Una nueva huelga en el transporte pone a prueba el plan de reformas de Sarkozy
Los trabajadores de la estatal SNFC rechazan el plan del presidente de ampliar un año la vida laboral para recibir íntegra la jubilación.
El presidente francés, Nicolas Sarkozy, afronta hoy jueves una nueva jornada de huelga contra su ambicioso plan de ajuste económico. Si hace una semana los que se manifestaban eran los profesores y estudiantes de la enseñanza pública, que rechazan el plan del Gobierno de reducir la plantilla por la vía de reponer sólo un funcionario por dos que se jubilen, lo que supone en la práctica suprimir 11.200 empleos, ahora le toca el turno a los trabajadores de la compañía nacional de ferrocarriles, la SNFC, que inicia una jornada de paro contra los planes del Ejecutivo conservador de reformar las pensiones que contemplan incrementar en un año, de 40 a 41, la vida laboral para tener derecho a la pensión íntegra. Está previsto que el paro deje en cocheras a la mitad de los trenes que circulan a diario por Francia. El flujo de trenes que conectan las ciudades con los principales aeropuertos del país se verá reducido casi en un 50%, lo que tendrá un impacto directo en el tráfico aéreo, especialmente a primera hora, según ha informado la autoridad civil aérea. El paro afectará sobremanera a los trayectos regionales, según los operadores. Las líneas de alta velocidad que conectan París, Londres y Bruselas apenas se verán afectadas por las protestas. Trabajadores de otros sectores del transporte público francés se unirán a los asalariados de la SNFC en un nuevo pulso a Sarkozy para que retire sus reformas económicas. Así, está previsto que secunden el paro los conductores de autobuses y los empleados de los servicios postales. Con todo, nadie en Francia espera que este paro reedite el caos que sufrió el transporte durante la huelga ininterrumpida de nueve días que paralizó el país en noviembre. Entonces los funcionarios se echaron a la calle contra el plan de Sarkozy de reducir los derechos especiales relativos a las pensiones. Gobierno y sindicatos llegaron a un acuerdo, pero ahora los trabajadores están preocupados por el hecho de que el Estado les obligue a trabajar un año más para recibir la pensión en su integridad. Los sindicatos también han puesto el grito en el cielo por la pretensión del Gobierno de someter a una cura de adelgazamiento al enorme aparato del Estado francés por la vía de reducir el número de funcionarios (5,2 millones). Sarkozy, firme pese a su baja popularidad Sarkozy, entretanto, se mantiene firme en su política con el argumento de que las polémicas reformas que plantea cuentan con el respaldo de una mayoría de franceses. Por ello, ha reiterado que no retirará el proyecto bajo ningún concepto. El presidente defiende que las reformas son necesarias para que la alicaída economía francesa recupere la vitalidad. El periódico Journal du Dimanche asegura que el 57% de ciudadanos cree que las protestas no están justificadas, mientras que un 43% opina que sí. Otra encuesta publicada en Liberation arroja un resultado muy diferente, con un 60% de franceses a favor de la huelga y un 36% en contra. El entusiasmo de Sarkozy choca con los índices de popularidad, en caída de libre, que publican cada poco los medios franceses. Según estos sondeos, el mandatario conservador obtiene la peor nota de todos los presidentes que ha tenido en su ya larga historia la V República Francesa. En la misma línea, el ministro de Presupuesto francés, ha salido en defensa del proyecto del Ejecutivo por la imperiosa necesidad de reducir gastos. Motivo que, según ha revelado Woerth, obligó al Estado a suprimir más de 15.000 empleos en 2007 para ajustar el déficit público y ha advertido en un claro aviso a navegantes que la situación para el próximo 2009 "es mucho más complicada que en ejercicios anteriores".




