Los jesuitas lo sabían...
<p align="justify">En días pasados mencionamos en <em>Hoy por Hoy</em> un documento según el cual los provinciales de la Compañía de Jesús habían hecho, hace diez años, una serie de declaraciones en las que se presentía parte de la crisis que hoy vive la región. Uno puede o no estar de acuerdo con los provinciales, pero no deja de ser un documento digno de leerse y de repasar con espíritu crítico. Debido a la cantidad de oyentes que han solicitado el texto, aquí están los apartes que giran alrededor de esa preocupación.</p>
En días pasados mencionamos en Hoy por Hoy un documento según el cual los provinciales de la Compañía de Jesús habían hecho, hace diez años, una serie de declaraciones en las que se presentía parte de la crisis que hoy vive la región. Uno puede o no estar de acuerdo con los provinciales, pero no deja de ser un documento digno de leerse y de repasar con espíritu crítico. Debido a la cantidad de oyentes que han solicitado el texto, aquí están los apartes que giran alrededor de esa preocupación:El neoliberalismo en América Latina Carta de los Provinciales latinoamericanos de la Compañía de Jesús, Ciudad de México, 14 de noviembre de 1996. Nos resistimos a aceptar tranquilamente que las medidas económicas aplicadas en los últimos años en todos los países latinoamericanos y El Caribe, sean la única manera posible de orientar la economía y que el empobrecimiento de millones de latinoamericanos sea un costo irremediable de un futuro crecimiento. Las dinámicas económicas que producen estos efectos perversos tienden a transformarse en ideologías y a absolutizar ciertos conceptos: el mercado, por ejemplo, de un instrumento útil y hasta necesario para elevar y mejorar la oferta y reducir los precios, pasa a ser el medio, el método y el fin que gobierna las relaciones de los seres humanos. Para lograrlo, generalizan en el Continente las medidas conocidas como neoliberales. * Restringen la intervención del Estado hasta despojarlo de responsabilidades por los bienes mínimos que se merece todo ciudadano por ser persona. * Eliminan los programas generales de creación de oportunidades para todos y los sustituyen por apoyos ocasionales a grupos focalizados. * Privatizan empresas con el criterio de que en todos los casos el Estado es mal administrador. * Abren sin restricciones las fronteras a mercancías, capitales y flujos financieros y dejan sin suficiente protección a los productores más pequeños y débiles. * Subordinan la complejidad de la hacienda pública al ajuste de las variables macroeconómicas: presupuesto fiscal equilibrado, reducción de la inflación y balanza de pagos estable; como si de allí se siguiera todo bien común y no se generaran nuevos problemas para la población que tienen que ser atendidos simultáneamente. * Insisten en que estos ajustes producirán un crecimiento que, cuando sea voluminoso, elevará los niveles de ingreso y resolverá por rebase la situación de los desfavorecidos. * Ponen la actividad política al servicio de esta política económica, con lo que caen en la paradoja de quitar todas las trabas al libre ejercicio del mercado, y al mismo tiempo controles políticos y sociales, por ejemplo, a la libre contratación de mano de obra, para garantizar la hegemonía del mercado libre. En consecuencia, al lado de un crecimiento económico moderado, aumenta en casi todos nuestros países el malestar social que se expresa en protestas ciudadanas y huelgas. Vuelve a tomar fuerza en algunos lugares la lucha armada, que nada soluciona. Aumenta el rechazo a la orientación económica general que, lejos de mejorar el bien común, profundiza las causas tradicionales del descontento popular: la desigualdad, la miseria y la corrupción.



