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Messi juega al fútbol; Inglaterra y su nueva obligación

Argentina corazón. El arranque argentino fue lo que temía: un equipo desmadrado, poseído solo por el entusiasmo, revestido de la fibra que suelen tener estos futbolistas a quienes resulta fácil venderles la idea de ser superiores. Diego Maradona, desde la raya, es más un fanático que un cerebro, más un jugador que, incluso, celebra como jugador, más que un conductor reposado. Puro corazón esta Argentina que dije desmadrada, pero puedo decir también que desordenada. Funciona sólo con el hígado alimentado con gritos de batalla y tambores de guerra.

Argentina corazón. El arranque argentino fue lo que temía: un equipo desmadrado, poseído solo por el entusiasmo, revestido de la fibra que suelen tener estos futbolistas a quienes resulta fácil venderles la idea de ser superiores. Diego Maradona, desde la raya, es más un fanático que un cerebro, más un jugador que, incluso, celebra como jugador, más que un conductor reposado. Puro corazón esta Argentina que dije desmadrada, pero puedo decir también que desordenada. Funciona sólo con el hígado alimentado con gritos de batalla y tambores de guerra

Messi, la diferencia. Contra Nigeria, Lionel Messi cargó con la responsabilidad de todo el equipo. Fue más que todos ellos y propició un solo con el instrumento de su habilidad y de su audacia. Jugó fútbol, no sólo hizo jugadas. Jugó de manera brillante por colectivo, aunque la tribuna no viera los destellos que suelen encandilar cuando Messi es individual. Por cuestión de milímetros no celebró como merecía o, cuando acertó en la puntería, sus balones se encontraron con Vincent Enyeama, el guardián de Nigeria

Un goleador imprevisto. La victoria argentina contra Nigeria desnudó una paradoja: el equipo donde golean Lionel Messi, Carlos Tévez, Gonzalo Higuaín, Diego Milito, Sergio Agüero, todos letales, resultó ganando con un gol de Gabriel Heinze, un batallador como hay tantos. El triunfo se consiguió por una “argentinada”: las invisibles esposas con las que Wálter Samuel ató a un nigeriano para que Heize tuviera todos esos metros para rematar sin asedios

Estados Unidos, entusiasmo y progreso. Pobre Robert Green, el portero de la selección de Inglaterra que pasó el peor instante de sus 30 años ante el disparo sin chispa de Clint Dempsey. Para no olvidarlo jamás. Además de esa sorpresa por las manos de plastilina de su arquero, Inglaterra se llevó la sorpresa de enfrentar a un equipo bien puesto, bien parado y sobrado en entusiasmo. Estados Unidos ha progresado no tanto en lo técnico como en lo táctico y ha aprendido a mover hileras y dejó en evidencia lo ineficaz que resultaron los ingleses tratando siempre de encontrar a Wayne Roony por un centro poblado

Inglaterra tiene con qué. Los ingleses perdieron el punto que podían perder. Ni a uno más tienen derecho en esta primera ronda. Tendrán que vencer a Eslovenia y a Argelia, que difícil no se ve. Y tendrá que mejorar el circuito Steven Gerrard y Frank Lampard para ser continuos en la contundencia que tuvieron en los primeros minutos del juego. Sigue dentro de las favoritos esta selección de Fabio Capello a quien han resuelto vestir como si fuera un gerente de banco y quien debe lamentar la decisión de haber excluido en el último momento a Theo Walcott, quien tiene tanta agresividad por la raya como muy poca tuvo Aaron Lennon, distinguido más por el estilo de su motilado de cabeza y de ceja izquierda

Uruguay menos de lo esperado. Salvo Diego Forlán, jugándose la vida solo contra el mundo, nada más de Uruguay en su primer partido. O sí, algo de Diego Pérez que funciona como un gladiador en el medio. Pero nada de Luis Suárez de quien tanto se esperaba. No veo a Uruguay muy lejos en el torneo. Y creía que sí. Pero lo vuelvo a ver, otra vez, como un concursante ansioso, un tanto pueril. Ojalá me equivoque

Francia y su musculatura. En cambio, como no esperaba nada de Francia, me encuentro con un equipo cuajado. Menos joven de lo anunciado. Y muy bien nutrido en todas las líneas por jugadores de experiencia y con jerarquía. Es cierto que Franck Ribery se apagó pronto y que Nicolás Anelka se demora un montón para todo, incluido el pensamiento y que Sidney Govou fue nada comparado con lo que molesta en el Olympique de Lyon. Pero me gustó Yoann Gourcuff, que no tiene las virtudes de Zinedine Zidane pero ni de lejos, ni de lo que fue Michel Platini, pero le gusta el gol y tiene una presencia física en el medio y opcupa espacios con su metro ochenta y cinco centímetros intimidantes. Y un además: tener a Florent Malouda para cualquier momento es tener un arma mortal en reposo.

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