Columnistas han dedicado varios textos a la salud de Angelino y las repercusiones en la Vicepresidencia
Lea aquí algunas de las columnas en las que periodistas se refieren a lo que pasaría con la Vicepresidencia ante un eventual retiro de Angelino Garzón.
Aferrado al poder Por: Felipe Zuleta Lleras en El Espectador No tiene funciones definidas en la Constitución, es por eso que su oficio se limita a lo que le dé la gana al presidente de la República. Su vocación de suceder al presidente es muy eventual, pues sólo lo podrá hacer durante las faltas temporales del mismo
Con todo, esta semana, como consecuencia de la cirugía a la que fue sometido Santos, se abrió el debate sobre el verdadero estado de salud de Garzón. Y el asunto no es de poca monta, pues ciertamente, pese a su asombrosa recuperación, lo cierto es que el vicepresidente está muy impedido físicamente y, como él mismo lo sostuvo, tiene algunos impedimentos cognitivos
Por eso resulta un contrasentido que aspire a ejercer la Presidencia, pues ciertamente está en unas condiciones que deberían más bien hacerlo meditar sobre sus prioridades. Y ellas deberían empezar por sanarse completamente, además de dedicarse a los cuidados de su esposa Monserrat que, como él mismo ha dicho, es su derecha y su izquierda, y quien en días pasados fue operada de un cáncer en los riñones
Me resulta muy difícil entender que el poder produzca esta clase de trastornos en personas que ante sus demás conciudadanos presumíamos bastante más equilibradas
Como sostenían algunos tuiteros el viernes, después de que Garzón se negó a dejarse practicar los exámenes médicos: si él hubiera sido un trabajador sindical petrolero en Yopal, ¿no hubiera buscado afanosamente salir con su pensión de invalidez?Por lo demás el argumento de que está discapacitado, no incapacitado, no es cierto desde el punto de vista de las normas, pues la Constitución habla de incapacidad permanente o temporal. Si Angelino hubiera sido el presidente y otra persona el vicepresidente, cuando al primero le dio una isquemia y quedó en coma por varias semanas, ¿acaso no hubiera sido necesario que asumiera la Presidencia quien era el segundo a mando?Lo mismo hubiera podido ocurrir esta semana si, por ejemplo, el presidente Santos hubiera tenido que ser anestesiado por cinco o más horas. Claro que por ese corto lapso no pasa nada porque se posesione una persona como Garzón, pero qué tal él fungiendo como presidente por tres meses o más cuando difícilmente puede moverse y hablar. Lo digo con compasión y jamás de manera irrespetuosa. Lo afirmo porque, aun cuando sea duro, el vicepresidente sí está muy impedido, así pretenda hacerle creer al país que está muy bien, aunque ciertamente no lo está
Me cuesta trabajo entender que una persona que ha recibido tantos mensajes de Dios, como los necios de la Biblia, no entienda que su propósito en la vida en estos momentos es dedicarse a su salud y a la de su señora y familia cercana
Paciente impaciente Por: Ramiro Bejarano Guzmán en El Espectador No se entiende cómo es que Roy Barreras, en su condición de médico más que en la de presidente del Senado, hace menos de un mes declaraba que encontraba en buenas condiciones a Garzón, pero por estos días, en cuanto se conoció la dolencia del presidente Santos, le entró la inquietud de que podía no estar del todo bien. O hubo una vacilación imperdonable en el diagnóstico, o se movieron las piezas de un ajedrez político que todavía no podemos adivinar qué persigue
Los distinguidos galenos que le hicieron literalmente visita de médico a Angelino, francamente salieron mal librados, porque si bien llegaron muy puntuales a la cita, no cumplieron su cometido, pero en cambio sí propiciaron confusión política. En efecto, el doctor Fernando Sánchez, cargado de títulos y pergaminos, todos muy merecidos, además dueño de un prestigio científico y personal a toda prueba, sin embargo, confundió al país con su declaración a los medios, según la cual habían encontrado “divinamente” al paciente, a pesar de que no lo examinaron. Obviamente los medios no entendieron que el ilustre médico estaba hablando en el más rancio lenguaje y tono de los finos y sofisticados cachacos bogotanos, que a la pregunta sobre como están, suelen responder con el clásico “Ala, divinamente”, así se encuentren atravesando dificultades. Así no lo hayan examinado, me temo que médicos de tanta experiencia, con ojo clínico, debieron de haber advertido que lo que Angelino padece no es una gripa
Y para honrar su condición de marrullero, Angelino eludió el examen al que legalmente está obligado, invocando la peregrina y absurda tesis de que un diagnóstico sobre su salud es el inicio de un golpe de Estado a Santos. El zarpazo democrático que estaría por ocurrir, según esta complicada regla de tres que sólo se le podía ocurrir a Garzón, consistiría en que mientras Santos esté convaleciente de su operación de la próstata, si alguien concluye que el vicepresidente está sano, ello es una invocación para tumbar al presidente
Habría resultado menos aparatoso que Angelino se hubiere resistido al examen reclamando, por ejemplo, respeto por su dignidad, que de alguna manera él mismo propició que resultara maltratada, pues ha debido renunciar hace rato a una dignidad que no puede ejercer. Eso habría tenido mejor presentación, que cabalgar sobre el disparate de un golpe de Estado contra Santos, que solamente es posible en su febril imaginación
Lo cierto es que todo indica que Angelino está gravemente enfermo, como así lo comenté en una reciente columna (http://www.elespectador.com/opinion/columna-366734-enfermo-imaginario), a cuyos términos me remito porque conservan vigencia esas reflexiones. Por eso se le vio disminuido intelectualmente en la entrevista que le hiciera Darío Arizmendi. Si no tuviera nada, no me cabe la menor duda de que no sólo se habría dejado examinar —de cabo a rabo—, sino que habría pregonado su inmejorable salud
Mientras Santos dio ejemplo contándole al país sus padecimientos, al igual que sus médicos, quienes no han ahorrado esfuerzos para informar sobre su evolución, Angelino ha resultado inferior a sus deberes institucionales. Él es incurable, no tiene remedio, genio y figura
Adenda. Qué cinismo el del presidente de la Corte Suprema , Javier Zapata, sindicando a la prensa de tener “agenda” e intereses no santos en las críticas por la tramposa reelección de Ordóñez, en la que él ha participado. Quien tiene interés nada ortodoxo en reelegir a Ordóñez es el propio Zapata, cuya cuñada, Olga Lucía Cadavid, fue nombrada por el procurador que hoy defiende sin declararse impedido. El discurso veintejuliero de este magistrado es una vergüenza, para no mencionar el talante violento del que es capaz en privado este personaje, que hoy ultraja la majestad de la justicia
Angelino Por Antonio Caballero en Revista Semana Sí. sabemos perfectamente que el vicepresidente Angelino Garzón tuvo un lamentable accidente cerebrovascular isquémico (eso que los ignaros llamamos un derrame cerebral); y sabemos que todavía está convaleciente en su casa; y sabemos que a su familia no le gusta que le hagan preguntas indiscretas sobre su estado de salud: le parece una falta de respeto. Pero eso no es serio
Garzón es el vicepresidente: la persona llamada a reemplazar al presidente si a este se le cae el avión o, qué sé yo: si al presidente le da un derrame cerebral. Su estado de salud no puede ser un secreto de familia, ni puede resumirse en las expresiones corteses de unos parlamentarios en visita protocolaria que dicen haberlo visto 'activo' y 'dinámico'. Pero en este país, que es a la vez insensible y sensiblero, lo que importa es fingir lo del respeto, etcétera. Y fingir además -y esto es más grave- que precisamente porque está enfermo y apenas convaleciente se toman en serio las bobadas que se le ocurren (y que muestran de paso que su convalecencia no está muy avanzada), para no ofenderlo. Pues por lo visto no se ha recuperado aún del todo, al menos en su "costado izquierdo", como dijo, tal vez con cierto sarcasmo, el presidente Juan Manuel Santos, quien escogió a Garzón como compañero vicepresidencial precisamente para blindarse electoralmente por ese costado, que era el más débil suyo. Con la inesperada consecuencia de que ahora Angelino le funciona mejor el derecho: el del Puro Centro Democrático uribista
Otra cosa es esa: que Santos escogió a Garzón. Y una de las bobadas del vicepresidente consiste en pretender que a él lo eligió arrolladoramente el pueblo colombiano. Lo cual es cierto formalmente hablando: hubo 9 millones de votos por su papeleta. Pero quien lo escogió para que figurara en la papeleta fue el entonces candidato presidencial Juan Manuel Santos. Se puede tal vez sostener que esos 9 millones de votos no eran en realidad de Santos, sino de Álvaro Uribe: pero no de Angelino Garzón, por muy uribista que se haya vuelto. Nadie sabía que lo fuera entonces. Pastranista sí, y a lo mejor también Santista, y con pasado izquierdista. Oportunista, sí. No debe sorprender a nadie que lo haya saludado con entusiasmo el también ubicuo senador Roy Barreras: "¡Angelino ha vuelto! Está ejerciendo física y mentalmente su posición de vicepresidente"
Esa es otra cosa más, la tercera: que el vicepresidente no ejerce posición distinta que la de esperar el fallecimiento o el derrame cerebral del presidente, para lo que no se requiere especial esfuerzo físico ni mental. Y con eso volvemos a las bobadas de Angelino
A la mayor bobada, que es su tesis sobre la Asamblea Constituyente que buscan los uribistas, y que él un día dice apoyar y al otro no, según con quién converse. Y de la cual explicó en la televisión, durante la visita de los parlamentarios, que tendría la inmensa importancia de "constituir un diálogo fraterno y sincero entre el presidente Juan Manuel Santos y el expresidente Álvaro Uribe" ¡Un diálogo fraterno entre esos dos! ¡Sincero entre esos dos! Bueno: simples detalles. Pero ¿algo tan serio como la convocatoria de una Asamblea Constituyente simplemente para dirimir las divergencias ni siquiera ideológicas, sino metodológicas apenas, que hay entre dos políticos? Repito lo dicho más arriba: esto no es serio
Duda absuelta Por María Jimena Duzán en Revista Semana La duda que muchos colombianos teníamos sobre si el vicepresidente Angelino Garzón está, luego de su accidente cardiovascular, en capacidad de reemplazar al presidente Santos en caso de que este llegue a faltar en el cargo de manera parcial o permanente, quedó disipada: después de oírlo el jueves y el viernes en varios medios de comunicación me quedó claro que el vicepresidente Garzón no está en capacidad de reemplazar a nadie y que lo que debería hacer es dedicarse a su pronta recuperación y a sus intensas terapias que lo han mantenido desde su accidente cerebral en licencia laboral
Con todo el respeto que me merece su investidura y su persona lo que yo vi y oi, fue a un vicepresidente equivocado en temas que no admiten discusión; a un Angelino obstinado en seguir manteniendo bajo llave su historial médico el cual sigue siendo un misterio para los colombianos y a un funcionario incoherente a la hora de justificar su rechazo a la revisión médica ordenada por el senado, luego de que la había aceptado el día anterior. Un vicepresidente que afirma de manera tajante ante los medios que fue elegido para "defender la democracia" y para que "los pobres tengan una voz en el gobierno", es un vicepresidente equivocado que desconoce de manera olímpica la única atribución que le otorga claramente la Constitución: la de reemplazar al presidente cuando este falte de manera absoluta o temporal. Y el hecho de que tengamos un vicepresidente empeñado en no querer aceptar dicha atribución demuestra lo cerca que está Garzón del mundo del absurdo. La prueba de que el vicepresidente Garzón nos habla desde allá, desde el absurdo, son los argumentos que ha empuñado para rechazar la revisión médica ordenada por el senado. "Prestarme a una valoración para reemplazar al presidente sería como prestarme a un golpe de Estado a la democracia porque eso sería poner en duda la recuperación satisfactoria que está teniendo el presidente Santos", afirmó en Caracol Radio. ¿De dónde saca la tesis Angelino de que indagar por su verdadero estado de salud es un golpe de Estado al presidente Santos? ¿Cómo así que él no reemplazaría al presidente Santos porque "le daría vergüenza"? Que alguien me diga si estos planteamientos tienen alguna lógica porque yo no se la encuentro por ninguna parte. Tampoco es cierto lo que dijo en los micrófonos de Caracol Radio en el sentido de que el país sabía de sobra cuáles eran sus problemas de salud. Eso no es cierto, señor vicepresidente. Si algo ha sido evidente es su obstinación por ocultar su historia clínica y tratarla como un asunto totalmente privado. Los colombianos solo pudimos informarnos y de manera muy superficial de sus problemas de salud, varias semanas después de su ingreso a la clínica. Y aún hoy no sabemos en qué va su recuperación porque eso también es un tema vedado. Hay senadores como Alexander López del Polo, que consideran que el vicepresidente es ante todo un ser humano que actuó protegiendo su derecho a la intimidad y que quienes quieren saber cuál es su estado de salud son personas con intereses mezquinos que están atropellando los derechos humanos del vicepresidente. Yo creo lo contrario: que si uno es un vicepresidente debe anteponer el interés general al interés personal como lo hizo el propio presidente Santos, quien le dio una lección a su vicepresidente de cómo manejar un problema serio de salud de cara a la opinión pública. Creo además, que la opinión pública tiene derecho a saber cuál es el real estado de salud de Angelino Garzón, así él insista en mantenerlo en secreto. Exigirle a un alto funcionario que sea transparente en temas que afectan su desempeño no puede ser considerado como un atropello a los derechos humanos. Es deber de los funcionarios ser honestos con sus electores y decirles la verdad. Y cuando eso no sucede es deber de la sociedad exigírsela. Faltaba más que los colombianos tuviéramos que resignarnos a no preguntar o a que el congreso se hiciera el de la vista gorda en un tema tan sensible. Angelino Garzón no es una víctima. Es un vicepresidente enfermo al que le debemos todo nuestro respeto y consideración. Y un vicepresidente enfermo como él, no puede cumplir con el mandato que le otorga la Constitución. Si lo estuviera cumpliendo, el presidente Santos habría pedido una licencia para operarse como dios manda, pero no lo hizo. Y yo me temo que esa decisión tuvo mucho que ver con el hecho de que Angelino no tenía las condiciones de salud para reemplazarlo. Por lo que hemos visto, no se equivocó. ¿Se dará cuenta el vicepresidente Angelino Garzón de que su obstinación por ocultar sus serios problemas de salud está poniendo al país a jugar con candela?La Primera Próstata de Colombia Por Daniel Samper Pizano En El Tiempo Sesenta años antes de que la próstata del presidente Juan Manuel Santos apareciera en la prensa nacional e internacional, hubo otra tan importante o más que la suya que molestaba en Washington... pero pocos lo supieron. Era la próstata de John F. Kennedy, joven político que, con el tiempo, se convirtió en uno de los presidentes más enfermos del mundo... pero -otra vez- nadie lo sabía
Según sus biógrafos Robert Daller y Richard Reeves, JFK padecía un amplio mosaico de enfermedades. En agosto de 1961, uno de sus médicos opinaba que sus problemas de salud representaban un "obstáculo constante" en su capacidad para gobernar. Los remedios aumentaban la dificultad, pues le provocaban períodos de somnolencia, mareos y entumecimiento. Su hermano Robert decía que, si no fuera por el tratamiento de la doctora Janet Travell, JFK "en este momento no sería presidente de los Estados Unidos"... pero solo lo decía en privado. Daller señala que "la revelación de los males de JFK le habría impedido llegar a la Casa Blanca"
Aunque sus médicos temían que acabara el segundo mandato en silla de ruedas, Kennedy aspiraba a la reelección. En 1963, cuando lo asesinaron, era o había sido víctima de dolores abdominales crónicos, agudos y constantes dolores de espalda, uretritis, mal de Addison (que provoca náuseas y fatiga), desvelos, diarreas y la ya mencionada "prostatitis crónica pero leve". Solo sus allegados conocían la mórbida antología. Los ciudadanos, no. Los Kennedy "estaban tan preocupados por ocultar la verdad, que habían ordenado guardar en una caja fuerte los documentos médicos" (Daller). El doctor Hans Kraus, enemigo de la terapia de Travell, afirmaba: "Ningún presidente con acceso al botón atómico debería recibir los fármacos que a él le dan". En 1962 amenazó con revelar lo que estaba pasando. Pero no lo hizo. El secreto profesional se lo impedía
El pueblo norteamericano, que adoraba a Kennedy, nunca se enteró de que tenía un presidente desvalido. Los historiadores valoran hoy su mandato como mediocre. En parte lo fue por su lamentable condición física, que él escondió en claro engaño al pueblo
El caso de JFK modificó la relación de gobernantes y gobernados en países democráticos. Desde entonces se impone la transparencia: los electores tienen derecho a conocer el estado de salud de los políticos y estos tienen la obligación de informarles. La prensa, que fue cómplice de Kennedy, también cambió. Aun sus amigos personales, como el editor del Washington Post Ben Bradlee, piensan que fue un error callar sus problemas de salud
Gracias al giro radical que se produjo entonces, la gente espera reportes veraces, completos y oportunos sobre las enfermedades y trastornos de quienes manejan las riendas del Estado. Esta es una de las diferencias profundas con regímenes dictatoriales, siempre misteriosos y herméticos. En la Unión Soviética reemplazaban a los líderes fallecidos con líderes enfermos. Los ciudadanos lo ignoraban porque, al fin y al cabo, tampoco los elegían. En la China, cuando desaparecía un líder en medio del silencio oficial no se sabía si estaba enfermo, purgado o muerto. En Cuba solo las apariciones esporádicas de Fidel en sudadera hablan de su salud. Hugo Chávez alterna información con vacíos. La agonía de Francisco Franco en España osciló entre la mentira y el espectáculo sangriento
Por tradición, los franceses son reservados en esta materia. Otra famosa próstata, la de François Mitterrand, le causó la muerte al año de dejar la presidencia, sin que sus compatriotas se hubieran enterado de que estaba enfermo. Hizo bien Juan Manuel Santos en informar pronto y claro sobre su enfermedad y su cirugía. Es lo que corresponde, y resulta hasta educativo. Una sola objeción: no tenía por qué contarnos que uno de sus hermanos, cuyo nombre aparece en el boletín oficial, sufrió el mismo trance. Eso, sin embargo, nos permite suponer con alivio que los otros dos gozan de cabal salud, al menos allá abajo. ¿Y Angelino?Regresemos al designado Por María Isabel Rueda en El Tiempo Jamás lograremos entender por qué la Constitución del 91 resolvió revivir la figura de la Vicepresidencia, luego de que la historia nos diera suficientes lecciones sobre la nocividad democrática de la criatura
En 1910 la habíamos cambiado por la figura del Designado, que no era otra cosa que un ciudadano ilustre y pacífico que carecía de la propensión natural a conspirar, puesto que no provenía de elección popular. Acepto que la figura se vio ridiculizada cuando el entonces presidente Turbay Ayala pidió una licencia de un par de días para operarse de los ojos, y el Designado Víctor Mosquera Chaux se posesionó con banda presidencial, besamanos y luego de devolver el cargo, conservó las gabelas de expresidente. Comenzamos a recostarnos entonces en la figura del Ministro Delegatario para ausencias presidenciales cortas, como viajes al exterior. Esta fórmula también tuvo su prueba de fuego cuando Virgilio Barco sufrió una diverticulitis en Seúl; como tuvo que ser operado de emergencia, prolongó las funciones del ministro delegatario mediante un decreto enviado por fax, cuya validez jurídica aún está en el limbo
¿Qué tenemos hoy?El episodio confuso y extraño de un Presidente que, según creo yo, con tal de no posesionar a su Vicepresidente, prefirió heroicamente que le hicieran una dolorosa cirugía con anestesia regional. Una operación de próstata no es propiamente una operación ambulatoria. Requiere varios días de hospitalización porque tiene un postoperatorio complicado. No nos digamos mentiras: aunque está en todo su derecho de escoger la que le venga en gana, respetuosamente supongo que lo lógico habría sido que el Presidente prefiriera una anestesia general. Pero habría pagado el costo de posesionar a Angelino, porque ella le habría implicado un cese casi total -aunque temporal y reversible- de sus habilidades vitales, con excepción de los latidos autónomos de su corazón. El Presidente habría estado absolutamente desconectado de la realidad durante algo más de tres horas. Pero, además, le asiste el derecho de tener una recuperación tranquila, preferiblemente bajo una licencia temporal del cargo, que el presidente Santos prefirió no tomar. ¿Por qué?El problema no es la enfermedad de Angelino, que tiene a muchos preguntándose legítimamente si está en pleno uso de su capacidad cognitiva luego de un accidente cerebrovascular. El problema es la Vicepresidencia
Angelino ha sido un vicepresidente con altísimas encuestas de opinión, que desde el día uno de su cargo ha esgrimido los nueve millones de votos que obtuvo la fórmula Santos-Garzón para blindarse contra la subordinación que le debe a su jefe, el Presidente de la República. Varias veces se le ha visto actuar con un tufillo de inexplicable autonomía contra las directrices del Gobierno. Y luego de su enfermedad, también usa los nueve millones de votos para argumentar que ni aun por motivos médicos el Congreso puede reemplazar a un funcionario que llegó a su cargo por elección popular
En parte tiene razón: un vicepresidente elegido por el pueblo adquiere una fuerza y legitimidad formidables. Pero precisamente ese vigor que emana de su consagración popular es lo que lleva a que en la práctica, como lo afirma contundentemente el constitucionalista Hernando Yepes, se esté eligiendo a dos presidentes: "uno para el ejercicio y otro para la acechanza"
Ahora, si el Vicepresidente resuelve que no se deja examinar y continúa ejerciendo campantemente su cargo, no lo podremos obligar, pero tampoco es tan grave. Cuando era inimaginable en Colombia preguntar por la salud de sus mandatarios, nos tocó en suerte a un presidente que gobernó cuatro años con alzhéimer. Y no son pocos los que lo consideran uno de los mejores gobiernos de la historia..
HABÍA UNA VEZ... Falta saber de qué están enfermos el Alcalde de Bogotá, el Gobernador de Sucre, el Alcalde de Cartagena y el país.



