Dónde está la bolita

Refresca tu zona Pe

Por Carol Ann Figueroa

Yo sabía que iba a venir –le dice un hombre a su amigo al llegar a una discoteca y notar que en la barra se encuentra ella, la hermosa mujer con la que desea tener sexo toda la noche. Acto seguido se va con su amigo al baño y una vez allí saca de su billetera un empaque cuadrado de unos cinco centímetros y se lo muestra con una sonrisa de seguridad total. ¿Y eso? –pregunta el amigo. Son los nuevos pañitos frescura extrema –responde él. Eliminan esos residuos que generan olores e irritaciones, y sus cápsulas instacool te dan una sensación de limpieza y frescura prolongada –concluye mientras una injustificada brisa atraviesa su pantalón y sacude en cámara lenta la tela que cubre su zona P, es decir la zona donde se encuentra su pene, es decir la equivalente a la zona V en las mujeres.

Se trata del más reciente comercial de cuidado íntimo para hombres que anda circulando por ahí. ¿No lo han visto?
Claro que no, porque no existe. Ellos no necesitan sentirse “íntimamente frescos, íntimamente seguros” cada vez que ven a la mujer con la que planean tener sexo más tarde y pese a haber “notado que la temperatura de su zona P se siente más alta que la del resto de su cuerpo”, no necesitan usar jabones con “menta de agua” que les den “la máxima sensación de frescura justo ahí”. Por supuesto tampoco necesitan el “ácido láctico que previene infecciones, irritaciones, olores y picazón”, pese a que todos tenemos claro que aquello les pica constantemente, y que por eso no pueden evitar rascarse la entrepierna sin ningún pudor en cualquier momento y en cualquier lugar.

Por más ridículos que parezcan los diálogos y las frases arriba entrecomilladas, éstos corresponden a dos de los más recientes comerciales sobre cuidado íntimo para la mujer que andan circulando por ahí. Dos de esos (de tantos, de demasiados) que decoran nuestras vaginas con maripositas animadas o puntitos azules que señalan con nerviosismo de pulga, que debemos pensar en nuestra “zona V” como un lugar tan pero tan profundo e inhóspito, que con un baño regular no quedará limpio, y que debe ser minuciosamente esterilizado no tanto para evitar problemas de salud, como para sentirnos seguras en caso de que el sexo opuesto se acerque a él, de modo que al hacerlo descubra un espacio refrescante y mentolado, cosa que si no se ha lavado la boca mate dos pájaros de un solo tiro.

Uno se pregunta por qué tanta preocupación por mantener aseada la zona íntima de las mujeres, por qué ninguno de nosotros ha visto jamás un comercial de cuidado íntimo para los hombres, o por qué en sus duchas nunca se encuentra uno con un producto especialmente diseñado para que su zona P permanezca aseada. ¿Acaso la vagina se recalienta mucho más que el pene y los testículos? ¿Los pliegues de la una acumulan más suciedades que los del otro? ¿Por qué preocuparse más por el mal olor de ella y en absoluto hablar del mal olor de él?

Quizás no haya que darle muchas vueltas. Quizás haya que pensar que es obvio que la mujer debe esforzarse por tener todo todito limpio para él, y que él en cambio no tiene siquiera que preguntarse a qué le olerá o sabrá su zona P, cada vez que una mujer se acerque a ella.

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