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La ciudad china de Tangshan recuerda con dolor el peor terremoto del siglo XX

Miles de personas se reunieron hoy en el centro de la ciudad de Tangshan, que en 1976 sufrió uno de los peores seísmos de la historia, para recordar con emoción contenida aquel terrible suceso, en el que murieron más de 242.000 personas y sobre el que todavía pesan muchos interrogantes

Miles de personas se reunieron hoy en el centro de la ciudad de Tangshan, que en 1976 sufrió uno de los peores seísmos de la historia, para recordar con emoción contenida aquel terrible suceso, en el que murieron más de 242.000 personas y sobre el que todavía pesan muchos interrogantes. Entre lágrimas, los parientes de las víctimas depositaron decenas de ramos de flores junto al monumento que en el centro de la ciudad conmemora el trágico terremoto, ocurrido hace hoy 30 años y que alcanzó una intensidad de 8,2 grados en la escala Richter, uno de los más fuertes de la historia.

"A los 30 años de tu muerte, todavía sentimos el dolor, abuelo", se leía en una de las coronas de flores dejada por la familia Zheng, cuyos componentes derramaron sobre el suelo del Monumento Conmemorativo del Terremoto un poco de licor de arroz o "baijiu" y cigarrillos encendidos como ofrenda.

Con expresiones de dolor, pero sin aspavientos, decenas de personas que vivieron el terrible seísmo acudieron al centro de la ciudad para recordar el suceso, que dejó a 160.000 personas heridas y el 93 por ciento de las casas destruidas. Wu, de 79 años, perdió en aquel terremoto a su hija, su madre, su tía y una hermana: "No quiero hablar de ello, no me gusta recordarlo. Esta noche quemaré dinero en su honor", comentó a Efe el anciano, sentado lejos de las multitudes.

"Lo único que recuerdo de aquel día es que hacía un calor terrible. No se podía dormir, nos acostamos muy tarde. Poco después el mundo dio una sacudida y me vi reptando por debajo de las piedras", recordó Yan Heping, que tenía 22 años entonces y reconoce que el seísmo le dejó "un poco mal de la cabeza para el resto de la vida". Fu Baotong, que perdió a sus padres y fue adoptado "por el Gobierno" después del terremoto, tenía 10 años y recuerda haber estado en los escombros dos horas, antes de que los soldados del Ejército Popular de Liberación le salvaran. "Sólo he venido aquí a mirar durante todo el día el monumento, y a recordar", señaló, lacónico, a Efe.

Muchos de ellos, como Zhou Yue, que perdió a toda su familia, prefieren sin embargo darle la espalda a lo ocurrido y pensar sólo en "lo mucho que ha cambiado Tangshan, lo bien que se ha desarrollado". Al lugar conmemorativo acudieron también jóvenes y niños de Tangshan que reconocieron no saber "nada de nada" del terremoto, pues sus familias "nunca hablan del tema".

Otros chinos de diversas partes del país viajaron hoy a Tangshan para depositar sus ofrendas. El peregrino más excéntrico fue Men Guolin, un hombre que recorrió 300 kilómetros en monociclo y con un cartel encima de su casco en el que podía leerse "en recuerdo por el terremoto". Jubilados procedentes de Shaanxi (provincia china donde en el siglo XVI se produjo el peor terremoto de la historia, con 830.000 muertos) también viajaron a Tangshan, pero la policía no les dejó entrar en ningún lugar donde querían hacer ofrendas.

Y es que la nota negativa la puso el Ayuntamiento de Tangshan, que prohibió el acceso de la prensa extranjera a los actos oficiales, y a media mañana de hoy desalojó con empujones a las miles de personas que se habían dado cita en el centro de la ciudad. Gritando a personas que rezaban al pie del monumento, los policías retiraron todas las ofrendas, acordonaron el centro, y convirtieron Tangshan en una urbe en estado de sitio para que los líderes comunistas locales presentaran sus respetos al monumento.

El seísmo de Tangshan causó una enorme mortandad porque se produjo cuando casi todo el mundo dormía, y también debido a que los cimientos de los edificios de la ciudad no estaban preparados para un temblor como aquel, pues la zona no se considera de alta actividad sísmica. Algunos sismólogos avisaron semanas antes de una intensa actividad geológica, pero las autoridades hicieron caso omiso.

El gobierno chino ocultó la gravedad del terremoto durante días al resto del país, lo que algunos interpretan como una estrategia de Mao Zedong para que el seísmo no fuera considerado un "castigo divino" a sus desatinos durante la Revolución Cultural (1966-76). China, aislada y cerrada en 1976, rechazó además las ofertas de ayuda internacional, que podrían haber salvado miles de vidas, y no reveló la cifra de muertos hasta 1979, tres años después.

Pekín sigue sin reconocer los errores cometidos en ese desastre, y los ha repetido en emergencias de décadas posteriores (encubriendo la gravedad de la epidemia de neumonía atípica, casos de gripe aviar y de SIDA). En el monumento conmemorativo de Tangshan, una inscripción reza: "Los grandes cambios en la ciudad muestran que el Partido Comunista y el sistema socialista son superiores".

La ciudad de Tangshan, un núcleo industrial hace 30 años, es hoy día un área urbana de más de 7 millones de habitantes, cuatro veces más que en 1976, lleno de comercios y que se diferencia de otras localidades chinas por la práctica ausencia de edificios altos.

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