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Penitentes de Santo Tomás, Atlántico: cuestión de fe o fanatismo religioso

Como cada Viernes Santo decenas de flagelantes se dan cita para purgar sus culpas o pagar mandas.

El tradicional rito de flagelarse cada Viernes Santo en un recorrido de varios kilómetros por las polvorientas calles de Santo Tomás, Atlántico, parece negarse a desaparecer, muy a  pesar de las críticas y del rechazo de la Iglesia

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Cada año, decenas de penitentes se dan cita en el caño de las palomas, desde donde comienza el recorrido por la denominada ‘calle de la amargura’  hasta llegar a la calle del calvario, pasando por varias estaciones bajo un sol canicular y una temperatura de más de 34 grados centígrados

Quienes protagonizan este espectáculo lo hacen en cumplimiento de promesas hechas por un milagro recibido. Y aunque no se conoce, a ciencia cierta, desde cuando se inició esta tradición, lo que sí es seguro que la misma ha pasado por varias generaciones

De acuerdo con los abuelos, los primeros que iniciaron esta costumbre fueron habitantes de Santo Tomás, pero con el pasar de los años se le fueron sumando vecinos de municipios vecinos, pero las publicaciones de los medios de comunicación que hicieron del evento una noticia de talla mundial, hoy atrae no solo a penitentes sino a turistas de otras ciudades de la Región Caribe y el resto del país

Quienes se azotan cada año saben lo que es sentir en su piel el ardor y el dolor por los latigazos que deben producir sangrado para que la purga sea significativa, según los entendidos

Pero a pesar de las críticas, del rechazo de la Iglesia y de lo poco agradable que resultan estos cuadros, esta tradición se niega a desaparecer. Y si bien no se está permitido que menores de edad participen de los mismos, la historia ha demostrado que muchos de quienes hoy hacen parte de la lista de penitentes, fueron destinados, desde pequeños, a cumplir con este sangriento ritual

Y aunque muchos aseguran que esto es cuestión de fe, para otros esto es un espectáculo que raya en el fanatismo, y hay, incluso quienes se atreven a afirmar que ya pasó a ser un negocio, pues no falta quien recibe dinero por flagelarse para limpiar culpas ajenas, y por supuesto los que aprovechan el acontecimiento para la explotación comercial.

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