas ahora si en diez años estamos otra vez colgados.

 

 

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