Amor... cómo en los 'Tiempos del Cólera'
Una historia de amor aplazado es la que vive hoy en Itagüí, Antioquia, una pareja de sesenta años, oriunda de Sonsón, suroriente de ese departamento.Como personajes de una novela, hoy --cuarenta años después de haberse acabado su idilio juvenil-- Aníbal Valencia Arias, de 63, y Gabriela Sánchez, de 61, viven de nuevo un romance apasionado y están dispuestos llevarlo hasta el altar o a una oficina de notario público

Amor... cómo en los 'Tiempos del Cólera'
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Por Luis Alberto MogollónUna historia de amor aplazado es la que vive hoy en Itagüí, Antioquia, una pareja de sesenta años, oriunda de Sonsón, suroriente de ese departamento.Como personajes de una novela, hoy --cuarenta años después de haberse acabado su idilio juvenil-- Aníbal Valencia Arias, de 63, y Gabriela Sánchez, de 61, viven de nuevo un romance apasionado y están dispuestos llevarlo hasta el altar o a una oficina de notario público.Así de claro y apasionado lo confesaron ambos en diálogo con el programa Hoy por Hoy de, Caracol Radio, desde Itagüí, donde ahora residen y esperan los trámites para consolidarse como pareja, y con las familias, los hijos de cada uno, y los nietos.-Esta historia de amor arrancó en Sonsón, en el suroriente de Antioquia, donde se conocieron cuando eran unos adolescentes e iniciaron un idilio convertido en intenso noviazgo, que quedó interrumpido cuando Aníbal viajó a prestar el servicio militar en el Batallón Ayacucho, de Manizales, y en el Guardia Presidencial en los tiempos del presidente Guillermo León Valencia, y del ministro de Defensa, General Alberto Ruiz Novoa.-Transcurrió el período de servicio en las filas militares, cuando debió moverse por diferentes sitios del país, caminar, patrullar, vigilar, hacer guardias diurnas y nocturnas, pero la historia de amor se enfriaba por una falta de comunicación con su novia ansiosa y esperanzada.-Gabriela Sánchez, entonces una joven enamorada esperó y esperó el regreso de su amado, pero cuando volvió, la separación fue casi inmediata y definitiva. Según ella, un malentendido, o un chisme que nunca supo de dónde salió, le hizo creer a su enamorado que ella había iniciado una nueva relación con un hombre viudo, que tenía ese nuevo pretendiente y no estaba interesada en su primero y único amor de verdad.-Hoy confiesa segura y firme: "Conocí el amor, a esta edad mía de hoy, puedo decir con plena seguridad que he conocido el amor".LA SEPARACIÓNLa decepción fue también inmediata y sin atenuantes. No hubo discusión, ni un reclamó pero tampoco dio tiempo a las explicaciones. Aníbal se marchó a continuar su vida, a buscar un nuevo amor, una nueva relación, que llegó en la costa Atlántica, en Barranquilla donde formó hogar, donde tuvo dos matrimonios que terminaron en divorcio, pero con cinco hijos.No hubo comunicación, ni una carta de amor, ni una llamada, ni las invitaciones mutuas a sus respectivos matrimonios: "Ella dice hoy que se enteró de mi matrimonio, que supo cuando me casé, pero yo nunca me enteré del suyo, nunca más supe de ella, aunque siempre pensaba en mí y me buscaba", confesó emocionado este hombre dedicado siempre a los asuntos de la botánica y la medicina natural.-De Barranquilla pasó a Valledupar, capital de Cesar, también en la costa norte colombiana, donde hizo nuevo hogar, y donde Gabriel, más de cuarenta años después, lo ubicó en esa incansable y apasionada búsqueda.Una separación de casi cinco décadas que quedó saneada el pasado tres de febrero de 2007, cuando ella logró la comunicación ansiada: "No lo podía creer; yo le había pedido a Dios, el pasado 31 de diciemebre, que me iluminara, que me ayudara a encontrar una nueva mujer para vivir este último "cuartico de hora" de mi vida, por eso cuando escuché a Gaby, también supe que ella era la mujer y que mi Diosito me había escuchado", reconoció Aníbal en su confesión a través de Caracol Radio.-Relató que de inmediato viajó a Antioquia, su tierra natal, para ese encuentro con su amada, en el municipio de Itagüí, donde ella vive con dos des sus cuatro hijos, pues otros dos murieron violentamente.-LA PACIENTE ESPERAPero si Aníbal hizo vida, hogares e historia aparte, Gaby siguió en su tierra antioqueña con una relación de pareja, haciendo su propio "rancho", con su esposo y sus cuatro hijos, "pero siempre-siempre, recordando a su primer amor, llorando constantemente por él, de día y de noche".-"Mi esposo nunca se enteró, él sólo me preguntaba porque me levantaba a cualquier hora de la noche a llorar en la sala de mi casa; nunca le conté, siempre lo oculté la razón íntima, pero sólo Dios y yo sabíamos esa razón", confesó la enamorada Gabriela, quien asegura que está viviendo feliz como nunca, y que ahora también llora con frecuencia, pero de amor, de alegría y de felicidad plena.-Admite que ya no quiere perder este amor que esperó y buscó durante más de cuarenta años, por el que lloró, y por el que luchará para ser feliz, aunque sus hijas estén en contra de esas relaciones y de esa decisión de ambos.-"Ya no lo puedo perder ni un minuto de mi lado", balbuceó emocionada en diálogo con Caracol Radio.-EL FUTUROHoy cada uno vive con intensidad el reencuentro, el amor que renació entre los dos, la compañía, el calor de su pareja y del hogar. "Ya no siento ni hambre, ni calor, ni frío ni nada, siento pura felicidad", admite Gaby para expresar cómo vive esta nueva relación. "Yo siento que Dios me escuchó, me está haciendo feliz con Gabriela, y quiero hacerla feliz hasta el último día de nuestras vida, y para eso vamos a trabajar", declara Aníbal para apuntalar esa decisión de ambos.-Aníbal Valencia Arias es padre de cinco hijos, uno de ellos residente en España, Aníbal de Jesús Valencia Zapata, y cuatro en Barranquilla, Adriana María, Aníbal Iván, Aníbal Giovanni, y César Augusto, de 23 años. También tiene dos nietos, Miguel Ángel, de cuatro años, y Valeria, de ocho meses.-Doña Gabriela tuvo cuatro hijos, dos varones ya fallecidos y dos mujeres.Para el futuro inmediato desean conseguir una parcela para cultivar las plantas que les permitan trabajar en su pasión de toda la vida: la medicina natural, la botánica. Por eso desean cualquier contribución para que puedan seguir este sueño de amor aplazado. Un nuevo y vigoroso amor otoñal




