¿Y de la virginidad de ellas qué?

Para algunas personas la virginidad de las mujeres está relacionada con la primera vez o con un himen intacto.

Para sorpresa de muchos, ninguna de esas asociaciones es necesariamente correcta; pues tenemos mujeres con su himen intacto que son madres biológicas (no es que sean adoptantes o madres por inseminación artificial o por implantes) y tenemos mujeres que han vivido experiencias sexuales con penetración y con su himen roto pero a quienes consideraríamos vírgenes

 En el primer caso se han dado las excepciones en las que una mujer ha tenido relaciones sexuales con penetración peneal; queda embarazada y tiene su hijo y aún así mantiene su himen intacto dado que durante la penetración su himen elástico cedió sin romperse y además el nacimiento de su hijo se dio por cesárea.  Técnicamente esta mujer podría ser considerada virgen a menos que su historia clínica o su propia versión de sus experiencias revelaran la verdad

 Por la otra parte, desgraciadamente, tratamos con el caso de mujeres que han sido violadas pero que tendrían el derecho de considerarse y ser consideradas vírgenes, si ello les interesara, al entregarse al hombre que aman y con quien hubieran querido vivir, disfrutar y recordar esa primera vez

 Adicionalmente contamos con múltiples ejemplos de mujeres a quienes, sin procedimientos sexuales, se les ha roto el himen y por tanto, técnicamente podrían ser consideradas no vírgenes cuando en realidad lo son desde la perspectiva sexual

 Ante tanto complique para establecer la condición de virgen o no de una mujer y, además, la veracidad de esa afirmación; solo queda preguntarse ¿y eso para qué sirve? ¿qué propósito puede tener el saber si una mujer es virgen? A mi juicio hay dos indignos motivos principales, que han debido someterse a extinción tiempo atrás pero que se mantienen por tontas e innecesarias tradiciones: 1) Para establecer la paternidad de al menos el primogénito y 2) Para evitar que la mujer pueda comparar sexualmente a sus parejas

 Qué triste que aún hoy los hombres necesitemos de estos seguros para proteger nuestra hombría. Para cuando nuestra organización social era tan primitiva que los hombres solían salir de cacería mientras que las mujeres se quedaban en asentamientos a criar a sus hijos y tal vez a cuidar ciertas cosechas y a algunos animales domésticos, se desarrolló la idea de proteger patrilinealmente a los hijos con las herencias representadas por las fortunas amasadas por sus padres en vida. Pero en estas comunidades sociales, aún no muy organizadas, se temía que los hijos que se le atribuían a un hombre no necesariamente fuesen suyos puesto que había pasado mucho tiempo fuera y, al llegar, su esposa estaba embarazada o ya había un hijo nuevo del que incluso no se conocía su embarazo. Se comenzó a dar importancia al hijo primogénito –llegando a ignorar y abandonar en herencia a los demás- por cuanto era el único del que se podía tener un poco de certeza respecto de la paternidad siempre y cuando la esposa fuese virgen al tomarla y no se separase de ella hasta conocer de su estado de embarazo

 Si a esto sumamos la terrible prevención de los hombres a ver cuestionada su hombría, no es de extrañar que muchos prefieran a una mujer virgen por cuanto ella no tiene forma de saber cómo son sexualmente los demás hombres. Aún hoy tenemos ejemplares de nuestro género con estas características.          ¡Qué pena para el sexo masculino! El concepto de virginidad debería abolirse. Es una de las formas de discriminación e inequidad de género más deshonrosas; para los hombres por exigirla y para las mujeres por permitírselos

 El que una mujer haya tenido experiencias sexuales anteriores a conocernos no debería implicar más que nuestro respeto por ese derecho inalienable, el reto por ser más cada día y la fortaleza de nuestra autoestima para saber que con lo que somos o seamos podemos ser suficientes sin ser mejores que otro.

Más información

Cargando