La NASA recurre al pasado con la mirada puesta en el futuro
Estados Unidos pondrá nuevamente un hombre en la Luna en la próxima década con una nave diferente a los actuales transbordadores, y muy parecida a las cápsulas Apolo con que coronó su dominio del espacio a fines del decenio de 1960 y durante el de 1970.
Estados Unidos pondrá nuevamente un hombre en la Luna en la próxima década con una nave diferente a los actuales transbordadores, y muy parecida a las cápsulas Apolo con que coronó su dominio del espacio a fines del decenio de 1960 y durante el de 1970. Esas naves, al contrario de los transbordadores que planean como un avión al regresar, volverán utilizando paracaídas como las Apolo que realizaron seis viajes a la Luna. La misión inicial de aquellas naves, la de la Apolo 11, convirtió a Neil Armstrong en el primer hombre que pisa la Luna, el 20 de julio de 1969. "Aprovechando lo mejor de Apolo y de la tecnología de los transbordadores, la NASA creará un sistema de exploración que será asequible, versátil y seguro", afirma la agencia espacial en su página de internet. Esas condiciones son un imperativo después de los problemas de seguridad que han sufrido los transbordadores (incluyendo la tragedia del Columbia hace tres años) y las limitaciones financieras que han obligado a reducir los objetivos de exploración científica de la NASA. El nuevo sistema de las futuras naves forma parte de la "Visión para la Exploración del Espacio" que el presidente George W. Bush enunció hace dos años y que, además de la Luna en 2018, incluye viajes tripulados a Marte en las próximas décadas. Aunque parecidas a las cápsulas Apolo, esas naves que constituirán la nueva avanzada estadounidense en el espacio serán tres veces más grandes, podrán llevar y traer cuatro astronautas desde la Luna y contarán con una tripulación de seis personas para las futuras misiones a Marte. También continuarán el relevo de ocupantes y el avituallamiento de la Estación Espacial Internacional (ISS) cuya construcción quedó detenida tras la tragedia del Columbia. La nueva nave desplegará en el espacio paneles solares que le proporcionarán energía y tanto la cápsula misma como el vehículo encargado de alunizar utilizarán metano como combustible para sus motores. Según explica la NASA, se ha pensado en el metano ante la posibilidad de que en el futuro se utilice ese hidrocarburo como combustible espacial debido a su abundancia en la superficie marciana. Al igual que los transbordadores, que serán retirados del servicio al concluir la década actual, las nuevas naves podrán reutilizarse al menos 10 veces. Según indica el sitio de la NASA, después de que los paracaídas aseguren su lento descenso ya sea sobre tierra o mar, las naves serán puestas nuevamente en servicio una vez sustituida la defensa contra la fricción atmosférica. Con esta nueva nave los astronautas podrán permanecer inicialmente entre cuatro y siete días en la Luna y, al contrario de las naves Apolo que debían descender cerca del ecuador lunar, la cápsula tendrá bastante combustible como para asegurar un regreso seguro a la Tierra desde cualquier punto. Sin embargo, los planificadores de la agencia espacial estadounidenses están pensando en programar el próximo sitio de descenso lunar en las cercanías del polo sur, debido a que se cree que allí existe hidrógeno en las moléculas de agua congelada, así como abundancia de luz solar necesaria para los paneles. Más en el futuro y una vez instalados los primeros puestos lunares, las tripulaciones podrán permanecer en el satélite natural de la Tierra hasta seis meses sin necesitar otra nave en órbita lunar como ocurría con las misiones Apolo. Lo mejor de todo, según el informe de la NASA, es que los sistemas de lanzamiento de la nueva nave serán "10 veces más seguros que los transbordadores" porque contarán con un cohete de escape si surgen problemas graves en la partida. Por otra parte, habrá pocas posibilidades de que los trozos que se desprendan de los motores provoquen daños graves por cuanto la cápsula irá instalada en la parte superior del cohete, como las Apolo. La tragedia del transbordador "Columbia" fue causada el 1 de febrero de 2003 por el desprendimiento de un trozo de loseta aislante que perforó un sector del ala izquierda de la nave. Sus siete tripulantes murieron cuando la nave se desintegró al término de una misión de 16 días dedicada a la investigación científica.




