Bush dará su último discurso sobre el Estado de la Unión
El presidente de EE.UU., George W. Bush, dirigirá hoy su último discurso sobre el Estado de la Unión, con el que querrá cimentar su legado ante un público que no confía en él, según los sondeos, y que ya piensa en su sucesor.
El presidente de EE.UU., George W. Bush, dirigirá hoy su último discurso sobre el Estado de la Unión, con el que querrá cimentar su legado ante un público que no confía en él, según los sondeos, y que ya piensa en su sucesor. "Nos reunimos esta noche cuando nuestra nación está en guerra, nuestra economía está en recesión y el mundo civilizado afronta peligros sin precedentes". No se trata del inicio de su intervención el lunes, sino de su primer discurso sobre el Estado de la Unión, en 2002. A juzgar por la cita, Bush parece que dejará el país en una situación similar a la que lo encontró. El presidente se esforzará el lunes porque los estadounidenses no lo vean así en una alocución que tendrá toda la pompa acostumbrada -las dos cámaras del Congreso en pleno presentes, las interrupciones frecuentes con aplausos, los asistentes ilustres-, pero que se quedará corta en contenido, según los expertos. "Tradicionalmente en ese discurso el presidente marca su agenda legislativa para el año", dijo Gary Jacobson, profesor de política de la Universidad de California en San Diego. "Pero él no puede anunciar ninguna propuesta ambiciosa. Ningún presidente ha estado en una posición tan débil como este", añadió. Más de un 60 por ciento de los estadounidenses tiene una mala opinión de la gestión de Bush, según una decena de encuestas efectuadas este mes. Al mismo tiempo, el presidente es cada vez más un espectador en la escena política en lugar de agente. Los titulares los dominan las elecciones primarias, uno de los comicios más disputados en la historia reciente del país, en los que ni siquiera participa un "heredero" de la administración, pues el vicepresidente Dick Cheney no se presenta. Asimismo, Bush se enfrenta a un Congreso controlado por los demócratas, que le acusan de no ceder un ápice para lograr leyes de interés para el país, y tienen poco interés en darle victorias en su último año de mandato. La única colaboración efectiva entre ambos ha sido el acuerdo alcanzado esta semana por la Casa Blanca con los demócratas de la Cámara Baja sobre un plan de estímulo de la economía por valor de 150.000 millones de dólares. Pero la idea partió en realidad de los candidatos presidenciales, según el economista Alex Brill, y Bush, que siempre ha preconizado el libre funcionamiento de los mercados sin intervención pública, solo se subió a ese carro para no salir de la Casa Blanca con la acusación de que se quedó de brazos cruzados mientras el país caía en una recesión. "Este es su último año y el presidente está pensando en su historial en los ocho años", afirmó Brill, quien fue miembro del Consejo de Asesores Económicos de Bush. El tema económico será precisamente un asunto principal de su alocución el lunes, según adelantó el propio presidente el sábado. Lo acompañarán los otros asuntos que han definido su estancia en el poder: la guerra contra el terrorismo y el conflicto en Irak. La única novedad prevista en política exterior en relación a discursos anteriores será la promoción de un acuerdo entre palestinos e israelíes. Ante el Congreso, Bush reiterará su creencia de que "la paz es ahora una posibilidad real", según ha dicho la portavoz presidencial, Dana Perino. Hasta noviembre, el presidente había evitado mediar en el conflicto y su iniciativa, para algunos analistas, es un intento de dejar una impronta en Oriente Medio más allá de la incertidumbre de Irak. Su propuesta ya anunciada de aumentar la financiación de los programas contra el sida y su demanda al Congreso de que permita escuchas electrónicas sin permiso de un juez serán otros asuntos del discurso, según Perino, además, claro está, de Irán, su obsesión en los últimos meses. Relevante será también lo que no dirá o que mencionará de pasada. En ese grupo están sus fallidas reformas del sistema migratorio y de la seguridad social, que eran dos de sus prioridades para el segundo mandato. Tampoco se espera que hable de la prisión para presuntos terroristas de Guantánamo, que Bush dijo que quería cerrar, o de cómo bajar las emisiones de dióxido de carbono de Estados Unidos para combatir el cambio climático. Esos asuntos serán parte de su legado, pero no para la historia, sino para el próximo presidente.



