Asfixia erótica

Consiste en disminuir de manera dramática el flujo sanguíneo al cerebro durante el éxtasis orgásmico.

Originalmente conocida como autoasfixia erótica, esta peligrosa práctica consiste en disminuir de manera dramática el flujo sanguíneo al cerebro durante el éxtasis orgásmico de una respuesta sexual. Se le ha denominado igualmente asfixiofilia o hipoxifilia; todos los términos refiriéndose a la drástica disminución de aporte de oxígeno lograda mediante el uso de mecanismos de ahorcamiento o con sistemas de asfixia como bolsas o taponamiento de la vía respiratoria por cualquier medio. Existe una particular similitud entre esta práctica y los resultados obtenidos con los poppers (nitrato de amilo) puesto que al inhalarlos se produce gran dilatación de las arterias periféricas que aportan sangre al cerebro y transitoriamente se pierde la presión, disminuyendo el aporte de oxígeno

No se conoce bien el mecanismo por el cual se incrementa, de manera notable, la sensación de placer durante estas prácticas y se han propuesto hipótesis que van desde el masoquismo hasta explicaciones neurobiológicas que sugieren alteraciones en la química cerebral, especialmente en los centros de placer

En principio parece ser que era una práctica principalmente masculina y que hacía parte de los rituales de masturbación. Hoy sabemos que lo practican también algunas mujeres y que se ha convertido para muchas parejas en uno de los procedimientos de su repertorio sexual

Practicar a solas este procedimiento requiere de ciertos mecanismos de control con los que se pueda, apenas a tiempo, deshacer la asfixia retirando el lazo de ahorcamiento o retirando las bolsas o taponamientos para evitar la muerte. Es obvio que en un momento orgásmico –que se define como un bloqueo mental transitorio por sus características de aislamiento de la realidad externa- muchas personas no tuvieron opción de control y murieron asfixiados en su juego erótico

Por otra parte, en las parejas que practican esta variante de placer, se ha presentado la muerte de alguno de ellos por cuanto el otro no detuvo a tiempo la asfixia, casos en los que cabe la denuncia por participación en homicidio, frecuentemente sin el atenuante de que la práctica era consentida ya que a veces no hay forma de probarlo y se puede interpretar como homicidio en primer grado

Los daños en el sistema nervioso central por las repetidas faltas de oxígeno; las marcas en el cuello por el uso de lazos, cadenas, alambres, las mismas manos y otros elementos y el alto riesgo de muerte en cada episodio hacen de esta conducta sexual insólita una de las más peligrosas y poco recomendables, en contraste con el inmenso placer que parece obtenerse con ella

Cada persona tendrá que establecer el costo-beneficio para determinar si la incluye como parte de su repertorio sexual o si acepta ayudarle a su pareja a practicarla

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