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Mujer que pidió eutanasia sin éxito murió tras ingerir barbitúricos

La francesa Chantal Sébire, cuyo caso relanzó el debate de la eutanasia en Francia tras haber pedido sin éxito a la justicia el derecho a morir dignamente, falleció el pasado día 19 por una sobredosis de barbitúricos, según anunció la Fiscalía

La francesa Chantal Sébire, cuyo caso relanzó el debate de la eutanasia en Francia tras haber pedido sin éxito a la justicia el derecho a morir dignamente, falleció el pasado día 19 por una sobredosis de barbitúricos, según anunció la Fiscalía.
La mujer, de 52 años, enferma de un tumor incurable que le causaba dolores atroces, apareció muerta en su casa cerca de Dijon (este de Francia) dos días después de que un tribunal denegara su petición de que se le practicara la eutanasia activa.
Además de serle practicada la autopsia, el fiscal de Dijon, Jean-Pierre Alacchi, pidió que se procediera a unos análisis toxicológicos de las sustancias encontradas en el cadáver.
Los resultados han revelado la presencia en la sangre y en el líquido gástrico de Sébire de una cantidad de barbitúricos tres veces superior a lo que se considera una dosis mortal, indicó el fiscal.
Alacchi señaló que se ha abierto una investigación para determinar cómo accedió Sébire a ese barbitúrico, "pentobarbital".
Este producto no se vende en las farmacias en Francia para uso humano y sólo se comercializa con fines veterinarios, aunque también se utiliza para el suicidio asistido, legal en Bélgica y Suiza
El barbitúrico fue ingerido por vía oral, dado que estaba presente en el estómago de la mujer y también se hallaron rastros en un vaso y una cuchara.
Por tanto, según el fiscal, ya se puede decir que Sebire murió a consecuencia de "la absorción de una dosis mortal de un barbitúrico".
En declaraciones al vespertino "Le Monde", el representante del Ministerio Público negó que su decisión de continuar la investigación para determinar cómo la mujer obtuvo ese producto letal sea un ensañamiento judicial.
"La justicia sólo busca hacer su trabajo, ni más ni menos", afirmó Alacchi, para quien es "legítimo saber si se cometió o no una infracción penal".
"No busco a cualquier precio un culpable, pero debemos saber qué pasó. Es una exigencia de la ley, que es la expresión de la voluntad general. Debemos esta verdad a la sociedad", dijo, aunque prometió "no perder nunca de vista la dimensión humana" del dossier.
Sin embargo, su abogado Gilles Antonowicz opinó que esa investigación no le parece "en nada adaptada" a la situación: Chantal Sébire "terminó ella misma con sus sufrimientos. Se 'autoliberó'", afirmó el letrado a medios locales.
Para el abogado, hay que archivar el dossier de Sébire y "abrir el de la eutanasia para situarlo en el marco de un debate nacional".
Afectada por un tumor nasal incurable, que le provocaba dolores atroces y que le había desfigurado el rostro y causado ceguera, Sébire saltó a la luz pública tras solicitar en los tribunales que le aplicaran la eutanasia activa.
Como ese extremo no está recogido en la ley francesa, los jueces rechazaron su petición, pero su iniciativa reavivó el debate sobre la eutanasia, hasta el punto de que el Gobierno conservador francés ordenó una misión de evaluación sobre la ley de 2005 sobre cuidados paliativos.
Numerosas voces, incluidas las de algunos miembros del Ejecutivo, se pronunciaron a favor de introducir en la ley una modificación que permita aplicar la eutanasia en casos extremos, como el de Sébire.
La actual legislación francesa permite a los doctores medicar a los pacientes que lo soliciten hasta que entren en coma y, en ese estado, aguardar la muerte, pero no autoriza a aplicar la eutanasia activa.
Sébire se negó a aceptar esa propuesta porque quería -dijo- "morir con dignidad", rodeada de sus hijos, amigos y médicos.

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