Corrupción genera en el cerebro una reacción similar a la del consumo de drogas
Así lo arroja un estudio realizado por científicos del University College de Londres.
Un estudio realizado por el University College de Londres, arrojó que cuando las personas cometen actos deshonestos estos tienen una reacción negativa en el cerebro, lo que conocemos como culpa. Pero cuando estas malas acciones se vuelven repetitivas la resistencia emocional se pierde, y la personas dejan de ver este como un acto negativo.
Los científicos, registraron que a mayores las transgresiones, menores son las resistencias emocionales. Y sucede, como decimos coloquialmente, que alguien pierde los escrúpulos.
En el estudio se monitorearon las acciones de 80 voluntarios que fueron puestos en situaciones en las que podían engañar para obtener beneficios personales a costa de otros.
En una de las pruebas, se les pidió a las personas calcular las monedas que había en un frasco de vidrio sin que otro participante pudiera verlo, luego debía dividir el dinero de forma equitativa. Tras repetir varias veces el experimento, los participantes empezaron a realizar pequeños actos deshonestos.
Durante todo el experimento se monitoreo la actividad cerebral de los participantes, y se observó que la reacción de un área conocida como amígdala, en el lóbulo temporal, fue intensa durante el primer engaño; pero con la repetición estos actos, la actividad en la zona encargada de producir un estímulo de incomodidad se cada vez se hacía menor.
Por su parte, Hernando Santamaría especialista en neuropsiquiatría, comentó que también se trata de una conducta que es corregible desde la sociedad. “Cuando una persona comete un acto deshonesto y es juzgado o acusado públicamente la respuesta del cerebro es de vergüenza, por lo que la persona tiene una experiencia negativa del episodio. Si todo lo contrario, nadie le dice nada, el cerebro normaliza esta conducta y por ende no la va a entender como incorrecto o inmoral”.
Santamaría también afirma que este tipo de conductas se desarrollan en la infancia y desde ese momento se deben controlar, “Las personas que hoy cometen actos que asociamos a la corrupción comenzaron desde pequeños cayendo en situaciones de deshonestidad que parecían irrelevantes y nadie corrigió. Así que en otra palabras, el cerebro se adapta para delinquir".




