Hablando de ofensas
Pero eso no quiere decir que la última acusación de su Gobierno, de que el DAS colombiano se ha vuelto un cartel, sea falsa. No se si sea exactamente un cartel de la droga, como dice el Ministro de Justicia venezolano, pero es por lo menos un cartel del crimen organizado en el que conviven por igual funcionarios oficiales y representantes de las mafias del paramilitarismo.
Debo comenzar con una aclaración: no sólo no soy chavista, sino que la figura del Presidente Venezolano me produce la misma desconfianza y desconcierto que al Gobierno colombiano. Él, Hugo Chávez, me parece un dictadorcito impresentable, que sigue siendo el mismo gorila golpista de los años 90. Sólo que ahora da los golpes, como lo sabemos también aquí, a través de cambios constitucionales. Y su discurso y sus métodos son chabacanos y primarios, como de cualquier político de república bananera. Todo es cierto. Pero eso no quiere decir que la última acusación de su Gobierno, de que el DAS colombiano se ha vuelto un cartel, sea falsa. No se si sea exactamente un cartel de la droga, como dice el Ministro de Justicia venezolano, pero es por lo menos un cartel del crimen organizado en el que conviven por igual funcionarios oficiales y representantes de las mafias del paramilitarismo
El DAS se convirtió en el brazo legal de las autodefensas que traficaban droga. Como no soy venezolano, no me pueden descalificar por intromisión en asuntos internos, como ha sido la respuesta de la Cancillería colombiana. El DAS mataba dirigentes de izquierda (y tampoco soy de izquierda), o entregaba listados de posibles víctimas a los paramilitares de la Costa Atlantica. El DAS borraba antecedentes judiciales de jefes y lugartenientes de las Autodefensas. Directivos del DAS, Narváez, Noguera o García, sirvieron a los mismos intereses y justificaron la acción política de grupos de exterminio de la extrema derecha, y todos, hombres e institución, montaron una maquinaria de espionaje que aun hoy no ha sido desactivada. Como si fuera poco, el Gobierno se ha convertido en cómplice pasivo porque no ha hecho absolutamente nada, ningún cambio de fondo, para recuperar el aparato logístico del DAS o para devolverle su legalidad
Así que seamos serios: Chávez es francamente detestable, pero la respuesta colombiana es cínica e irrespetuosa. Dijeron al unísono los Ministros Bermúdez y Silva que la acusación hacia el DAS “constituye una ofensa a la institucionalidad colombiana”
Ofensa, digo yo, es que agentes de ese organismo hayan disparado directa o indirectamente contra el profesor Correa de Andreis y sindicalistas como Zully Esther Condina y Adán Pacheco. O como el sociólogo Fernando Pisciotti o decenas de hombres y mujeres cuyas familias creen que en el fondo la acusación contra el DAS es cierta. Ofensa es que el paramilitarismo haya permeado abierta e impunemente los computadores y equipos del DAS. Ofensa es que la conducta sostenida del DAS durante los últimos siete años, sin importar quién era el director, ha sido perseguir y atropellar a colombianos que están en desacuerdo con el Presidente de la República
Y el tema no podemos volverlo un asunto de soberanía referido al litigio con Chávez. Casi simultáneamente el Gobierno de Estados Unidos estaba diciendo lo mismo: expresando su preocupación por el tema de las “chuzadas” y por los asesinatos extrajudiciales cometidos por representantes de fuerzas armadas de Colombia. “Las grabaciones y vigilancia ilegal cometidas por el DAS son inquietantes e inaceptables”, dice un comunicado del Departamento de Estado fechado el 11 de septiembre
Pregunto si también a Estados Unidos le van a responder con el cuento de la intromisión en asuntos internos? Pregunto a los Ministros de Exteriores y Defensa si no es más útil y sensato admitir que lo del DAS no es, pues, un asunto de chavismo y uribismo. Es un asunto doméstico, un problema gigante, al que aún el Gobierno no le para bolas




